"Todo monumento es antidemocrático por definición, una manera de decir: «Es de los míos»"
El historiador Daniel Rico reflexiona en el monasterio de Pedralbes sobre la convivencia con la memoria incómoda
Barcelona¿Qué hacemos con los monumentos, sobre todo con los injustos? Esta era la pregunta que se formulaba este martes en la última sesión de la temporada de los Diálogos de Pedralbes, que se organizan en el monasterio de Pedralbes con la colaboración de el ARA, la moderación de Antoni Bassas y bajo la dirección intelectual del filósofo Daniel Gamper. Para responder al interrogante, un historiador de discurso torrencial y afirmaciones contundentes, Daniel Rico, profesor de historia del arte en la Universidad Autónoma de Barcelona y autor de un ensayo sobre el tema: ¿Quién teme a Francisco Franco? (Anagrama, 2024). Para Rico, la cuestión no es simple: "Esconder los monumentos en un almacén o dejarlos como están sin hacer nada son, en el fondo, dos expresiones extremas del mismo problema: no querer pasar cuentas con el pasado. Retirarlos implica sacudirte el pasado de encima; y no hacer nada es girarle la espalda. Pero si tienes un trauma, lo que hay que hacer es analizarlo y enfrentarse a él".
Antes Rico enmarcó el debate en el pulso entre la cultura patrimonial y la memoria histórica (o democrática). Esta última, según el historiador, es "la manera de relacionarse con el pasado de los países democráticos" y "no tiene nada que ver con la historia, que intenta ser objetiva, lo que no quiere decir neutral". Para Rico, la memoria no ha sustituido a la historia, sino a la "memoria nacional que hacían los historiadores orgánicos al servicio del poder". Y recordó que la cultura de la memoria se consolidó en Alemania en los años ochenta. "Afrontar la propia historia es un ejercicio difícil para los países que provienen de la cultura heroica de los estados nación. Los alemanes tardaron treinta años, y nosotros hemos tardado lo mismo con el franquismo. Cuando un país tiene un gran trauma, los que lo vivieron no hablan de él, pero los hijos tampoco, porque quieren matar a los padres. Así que son siempre los nietos los que lo acaban haciendo".
El historiador critica la ley de memoria histórica de Pedro Sánchez porque "no persigue una manifestación franquista con símbolos preconstitucionales, pero sí un escudo del archivo de Salamanca" y carga contra la política de retirada de monumentos del gobierno municipal de Ada Colau, pero también contra el proyecto de Jaume Collboni de erigir un monumento a Ildefons Cerdà. "No tiene sentido continuar erigiendo monumentos –afirma–. Cerdà merece ser estudiado y conocido, pero todo monumento es antidemocrático por definición, una manera de decir: «Es de los míos». Cerdà era más bien de izquierdas; si no, Collboni no lo habría propuesto".
Aunque no le gusta la expresión, Rico es partidario de resignificar los monumentos, y pone como ejemplo la intervención que se hizo en Italia de la Casa del Fascio de Bolzano, el relieve escultórico de exaltación fascista sobre el cual un historiador y un artista proyectaron la famosa frase de Hannah Arendt: "Nadie tiene el derecho a obedecer". "Lo desautoriza y a la vez genera debate –celebra el historiador–. Es una intervención reversible y respetuosa con el documento histórico". El instinto periodístico de Antoni Bassas se manifestó en forma de pregunta: "¿Y con el monumento a Colón, qué harías?" Rico bromeó –o no– con la opción de ponerle un sombrero cónico, pero después reflexionó sobre la importancia de Colón para el nacionalismo español: "En España, los monumentos a Colón son más importantes que los monumentos a Franco, porque Colón todavía es una figura que sustenta el relato nacional español, y que se mantiene vivo en el Día de la Hispanidad".