Conciertos

Shakira pone a prueba los límites de los macroconciertos

La cantante colombiana comienza una serie de 12 actuaciones en Madrid que pueden convocar a 600.000 espectadores

19/09/2026 - 21:51 h.

MadridQuién le habría dicho a Gabriel García Márquez que en un campo de trigo que ya no se cultiva –legado de lo que en un pasado fue el distrito madrileño de Villaverde, como su nombre indica– se instalaría un recinto llamado Macondo Park. El nombre del pueblo que se imaginó el escritor colombiano en Cien años de soledad es con el que Shakira ha decidido bautizar su residencia europea en Madrid, donde se queda desde este viernes hasta el 11 de octubre, cuando pondrá punto final a la gira mundial Las Mujeres Ya No Lloran. Son un total de 12 conciertos y, solo en dos días, la colombiana ya ha cantado ante más de 100.000 personas.

Unas 55.000 personas –la capacidad diaria– la han recibido este sábado, en el que ha sido su segundo concierto. Un "Shakira" en letras rosas gigantes aparece en la pantalla del escenario. En la pista y en las gradas, cientos de móviles se encienden. Y un casi silencio se rompe de forma apoteósica cuando de golpe aparece la cantante. Acompañada de bailarinas, atraviesa el público hasta el escenario. "Buenas noches, Madrid!", exclama Shakira, que pronto arranca con clásicos como Las de la intuición, y que un público entregado no duda en cantar y bailar. Unas pulseras individuales que se iluminan y fuegos artificiales se encargan de las luces. Shakira promete "darlo todo" y parece que el público a ella también. Pronto aparece una de las referencias de su último éxito y que la ha llevado a esta gira: "No hay nada como cuando una loba se reúne con su manada". Recuerda que los últimos años "no han sido fáciles": "Me fui con una cara y he vuelto con otra", dice mientras el público la aplaude. La euforia escala canción tras canción.

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En esta residencia, la colombiana se ha imaginado y se ha hecho un Macondo a medida, y quién sabe si porque a los vecinos de este barrio periférico e industrial de Madrid también les han prometido desde hace tiempo un nuevo paisaje, que algunos temen, desde que diferentes administraciones impulsaron allí la "ciudad de la música".

¿Te sorprende el mural, verdad?220.000 metros cuadrados

El Macondo Park forma parte del recinto Iberdrola Music: unos terrenos de hasta 220.000 m2. La promotora Mad Cool Events –cuyo presidente es consejero en Live Nation España, la promotora de Shakira– es la propietaria junto con otros inversores privados, y la energética es patrocinadora. Desde que se inauguró, los eventos no han parado de crecer hasta el punto de que mientras se está instalando la residencia musical de la cantante colombiana se está desmontando el Coca-Cola Music Experience.

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Para algunos residentes de Villaverde, así como de la Colonia Marconi y Getafe Norte, barrios que hacen frontera con el recinto, los conciertos de Shakira suponen la gota que colma el vasode lo que empezó en 2023, cuando llegó el macrofestival madrileño Mad Cool: ruido por encima de los límites permitidos, un transporte público colapsado, calles cortadas, vecinos incomunicados, negocios obligados a bajar la persiana fuera del horario habitual, suciedad o el miedo a que se produzca una avalancha de personas. "Esto [la residencia de Shakira] sobrepasa todo lo que hemos visto hasta ahora", exclama una vecina de la misma asociación. Los festivales normalmente duran entre dos y cuatro días. Y avisa: "La zona no está preparada para el fenómeno fan".

Estos conciertos serán los únicos que la cantante colombiana dará en Europa. Por tanto, no es ella quien se desplaza por diferentes ciudades, sino que es el público quien lo hace. Desde Live Nation España se ha puesto el foco en la llegada de ciudadanos europeos, pero también de América Latina. "Venimos de Helsinki. Nos ha salido bastante caro, pero es la cantante de mi generación. Hemos crecido con ella", dice María (27 años). Ella y sus tres amigas han pagado 205 euros por la entrada de este sábado. Durante el concierto, Shakira no duda en lanzar un agradecimiento en inglés.

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Se prevé que en total pasen más de 600.000 personas. Este sábado, cuando todavía faltaban más de dos horas para el concierto, una cola larguísima ya se acumulaba en la entrada de pista: "Nos han dicho que ayer hubo gente que no pudo entrar". Un padre que va con su hija se lo toma con más calma: "Nos quedaremos al final de todo, donde seguro que se puede bailar", comenta sentado a la sombra junto a un grupo de desconocidos.

El escenario central y las gradas conforman un inmenso anfiteatro de color negro. A su alrededor se han desplegado hasta ocho pabellones de diferentes colores vivos y una gran zona VIP, de color blanco. Todos los pabellones tienen una programación propia horas antes del concierto: musical, literaria, artística, gastronómica, infantil y de moda. Por ejemplo, un museo Shakira, un club de lectura de Cien años de soledad o una pasarela de los diseños de Ágatha Ruiz de la Prada. Es, según define la organización, una "experiencia" bajo el paraguas de lo que la cantante entiende como cultura "latina".

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Un escaparate

Pero la colombiana no estará sola. Durante estos días la acompañarán hasta 27 artistas diferentes: Amaia, Guitarricadelafuente, Lia Kali y Yerai Cortés, entre otros. "Supongo que entra en juego el hecho de que ella [Shakira] es también un escaparate. Te tienes que dar a conocer y el mundo de la música es muy jodido". Así reflexionan dos de los organizadores del Observatorio Festival, a quienes les ha sorprendido la presencia de algunos nombres del cartel. Hace años que están vinculados al mundo del ocio musical pero desde otro formato; de entrada, de dimensiones mucho más pequeñas.

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Consideran que la "residencia artística" de Shakira no es un punto de inflexión –aunque dudan en cuanto al impacto medioambiental–, porque el modelo de los macroconciertos y macrofestivales está consolidado: "Aun así, está lleno de aristas cada vez más visibles", añaden.

"Hay macrofestivales que desbordan las capacidades físicas y mentales de su público. Hay festivales de escala humana y festivales sobrehumanos", reflexiona el periodista Nando Cruz en el libro Macrofestivales: el agujero negro de la música. Recientemente, la proliferación de estos grandes eventos ha ido de la mano de quejas de muchos de los asistentes por la sensación de estar en una lata de sardinas, la calidad de la música, el precio de las entradas, el coste de la comida y la bebida en el interior –en la residencia de Shakira un vaso de agua vale 6 euros: 3 el agua y 3 el vaso– y la sensación de "caos".

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"En términos de rentabilidad es un negocio redondo, pero están muy vendidos. La presencia y dependencia de las marcas es muy fuerte", reflexionan desde el Observatorio Festival. En el mapa del recinto esto se traduce en el hecho de que cada uno de los pabellones lleva el nombre de un patrocinador. Por ejemplo, el espacio Ouigo, Disney o Boss Perfums. En este último caso, el público podía hacer cola para dejar su firma en un panel. "Venden a más que a un concierto. ¿O pagas 100 euros por entrar a ver a Shakira desde una pantalla a 200 metros?".

Problemas de movilidad

Fuera del recinto, la organización también se ha hecho el entorno a medida. "Por este camino asfaltado, que antes era un camino de tierra por donde no podían pasar los coches, íbamos en bici para llegar a Getafe. Ahora sirve para el staff", indican los vecinos. También denuncian que se han talado algunos pinos blancos. Los que quedan convivirán estos días con palmeras gigantes.

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El Ayuntamiento de Madrid ha establecido un plan de movilidad aunque desde el barrio se ve insuficiente. También por parte del Ayuntamiento de Getafe. La zona solo tiene una parada de tren de Cercanías y el metro más cercano está a media hora a pie o a diez minutos en autobús. Cuando se corta el paso –no pueden entrar ni salir durante las horas de mayor afluencia–, los taxis y los VTC que esperan al público a la salida del concierto toman el protagonismo de la calle. "Quizás vas al supermercado y cuando quieres volver ya no te dejan entrar", denuncia un vecino.

"Durante los ensayos ya la hemos tenido [la música] dentro de casa", lamenta Gemma, que asegura que las emisiones sonoras sobrepasan lo que está permitido. Stop Festivales Villaverde ha llevado ya la batalla a los tribunales por la vía penal. "No podemos ir por la vía administrativa como ha pasado contra el Santiago Bernabéu [...] No podemos pagar grandes abogados", explican riendo algunos miembros de la organización.

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Algunos vecinos temen que los negocios del polígono que en días así pierden dinero y que no son compensados terminen marchándose. "Si perdemos esta industria, ¿qué nos queda? Nos dicen que esto [los festivales] quizás da trabajo [...] Miseria, dan mucho dinero a Madrid, quizás a los hoteles, pero mal repartidos", asevera Gemma, que recrimina que ni siquiera afecta a los pocos comercios del barrio. "Como mucho pueden ir al Burger King una vez salgan porque es lo único que está abierto". También relatan que ante sus quejas, las promotoras musicales les prometen en alguna ocasión entradas gratis o, incluso, trabajo: "A nuestros hijos, de camareros o para guiar los coches y asistentes".

¿Otras opciones?

Para los organizadores del Observatorio Festival, hay otros modelos de los cuales todo el mundo puede disfrutar, "pero no a esta escala", advierten. El problema, dicen, es que a las marcas "no les interesa" patrocinarlos porque es menos rentable. "Es una paradoja cuando hay gente cada vez más interesada [...] Al final, dependes mucho de las subvenciones públicas, que por suerte existen, pero no están aseguradas", lamentan. Tienen un presupuesto pequeño, buena parte del cual paga salarios.

"A mí la música me gusta, y a muchos vecinos. Y seguro que muchos querrían ver a Shakira u otros conciertos. Pero pienso que por principios no iré; y a la vez, qué sacrificio no poder disfrutar de tu artista. Es complicado. Lo que queremos es que se hagan en lugares habilitados. Y si te tienes que mover más no te debería importar si lo que quieres es ver a tu cantante favorito", concluye Gemma, que no esconde un cierto pesimismo: "Esto no es cultura, es negocio [...] Estamos vendidos". Mientras el encaje no llega, los macrofestivales y macroconciertos parecen haber asumido la tesis de un crecimiento sin fin.