El amor en el laboratorio de Andy Warhol
Àlex Rigola lleva Shakespeare a los ambientes más liberados del Nueva York de los años 70
Fábrica (Sueño de una noche de verano)
- Adaptación, dirección y diseño de luces: Àlex RigolaIntérpretes: Muntsa Alcañiz, Nil Cardoner, Elisabet Casanovas, Biel Duran, Oriol Genís, Roger Julià, David Menéndez 'Boye', Jordi Oriol, Francesca Piñón, Jordi Rico, Toni Sevilla i Lluís VillanuevaHeartbreak Hotel Teatre (Hasta el 31 de julio)
El recurso de utilizar un título conocido como reclamo en propuestas que giran alrededor de obras populares es legítimo, pero en el caso de este Sueño de una noche de verano pienso que es, sobre todo, un acto de honestidad y de reconocimiento de que la dramaturgia de Àlex Rigola es deudora del genio de Shakespeare y de la excelente traducción de Salvador Oliva, a pesar de que de uno y de otro quede muy poco. Poco, pero fundamental. Porque lo que ha imaginado Rigola es una performance dinámica, jovial, atrevida y, a la vez, muy delicada sobre el amor, uno de los temas –quizás el principal– de la comedia de hadas del gran bardo.
Y no cualquier amor, porque los jóvenes amantes que huyen de Atenas para disfrutar del amor en el bosque (Hermia, Helena, Lisandro y Demetrio) son aquí dos parejas veteranas a quienes dan vida de manera magistral Muntsa Alcañiz, Oriol Genís, Xesca Piñón y Toni Sevilla desde una admirable y quieta senectud. Maravilloso contrapunto del alocado y musical juego de las hadas comandadas por Oberon/Andy Warhol (Lluís Villanueva). Los cuatro enamorados entran en el mundo de la Factory y Rigola identifica los personajes habituales del famoso laboratorio creativo neoyorquino con los de la obra de Shakespeare. Así, un Puck (enérgico David Menéndez) que rapea con aires de Freddie Mercury es también Gerard Malanga, colaborador imprescindible de Warhol; Titania (Biel Duran) es también el famoso fotógrafo de Warhol, Billy Name; los artesanos de la comedia que preparan una obra de teatro son un grupo de rockeros de los setenta que evocan la Velvet Underground y que acompañan la velada con clásicos del género. Todo ello, es verdad, un poco enredado si no te lo explican.
La fidelidad al original es absoluta en las palabras de estos amantes de edad provecta que deambulan con bata de dormir y, muy a mi parecer, no lo es tanto en el resto de personajes, modificados por una dramaturgia que convoca también a los tótems de la contracultura de los años sesenta y setenta en Estados Unidos (Truman Capote, Lou Reed, Bob Dylan, Allen Ginsberg...). Muchos personajes y doce intérpretes en el pequeño escenario del teatro. Una aventura escénica atrevida, muy bien dirigida y rematada con un brillante juego amoroso de los amantes.