Estreno teatral

Las Huecas: "Si una temporada has recibido 200.000 euros, quizás no debes recibir la siguiente"

La compañía estrena 'Riure caníbal' en el Teatre Lliure, una parodia de las formas performativas de la extrema derecha

BarcelonaDesde que debutaron en el 2017 con Proyecto 92 en el Antic Teatre, Las Huecas –formada por Júlia Barbany, Núria Corominas y Andrea Pellejero– se han levantado como una de las compañías más interesantes y rompedoras de la escena contemporánea. Con el segundo espectáculo, Aquellas que no deben morir (2021), dieron el salto a Temporada Alta y dieron gira. Y con el tercero, De la amistad, han estado durante dos temporadas en la Sala Beckett. Ahora llegan por primera vez al Teatre Lliure con Reír caníbal, una pieza coproducida por el Centro Dramático Nacional (CDN) y que ya ha podido verse en Madrid. A partir del auge de la extrema derecha, el montaje cuestiona las formas teatrales de los políticos que utilizan discursos simplistas para ganar votos. Reír caníbal cuenta con la colaboración de Sofía Asencio y Judit Martín y estará en el Espai Lliure desde este viernes y hasta el 8 de febrero.

"Cada vez más, la clase política hace teatro. La barbarie, la violencia y el fascismo se disfrazan desde la sátira. Ante esto, queremos reivindicar nuestro sitio como idiotas de forma más o menos profesional", afirma Corominas. Con este objetivo, la compañía sitúa en el escenario a un grupo de políticas europeas de extrema derecha que se encuentran en un teatro. "Lo que ellas mismas escenifican se les va girando en contra en una especie deescape room extraño que se las acabará cargando", explica Barbany. Las protagonistas son personajes despejados de sentido, que hablan en un inglés macarrónico (la pieza está sobretitulada) ya los que solo les preocupa la identidad nacional, la pureza y la patria. "Nos centramos en denigrarlas y en que el mecanismo teatral acabe.

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A Reír caníbal el peso principal recae en el artefacto escénico, una decisión artística que generó tanto amantes como detractores en su estreno en el CDN de Madrid. "Se enfadaban porque decían que esta no es la buena manera de representar al enemigo. Un día a media función vi marchar a ocho personas. Pero también tuvimos ovaciones. No había promedio", dice Coromina. Pese a esta reacción, la compañía subraya que la prenda no está pensada para provocar ni para generar odio. "En realidad es un montaje muy catalán, con escatología, sentido del humor y autoironía. Al estilo de La Cubana y Els Joglars", destaca Barbany.

Revisar el reparto de fondos

El camino que han seguido Las Huecas durante la última década les ha permitido acceder a los principales teatros públicos catalanes –esta temporada también debían participar en el festival Zip del Teatro Nacional de Cataluña, pero al final no estarán–. Sin embargo, la compañía reivindica que la entrada a estas salas no es fácil ni igualitaria para todos los creadores. "No puede ser que el dinero público acuda sistemáticamente sólo a una parte del sector. Se debería revisar la forma de repartirlo para que no sólo recaiga en una serie de proyectos de forma reiterada, mientras que otros no tengan financiación. Si una temporada has recibido 200.000 euros, quizás no debes recibirla siguiente", reclama Corominas.

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La precariedad del sector es también uno de sus caballos de batalla. "Es difícil poder sobrevivir con propuestas que exceden los límites de lo que se considera teatro contemporáneo. No necesariamente debemos hacer espectáculos austeros, pero el contexto no siempre está preparado", lamenta Barbany. Corominas también critica el "relato meritocrático" sobre el acceso a los teatros públicos: "Es injusto, porque hay gente haciendo cosas muy buenas que quizás todavía no se han hecho un público y que también merecen una coproducción en el Lliure".