Artes escénicas

Joaquín Furriel: "En el teatro te puedes permitir amar a quien fuera odiarías"

El actor argentino estrena en el Teatre Grec 'La verdadera historia de Ricardo III', dirigida por Calixto Bieito

El actor Joaquín Furriel fotografiado en el Teatre Lliure
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BarcelonaA pesar de que Barcelona ha fulminado este miércoles el récord de calor y el escenario del Teatro Griego se encuentra al aire libre, al actor argentino Joaquín Furriel (Lomas de Zamora, 1974) no le dan miedo las altas temperaturas de la ciudad. "Estrené mi primera obra de teatro cuando tenía 13 años, el 20 de diciembre en Buenos Aires, que es como actuar aquí en julio. Siempre que actúo con calor soy feliz, es una caricia para mi alma", destaca el intérprete. Él es el protagonista de La verdadera historia de Ricardo III, un espectáculo dirigido por Calixto Bieito que se representará este viernes y sábado dentro del festival Grec. La obra llega a Barcelona después de haber pasado por Madrid y Bilbao y de haber hecho temporada y gira nacional en Argentina con una acogida muy envidiable: durante dos meses y medio, el espectáculo se pudo ver de miércoles a domingo en el Teatro San Martín, que tiene una capacidad de 950 personas. Agotaron todas las entradas.

Después de trabajar juntos en La vida es sueño (2010), Furriel y Bieito se reencontraron el año pasado a raíz de una propuesta del intérprete. Con una intensísima agenda audiovisual –durante muchos años Furriel ha formado parte de diversas telenovelas argentinas que le han hecho muy conocido sobre todo en su país–, el actor buscaba algún proyecto lo suficientemente goloso para hacer una pausa de los rodajes y volver a disfrutar del teatro. "Leí Ricardo III de Shakespeare y me pareció una farsa sobre la crueldad. A través del humor, podía convertirla en una obra catártica sobre todo un seguido de cosas que me angustian y que no sé dónde colocar. Por ejemplo: la violencia, la idea de enemigo, el autoritarismo, la negación del pasado, la subestimación de los derechos humanos, el hecho de asociar la sociedad del bienestar con una utopía ridícula", enumera Furriel.

Una escena del espectáculo 'La verdadera historia de Ricardo III'.

El director enseguida se subió al carro y pusieron hilo a la aguja en una versión de Ricardo III que se ancla en la contemporaneidad y que incluye el documental de la BBC sobre la aparición del cuerpo del rey en 2012. "Aquella hallazgo desmantela la idea de que Ricardo III era un personaje físicamente monstruoso. La joroba la lleva dentro. Tiene una maldad que nadie avalaría", subraya el actor. Precisamente, el gran reto de cada función es conseguir que el público conecte con este protagonista, a pesar de que sus comportamientos sean abyectos. "Es lo que más me fascina del teatro, la capacidad de apertura y de llevar al espectador hasta lugares espantosos. Aquí te puedes permitir amar a quien fuera odiarías. Es un oasis sin moralidades ni corsés, existe para hablar de emociones primarias y de todas las sutilezas que las acompañan", defiende Furriel.

Políticos en estado senil

El espectáculo huye de establecer vínculos directos entre dirigentes políticos concretos y el protagonista de Shakespeare, pero sí que teje una reflexión sobre las figuras que actualmente gobiernan el mundo. "En la política actual, con líderes de más de 75 años, a veces cuando los oigo hablar tengo la sensación de que algunos de ellos están seniles. Nosotros hemos planteado un Ricardo III más joven, que desea matar a todo el mundo y gobernar el mundo porque cree que puede competir de igual a igual con los que están reinando", dice el intérprete. En este sentido, la obra plantea "cómo cada vez somos más endogámicos y vivimos en tiempos de crispación", en sociedades "donde o estás a favor de una causa o eres el enemigo".

El vehículo para llegar ahí es un texto cargado de humor y de una fuerte exigencia física, especialmente para Furriel, que entiende la preparación interpretativa como un acontecimiento deportivo y sigue una serie de pautas para cuidarse el cuerpo, pero sobre todo la voz. "El Calixto tiene una manera de trabajar con las pulsiones y con la emocionalidad física que hace que lo que pase arriba del escenario solo pueda pasar allí –señala el actor–. Si hiciera aquí alguna de las cosas que hago en el espectáculo, la gente de nuestro alrededor muy probablemente llamaría a un psiquiatra convencida de que estoy sufriendo un brote psicótico".

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