Séverine Chavrier en el TNC: imponer la forma sobre el contenido
Con 'Absalon, Absalon!, la directora francesa presenta una propuesta con imágenes poderosas, pero que hizo desertar a buena parte del público
- Adaptación y dirección: Séverine Chavrier
- Intérpretes: Pierre Artières-Glissant, Nicolas Avinée, Daphné Biiga Nwanak, Jérôme de Falloise, Adèle Joulin, Jimy Lapert, Armel Malonga, Hendrickx Ntela, Laurent Papot, Christèle Tual, Kevin Bah 'Ordinateur'
- Teatro Nacional de Cataluña. 5 de marzo de 2026
La directora francesa Séverine Chavrier, a la que conocimos hace cuatro años con Ylos nuevos donde olvidara (la adaptación deEl horno de cal de Thomas Bernhard), ha vuelto al Teatre Nacional de Catalunya. Y lo ha hecho con una adaptación muy libre de una de las obras más celebradas pero también de las más complejas de William Faulkner, ¡Absalon, Absalon! Faulkner narra el ascenso y caída de Thomas Sutpen, un niño pobre del Misisipi de principios del siglo XIX que alcanzará la riqueza y se convertirá en un tirano esclavista en busca de reconocimiento social.
A raíz deYlos nuevos donde olvidara, escribí: "La propuesta de Chavrier abunda radicalmente en la tendencia de cierto teatro contemporáneo de imponer la forma sobre el contenido y de alimentar, podríamos decir enriquecer según cómo, la propuesta escénica con recursos visuales de alta tecnología cambiando tanto la experiencia del espectador como la de los intérpretes, a menudo convertidos en muñecos". Esta afirmación es perfectamente aplicable a la nueva propuesta de Chavrier, tanto en lo que se refiere a la puesta en escena como por la reacción de buena parte del público. Como ocurrió entonces, varios espectadores desertaron en la primera o en la segunda pausa de una función de más de cinco horas que, sin embargo, recibió un fuerte aplauso de quienes permanecían en la platea de la Sala Gran.
Si la novela de Faulkner resulta exigente para un lector avezado —hasta el punto de que muchas de las ediciones se acompañan de una guía sobre los personajes y de un plano de la mansión—, la adaptación de la directora francesa echa por el derecho ofreciendo una especie de rompecabezas disperso y espectadores, conocedores o no del original.
Queda el despliegue tecnológico y un trabajo físico impresionante de los intérpretes. El directo se esconde. Todo se proyecta en una gran pantalla que oculta las habitaciones de la mansión donde ocurre la acción. La banda sonora golpea con un abanico de texturas (Armel Malonga) y no pocas veces tapa la voz de los intérpretes, a pesar de ir amplificados. Ciertamente existen imágenes poderosas, de gran plasticidad. Hay un maravilloso trabajo técnico. Hay momentos de bastante dramatismo. Hay escenas de baile con energía brutal. Al final, queda clara la denuncia del racismo, las perversiones de la guerra y una serie de poderosos estímulos audiovisuales.