Las bromas traen agua

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La viñeta de Manel Fontdevila del 11 de octubre en el ARA.
24/10/2026 - 19:04 h
Antoni Batista, periodista, doctor en ciencias de la comunicación y músico, es el Defensor del Lector del diario ARA

Según un dicho catalán ancestral, “las bromas traen agua”. Es semánticamente interesante porque juega con las dos acepciones de la palabra broma: la meteorológica, que equivale a niebla, y la jocosa, en el sentido de que pueden hacer llorar o, más ampliamente, ser desagradables o tener consecuencias negativas. Veamos cómo aplicamos el refrán a dos correos que he recibido, referidos ambos a un diario del mismo día.

La lectora Marta Pujol me escribe: “Tengo la duda de si he captado realmente el sentido de la viñeta de Manel F. en la página 4 del diario de hoy 11 de octubre. De entrada me he sentido indignada e insultada porque me ha parecido que se mete en el mismo saco a los islamófobos, a la ultraderecha y a los independentistas. Me confieso independentista, pero estoy muy lejos de alinearme con las tesis de AC, PP y Vox y en ningún caso otorgarles mi voto. Repito, quizás he hecho una mala interpretación del chiste, en todo caso agradecería una aclaración por parte del dibujante”.

Por su parte, el suscriptor Jaume Molsosa hace referencia a una viñeta del cómic de Elva Lombardia en la página 23 del Ara Diumenge del mismo día 11. Dice: “Se ve cómo una mujer encaja la cabeza de un hombre en la taza del váter mientras lanza un pensamiento. Es una escena de violencia que, mostrada a la inversa (un hombre encajando la cabeza de una mujer en el váter), levantaría, seguro, la protesta airada de alguna observadora. Esta, la violencia ejercida por una mujer contra un hombre, ni que sea de broma, es un recurso que cada vez es más frecuente en los medios audiovisuales. Creo que deberíamos reflexionar sobre ello”.

El cómic de Elva Lombardia de la edición del ARA del 11 de octubre.

Al ser el humor gráfico una cuestión del periodismo de opinión muy bien protegido por la libertad de expresión, entiendo que este Defensor puede liberar a los autores. He pedido, sin embargo, a Manel Fontdevila si quiere decir la suya, dado que la lectora le pide una aclaración. Él, muy gentilmente, ha respondido:

“En general no me gusta explicar el sentido de los chistes, porque es la manera de que pierdan ya cualquier punta de gracia que puedan tener. No sé muy bien qué responder a la lectora. Entiendo que los personajes que preguntan si votar independentista, islamófobo o a la ultraderecha a Sílvia Orriols son votantes de Aliança Catalana, y lo preguntan precisamente porque el partido ha decidido no presentarse a las generales. Y AC, a mi parecer, sí que mete en el mismo saco independentismo, islamofobia y, eso sin reconocerlo abiertamente, ultraderecha. Si la lectora no es seguidora de AC, pues el chiste no habla de ella y, por tanto, no debe preocuparse. Que los independentistas de AC sean islamófobos no significa en ningún caso que todos los independentistas lo sean.

Quizás no me expliqué lo suficientemente bien con el chiste –prosigue– y lamento si hay más gente que se ha sentido confundida. En mi defensa quiero decir que hace muchos años que hago chistes, en el ARA y en otros lugares, y nunca he jugado la carta de considerar el independentismo un movimiento racista o supremacista, aunque es un argumento bastante habitual en según qué entornos. Creo en el derecho a la autodeterminación de los pueblos y el independentismo es, pues, un movimiento del todo legítimo.

Una cuestión diferente es que –concluye Fontdevila–, en los últimos años, dentro del independentismo haya gente abiertamente racista, una corriente lamentable que me horroriza pero que tampoco puedo hacer ver que no existe. La idea de estos chistes es denunciarlo, de hecho”.

El humor gráfico, queda dicho, es una parcela del periodismo de opinión, y como tal está constitucionalmente protegido. Y diría que lo está doblemente, porque maneja dos lenguajes, el verbal y el visual, y, para rematarlo, en un código humorístico más allá del realismo que permite el juego de forzar los límites. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) afirmaba en una resolución de 1976 que la libertad de expresión también protege las ideas que “ofenden, escandalizan o molestan al estado o a una parte de la población”. El mismo ente, en un procedimiento de 2007, consideraba que “la sátira es una forma de expresión artística y de crítica social que, por sus características inherentes de exageración y distorsión de la realidad, tiene como finalidad natural provocar y agitar”.

El humor gráfico tiene una larga y rica tradición en nuestro país, remito a los estudios del doctor Josep Maria Casasús, maestro y compañero en el ARA, autor de Periodismo irónico (2000), y anoto la monografía Revistas de humor en Cataluña, 1972-1992, de Joaquim Roglan, publicada por el Colegio de Periodistas. Si acercamos el zoom a la Transición, la revista Por Favor fue secuestrada en cinco ocasiones, y dos Hermano Lobo. Para los anales de la hemeroteca, no debo dejar de mencionar la referencial revista La Esquella de la Torratxa, que entre 1872 y 1939 acogió en sus páginas controvertidas y polémicas a creadores tan excelentes como Pere Calders, Antoni Clavé, Juan Gris, Joan G. Junceda, Apel·les Mestres, Isidre Nonell, Ricard Opisso, Picasso, Tísner (Avel·lí Artis-Gener)... Con una larga retahíla de procesos judiciales, censura y multas.

El ilustre gremio de los dibujantes –palabra admitida por el IEC– las ha visto de todos los colores y, con su forzar la libertad de expresión hasta sus límites, no solo ha sufrido represiones administrativas y penales, sino que también ha sufrido atentados como los de El Papus, un muerto y diecisiete heridos, en 1977, y el de Charlie Hebdo, doce muertos y once heridos, en 2015. A veces, la defensa del lector debe apelar a su comprensión de serlo por elevación, defendiendo la libertad de expresión en sus zonas más expuestas, donde el agua de las bromas puede convertirse en una dana de tristes actualidades.

No seré yo ahora quien enmiende ni a Fontdevila ni a Lombardia, que en el cómic que comentamos hace justamente una reflexión sobre su oficio, pero entiendo y agradezco los comentarios de Marta Pujol y Jaume Molsosa, que nos deben hacer reflexionar desde su tono tan afable, y el Defensor debe dar voz pública a sus comentarios y debe tener cuidado tanto de velar por no meter en el mismo saco todos los colores del independentismo –y en general de cada idea política de amplio espectro– como de observar con respeto cualquier tipo de sensibilidad de género. La recientemente presentada (19 de mayo) Guía de periodismo inclusivo. Perspectiva de género interseccional en la construcción de mensajes mediáticos, impulsada por el Instituto de las Mujeres, adscrito al Ministerio de Igualdad, será útil en debates sobre el tema. Lucía Quiroga, autora del texto, hacía referencia durante la presentación a la “regla de la reversibilidad”, segundo capítulo interesantísimo, con incisos sobre el humor, que suscita “un ejercicio sencillo que plantea preguntarse si un tema, un titular o un enfoque serían igualmente válidos si el sujeto de la información fuera un hombre. Si al invertir el género la formulación resulta ridícula o improcedente, la cuestión también es improcedente si el sujeto es una mujer”.

POST SCRIPTUM. La rigurosa actualidad del cambio de hora hace que me apresure a consignar la crítica del lector Lluís Felipe Lorenzo García sobre el titular del pasado miércoles “Vuelve el horario de invierno, con una hora más de sueño”, que “excluye seguramente a más de un millón de catalanes de todos los Países Catalanes que trabajarán durante la noche”. Tiene toda la razón y habrá que ver si, como también apunta el lector, los que trabajen cobrarán la hora extra; me consta que hay quienes no la cobran.

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