El Barça, Julián Álvarez y los efectos de un modelo basado en el miedo
El temor a reforzar a un rival directo condiciona y encarece los fichajes en la Liga en comparación con competiciones como la Premier
BarcelonaTras el fichaje exprés de Anthony Gordon en los primeros días del mercado de verano, el Barça realizó una primera ofensiva por Julián Álvarez. Pero mientras el Newcastle aceptó de buen grado los 70 millones fijos más 10 de variables que ofrecían los azulgranas, los colchoneros consideraban que la oferta inicial de 100 millones por el delantero argentino era insuficiente. La entrada en escena del Real Madrid y la oferta pública de 150 millones por Julián no dejan de ser parte del teatro del fútbol, a medio camino entre un gesto de cara a la galería del flamante reelegido presidente Florentino Pérez y la intención merengue de encarecer el fichaje para que si la Araña acaba en Barcelona, sea al precio más elevado posible.
Pero esta lucha a tres bandas entre Barça, Madrid y Atlético por un mismo jugador va más allá del aspecto económico y se enmarca en un modelo de negocio que a LaLiga le gustaría cambiar. Las reticencias entre los grandes equipos a la hora de comprar y vender futbolistas entre ellos contrasta con lo que pasa en competiciones como la Premier League inglesa, donde es habitual que las estrellas vayan de un club a otro pero sin moverse necesariamente de país. Dicho en otras palabras, no hay tanto miedo de reforzar al rival, porque en el fondo se utilizarán esos dinero para reforzarse con un jugador que se marcha de otro oponente, y así sucesivamente. Basta con mirar el ranking de fichajes ingleses del 2025: de las 20 transacciones más caras, 10 se hicieron entre clubes de las Islas Británicas, con el fichaje de Alexander Isak por el Liverpool (150 millones de euros pagados al Newcastle) como el más caro de todos.
El problema surge cuando son los clubes europeos los que quieren pescar en Inglaterra, ya que este intercambio constante de traspasos en territorio británico –algunos de los cuales, más pensados para cuadrar el balance contable que por razones deportivas– ha derivado en un mercado alcista. En la Premier, pues, los 70 millones que el Barça ha pagado por Gordon son razonables. Sin embargo, en el entorno culé se preguntan si esta inversión realmente está justificada.
, ya que de entrada quedas bien reforzando a un equipo que no compite contigo por el título; y si al final este futbolista se revaloriza, siempre se puede repescar o cobrar el correspondiente porcentaje de una venta a terceros.
También tiene dificultades para fichar el Real Madrid, aunque los blancos han utilizado una fórmula diferente para ganarse la complicidad de los clubes de la zona media-baja de la Liga. Sabiendo que el talento formado en la cantera madridista raramente tendrá un lugar en el primer equipo, Florentino y los suyos han tejido una red notable de cesiones y de ventas a bajo coste entre los clubes de Primera. Un win-win, ya que de entrada quedas bien reforzando a un equipo que no compite contigo por el título; y si al final este futbolista se revaloriza, siempre se puede repescar o cobrar el correspondiente porcentaje de una venta a terceros.
Poco dinero global para fichar jugadores
Ahora bien, este modelo no convence a Javier Tebas, que preferiría un mercado de fichajes en efervescencia, con muchas más operaciones y a un precio más elevado. Al presidente de la patronal, que vela por un cumplimiento estricto del fair play, le gustaría que, ahora que se lo puede permitir, el Barça comprase talento a un club de la Liga a un precio alto, que este club usase el dinero para reforzarse con alguien del equipo de un tercer club estatal y, así, completar una rueda que dinamizase la competición y la hiciese crecer económicamente.
El problema, y aquí es donde el modelo de la Premier vuelve a ser un escollo, es que la competición española arrastra problemas endémicos, como la comercialización de los derechos televisivos. Aunque sea la Liga quien los cobre de manera conjunta, el reparto entre los clubes no es equitativo, por lo que son Barça y Madrid, seguidos del Atlético de Madrid, los que reciben una parte mayor del pastel. La mayoría de clubes tienen poco dinero en caja y cuando un club extranjero quiere fichar una estrella emergente, tienen muy poco margen de maniobra. A corto plazo, resulta que hacen más caja sin reforzar a un rival directo. A la larga, se encuentran que no pueden sustituir esta pieza clave en el terreno de juego, sea porque el rival local no quiere vender o porque el talento está en el extranjero y el precio es inasumible.
A la espera de saber qué pasa en el Mundial, y de si algunos jugadores se pueden devaluar o revalorizar, el Barça seguirá insistiendo por Julián. El hecho de que el Atlético esté en manos del fondo de inversión Apollo puede facilitar las cosas, siempre que la oferta –que puede ser con dinero y algún futbolista a cambio– sea suculenta. Ahora bien, si se llega a buen puerto será por una cuestión puramente económica. Porque las ganas de Gil Marín (consejero delegado), Enrique Cerezo (presidente) o Mateu Alemany (director deportivo) de ver cómo su delantero estrella acaba jugando en el Barça son nulas. Los tres prefieren hacer tratos con otras ligas.