Los daños colaterales del nuevo crédito del Barça con Goldman Sachs

El club ha renegociado el contrato con Limak para garantizar que se acabará la cubierta del Camp Nou en el plazo establecido

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Vista de las obras del Camp Nou
08/11/2026 - 08:08 h

BarcelonaCuando dentro de unos años el Camp Nou esté terminado y funcione a pleno rendimiento, es muy probable que todos los retrasos y contratiempos que ha habido en la remodelación queden en el olvido. O que se recuerden como simples anécdotas. Pero para llegar a este extremo todavía falta mucho tiempo. Ni siquiera ahora, que se está en la teórica recta final, se respira tranquilidad en un club que no puede permitirse más demoras en este último tramo de la reforma.

El dinero es la clave de todo. El que ha prestado Goldman Sachs y que ahora quiere recuperar, con los intereses correspondientes. La acreedora estadounidense confió en el Barça en un momento de máxima complejidad, después de la pandemia y con una crisis económica de grandes dimensiones que afectaba a las finanzas del club. Lo hizo porque, en parte, la junta de Josep Maria Bartomeu ya había allanado el camino anteriormente con una primera negociación en los años 2019 y 2020, y porque creyó en el plan de negocio definitivo que le planteó la directiva de Joan Laporta en 2022. Una inversión inicial de 1.500 millones que ha resultado insuficiente y que se amplía a 1.800 después de que la masa social le diera el visto bueno en la última asamblea de compromisarios.

Ahora bien, esta ampliación del crédito no ha salido gratis. Goldman Sachs accedió de buen grado a prestar más dinero al Barça porque la financiera sabía que si el Camp Nou quedaba a medias, saldría perdiendo. Sin embargo, utilizó su posición de fuerza para cambiar las condiciones del retorno del crédito. Ahora son ellos los que se quedan el primer dinero que genera el estadio y, una vez satisfechos sus emolumentos, el resto se queda en las arcas del Barça. Un detalle que no es menor teniendo en cuenta que al menos la mitad de la temporada 2026-27 se disputará en Montjuïc, con el varapalo de ingresos que esto comporta. Dicho de otra manera, los banqueros estadounidenses se han cubierto las espaldas.

Teniendo en cuenta el contexto actual, con un Barça atractivo en el terreno de juego y con miles de turistas dispuestos a comprar entradas a precio de oro, Goldman Sachs no tiene que sufrir lo más mínimo por su dinero, aunque la cifra vaya aumentando año tras año hasta superar notablemente los 100 millones por temporada –incluyendo el capital principal más los intereses–. Quienes sufren son los miembros de la tesorería culé, que viven al límite para cuadrar unos presupuestos que dependen de la máxima explotación comercial del estadio. Y es que los más de 400 millones prometidos de facturación no llegarán hasta que las obras estén terminadas. Por eso es imprescindible que Limak cumpla escrupulosamente con el calendario fijado, ya que nuevos retrasos pueden suponer nuevas pérdidas millonarias.

Goldman Sachs ha puesto presión al Barça y el Barça la ha trasladado a Limak. De puertas afuera, la directiva no ha escatimado elogios y buenas palabras hacia una constructora turca que, ya en su día, recibió la peor puntuación técnica entre las empresas que licitaban para la remodelación. Al final, el día a día se ha impuesto. "Se ha perdido la confianza y hay preocupación por las deficiencias técnicas, la solvencia constructiva y los retrasos", admiten desde los despachos nobles del club pocos meses antes de empezar la parte más compleja de la obra: la cubierta. Desconfianza que se explica por gestos como el que ha hecho Limak, que ha pedido consejo a empresas como FCC –una de las que quedaron descartadas en el polémico concurso para adjudicar la remodelación del Camp Nou y que se encarga del Nou Mestalla– sobre cómo proceder.

No todo el mundo lo ve claro, hasta el punto de que se ha llegado a poner sobre la mesa la posibilidad de que el Barça rompa el acuerdo con Limak y termine la obra con otra constructora. Esta semana, La Vanguardia ha informado de que el club ha dado un ultimátum a la empresa turca y que ha dicho que, si no termina a tiempo la nueva tienda (enero) y el 70% de los palcos vip (marzo), prescindirá de sus servicios. A pesar de que las fuentes oficiales del Barça no quieran hacer comentarios sobre esta noticia, admiten que se ha renegociado el contrato para tener más garantías: se ha eliminado la famosa cláusula del millón diario de retraso –que el Barça raramente habría podido cobrar– a cambio de añadir otras nuevas vinculadas al cumplimiento de objetivos futuros. "Es una estrategia, una forma de recordar qué está en juego y asegurar que se cumplen los plazos", apuntan desde el entorno del presidente.

Buscar una alternativa a Limak, una opción que hay sobre la mesa

En el club sostienen que la intención es ir con Limak hasta el final y detallan que la constructora ya ha hecho el 99% de la contratación de la cubierta. Ahora bien, los precedentes pesan y por eso no se puede descartar del todo que se acabe buscando una alternativa a la empresa turca si, de acuerdo con el nuevo contrato, en primavera no lo tienen todo claro. "El vínculo Barça-Limak debía ser la puerta de entrada de la constructora en Europa. No se pueden permitir salir por la puerta de atrás, sería un descrédito importante, también para una directiva que se la jugó con esta apuesta tan arriesgada", apunta una voz crítica desde las oficinas del Camp Nou.

El calendario prevé volver a Montjuïc para poder hacer el big lift –anglicismo que define el levantamiento de la estructura de la cubierta– entre junio y noviembre de 2027. La segunda parte, taparla, se puede hacer mientras se juegan partidos. Aun así, no se volvería a jugar en el Camp Nou hasta febrero de 2028, ya que habrá que volver a habilitar el estadio –asientos, terreno de juego– y, lo más importante, conseguir los permisos del Ayuntamiento para legalizar los 103.000 metros cuadrados de la tercera gradería. Cualquier retraso sería catastrófico.

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