Con quién tenemos que ir a las elecciones de Madrid?

Informativamente, el interés de las elecciones del Real Madrid es incuestionable, pero el nivel de los dos presidenciables demuestra que el tipo de liderazgos que hay en el mundo del fútbol –allá y aquí– es muy bajo. Son señoritos llenos de privilegios con un ego desmesurado que confunde la parte con el todo. En definitiva, masculinidades tóxicas con estilos diferentes, pero con la misma esencia. De momento, quien ya ha ganado los comicios blancos por patetismo es un Florentino Pérez que se ha convertido en un ser errático que repite batallitas de hace 25 años sea cual sea el formato: rueda de prensa o bien entrevista-masaje con amigos como Iker Jiménez. Es fácil imaginarse a una criada de una excolonia cortándole la merluza en trocitos bien pequeños para que no se atragante. El contrincante, sin embargo, tampoco es un bote de champú anticaspa: Enrique Riquelme es la misma canción, pero más lejos del geriátrico.

Cargando
No hay anuncios

Afortunadamente, el Barça puede disfrutar del esperpéntico espectáculo con cierta distancia porque Florentino ha dejado de ser el aliado necesario para desbloquear problemas imposibles. Queda atrás la intervención clave de su asesor de confianza sin cargo en el organigrama (¡qué paralelismos, tú!) para poder sobrevivir. Anas Laghrari fue el facilitador de una de las famosas palancas que, en verano de 2022, allanaron el camino para incorporar a Lewandowski, Raphinha y Kounde un año después de las lágrimas de Leo Messi y el divorcio con Javier Tebas por dejar correr la Superliga. Qué bien haber enterrado todo aquello en el baúl del olvido y haberlo podido tapar bien con la manta del populismo. Ahora que los equilibrios con los enemigos han cambiado, es mucho más asequible sentarse con las palomitas y reírse de la inestabilidad cómica del todopoderoso antagonista. ¿Hasta cuándo?

Llegados a este punto, lo que más le conviene al Barça quizás es que Florentino continúe siendo el presidente del Real Madrid. Al fin y al cabo, Joan Laporta lo conoce a la perfección y tanto el uno como el otro saben relacionarse estirando la cuerda ambigua de lo que les favorece de cara a sus respectivas parroquias en cada momento. Riquelme, en cambio, es un melón por abrir y todavía puede sacudir un statu quo que al máximo mandatario azulgrana ya le está bien como está. Ya lo sacudirá más adelante, cuando la decadencia se haya apoderado completamente de la Estrella de la Muerte con el regreso de Darth Mourinho Vader, y cuando los éxitos del Barça –que un día ayudó a salvar– acaben de ahogar al emperador. Que suene la partitura de John Williams.

Cargando
No hay anuncios