Barça

El entrenador argentino de Lamine Yamal que se llamaba Leo

El técnico recuerda los humildes inicios del actual estrella azulgrana

25/07/2026 - 17:31 h.

Mataró"Caímos aquí como podíamos haber caído en cualquier otro lugar. Y después vino toda esta historia: un argentino que se llama Leo y es el primer entrenador de Lamine. Es como si ya estuviera escrito", sonríe Leo Giordanella (Cipolletti, Patagonia; 1992). Leo Messi y Lamine Yamal se cruzaron por primera vez en la final del Mundial, con victoria para la selección española y la joven estrella de Rocafonda, pero su relación está repleta de conexiones preciosas y casualidades increíbles que los unen desde hace años.

Giordanella llegó a Cataluña cuando tenía once o doce años, huyendo de los efectos del corralito con su familia: "Fue un momento triste. El país se resquebrajaba y todo se iba a la mierda. Era dejar atrás toda una vida para marchar a un país donde no conoces a nadie, pero era marchar para sobrevivir y para un futuro". Aterrizaron en el Vallès y empezó a jugar a balonmano. Después probó el baloncesto, pero jugaba al fútbol en el parque y sus amigos le insistían en que lo probara porque lo hacía bien. En aquel parque vio por primera vez a Lamine Yamal. Su padre, Mounir, se encontraba allí con sus amigos y a veces llevaba al niño. "Nos hacía reír mucho porque era como una bolita que corría todo el rato detrás de un balón. Era muy pequeño". A veces el padre de Lamine Yamal también jugaba con ellos.

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Entrenador y taxi para el pequeño Lamine Yamal

Giordanella empezó a jugar a fútbol en el CF La Torreta y poco después le propusieron entrenar la escuelita. Asumió el cargo con su pareja, Esther. Iban a los partidos con su padre o, sobre todo, con padres de niños del equipo. Eran los únicos que no tenían transporte junto con el joven Lamine Yamal: sus padres ya se habían separado y su madre, Sheila, trabajaba en el McDonald's de Granollers. Más adelante Esther se sacó el carnet de conducir y iban con su Seat León gris. Muy a menudo iban ellos dos y Lamine Yamal, con las camisetas, las botellas y las fichas en el maletero. "A Esther no le hacía mucha gracia llevar niños por si pasaba algo", rememora Giordanella.

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"Nosotros íbamos delante y él y su timidez iban detrás, a un lado. Parecía un niño de escuela bíblica: con las manos cruzadas, bien recto, sin decir nada. Le hacíamos bromas y a veces le pellizcábamos la pierna. Él reía, pero no decía casi nada. Hasta que llegó el Ai Se Eu Te Pego. Siempre cantaba esa canción. A mí me daba mucha rabia porque el cantante era un brasileño", explica. A veces le compraban la merienda.

Entonces ya era un jugador diferente. No hizo falta enseñarle a controlar, a conducir, a pasar la pelota porque ya lo llevaba dentro. "Era un show. Era increíble. Hacía gracia porque con cuatro, cinco, seis años probaba y hacía cosas de gente mayor: bicicletas, vaselinas, autopases, cambios de orientación", apunta. También imitaba a sus referentes en las celebraciones. Giordanella no ha olvidado el día que hizo la celebración de Cristiano Ronaldo. "Yo me llamo Leo, pero soy del Madrid de toda la vida. Les llevaba caramelos y golosinas porque cuando llegaran a casa dijeran que eran del Madrid. Después me venían los padres enfadados. Lo hacía por pura maldad", confiesa riendo.

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También recuerda las dificultades para hacerle entender que debía jugar en equipo. Estaba obsesionado con la pelota y no la pasaba. Giordanella explica que era un poco individualista porque estaba acostumbrado a jugar solo con los perros de su padre y con las sillas de casa y que lo dejó algún partido en el banquillo como "castigo". "No duraba mucho en el banquillo porque si el partido se empezaba a torcer un poco entraba y remontaba", admite. En el club recuerdan que cuando empezó a compartir la pelota casi valoraba más la asistencia que el gol, como ahora. La otra batalla llegaba después de los entrenamientos: no había manera de que saliera del campo. A veces la madre de Lamine Yamal le llamaba para pedirle si se podía esperar un rato con él porque tenía que salir tarde del trabajo.

El salto al Barça, otra dimensión para Lamine Yamal y Leo Giordanella

En 2014 ya dio el salto al Barça. "Me hacía mucha gracia ir a verlo porque yo nunca había ido a un sitio tan formal, tan serio, tan cuadriculado y tan organizado. Era un mundo que me chocaba mucho, un ambiente que me fascinaba", explica. Recuerda tener leyendas como Edgar Davids o Patrick Kluivert sentados al lado. "Continuaba destacando por encima de los demás a pesar de estar en el Barça", destaca. Atesora una foto de un día que lo fue a ver a la ciudad deportiva Joan Gamper y después lo llevó al McDonald's de Granollers, con su madre.

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Giordanella admite que el domingo vivió la final con el corazón dividido, "al 50%", pero confiesa que iba con la camiseta argentina y que en las horas previas del partido le envió un mensaje a Lamine Yamal. Le decía, medio en broma, medio en serio, que lo quería, pero que también quería a su país y que si marcaba un gol lo mataría.

"Es una locura. Entonces decíamos qué podía llegar a ser, pero nunca te imaginas esto. Ha sido campeón de Europa con diecisiete años y campeón del mundo con diecinueve, más todo lo que ha hecho con el Barça. Es una locura", confiesa. "El domingo se me cayeron alguna lágrima", reconoce Giordanella, en una pausa de su turno como camionero.