Los demonios se visten de azulgrana en el infierno turco
El Barça firma una nueva remontada (1-4) y sigue pletórico: diez victorias en diez partidos, la segunda en la Champions
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BarcelonaNo hay estadio ni escenario que intimide al Barça de Flick, que sonríe con una risa afilada después de contar todos los partidos de esta temporada por victorias: diez de diez, la segunda en la Champions. Tampoco el infierno turco del feudo del Galatasaray, un equipo que vive de hacerse fuerte en casa, impresionó a los azulgranas, que contestaron a los silbidos y el griterío local a base de dominar el balón y firmar una nueva remontada liderada por las asistencias de Lamine Yamal (1-4).
El Barça no tardó mucho en detectar el eslabón más débil del Galatasaray, un equipo con pólvora en la delantera, pero muy frágil en defensa. La banda derecha de la defensa, ocupada por Baris Alper, un lateral con más alma de extremo que de defensor, fue una brecha por donde Gordon y Cancelo empezaron a asomar la cabeza. También rondó portería Olmo. El egarense, que ha encadenado dos titularidades tras el regreso por el parón de selecciones, fue el encargado de ocupar el hueco de Raphinha. Casi marca el primero, después de un remate de cabeza, forzado y complicado, pero que por un instante recordó la preciosa diana que Messi hizo con la testa en la final de la Champions de 2009.
Los azulgranas dominaron de forma abrumadora durante casi la primera media hora, pero cuando parecía que era solo cuestión de minutos que los de Flick abrieran la lata, los ángeles bajaron al infierno de Estambul para aliarse con el Galatasaray. En una jugada al contraataque, precedida de una acción en la que Gordon pidió penalti, Rafael Leão, el ex del Milan, exhibió su potencia para superar a Eric y ceder un pase a la frontal que recogió Batrakov. El joven mediapunta ruso, que ha reconocido públicamente que su sueño sería jugar en el Barça, tuvo suerte porque su disparo lo desvió Cancelo después de resbalar.
Fueron los únicos minutos del partido en los que los azulgranas sufrieron de verdad. Y es que la tecnología les salvó de ver cómo el Galatasaray se escapaba en el marcador porque un fuera de juego revisado por el VAR negó el segundo a los locales. Osimhen se impuso en el salto ante unos blandos Rodri y Cubarsí a la salida de un córner y bajó un balón que Baris Alper, en posición no reglamentaria por un pie, envió al fondo de la red.
Cancelo empata a las puertas del descanso
Impulsados por el 1-0, los turcos se lo habían empezado a creer. La alegría les duró poco, porque apareció un Cancelo que regresaba a la titularidad. Silbaba y silbaba la afición local, haciendo estallar los tímpanos de propios y extraños. Mientras Pedri, con el brazalete de capitán pedía el balón y calma, reclamando a sus compañeros que volvieran a jugar al fútbol con la cabeza, llegó un empate balsámico a las puertas del descanso.
Lamine pisó la frontal y, en una acción veloz, mientras el 10 se quejaba de una falta, Olmo fue pícaro para recuperar el balón y cederlo hacia Cancelo. Si bien Gordon estaba en fuera de juego, el portugués, todo corazón, toda fe, se coló dentro del área para definir con una rosca de museo ante Çakır. Con el empate, dejaron de temblar las piernas, y Gordon y Olmo fueron los primeros en buscar encarrilar la remontada, pero las paradas de Çakır mantuvieron el 1-1 hasta el descanso.
Comienza el show de Lamine Yamal
La segunda mitad comenzó animada, con Lamine Yamal recordando por qué oposita a llevarse el Balón de Oro. Pared deliciosa con Fermín y centro marca de la casa con el exterior que Gordon no supo aprovechar. El extremo de Rocafonda volvió a hacer de las suyas acto seguido: nuevo centro, esta vez dando un beso al balón con el interior del pie para que, en el corazón del área, entrara Fermín para encaminar la enésima remontada azulgrana.
Lamine, que había estado discreto durante todo el primer tiempo, decidió que se encargaría de sentenciar la décima victoria del curso. Después de servir el segundo a Fermín, se inventó un regate de fantasía, que parecía más un paso de ballet que un regate de fútbol para, con un poco de fortuna, volver a asistir a Gordon. Esta vez, a bocajarro, el británico no falló y espantó los fantasmas que le habían negado el gol hasta entonces.
Trabajo hecho antes de la hora de partido. Flick se permitió el lujo de activar descansos y los suplentes mantuvieron la tónica competitiva. De nada le sirvió al Galatasaray intentar morder la salida de balón azulgrana, a veces confundiendo intensidad con agresividad, porque bien pronto cayó el cuarto. Un control defectuoso de Gabriel Jesus lo recogió Adeyemi para sentenciar. El infierno turco quería quemar bajo la lluvia de Estambul, pero los demonios se vistieron de azulgrana