Hansi Flick tiene razones para enfadarse
La actuación de István Kovács, que dirigió la final de la pasada Champions, y del VAR sacaron de quicio al técnico azulgrana
BarcelonaEl quinto duelo de la temporada entre el Barça y el Atlético de Madrid era el primero en competición europea y, por tanto, tenía que pasar por el tamiz de un colegiado extranjero. El italiano Roberto Rosetti, máximo responsable arbitral de la UEFA, conocedor de la dificultad del enfrentamiento, apostó por una de sus mejores cartas: István Kovács. El rumano, de 41 años, llegaba con el bagaje de haber dirigido recientemente una final de la Liga de Campeones entre el Inter de Milán y el PSG y con la intención de aplicar su libro de estilo: pitar pocas faltas, dar continuidad al juego y demorar la primera tarjeta hasta la extenuación. El criterio aplicado, sin embargo, no sostuvo el control de un partido de alta exigencia.
La acción que condicionó la eliminatoria llegó en el minuto 41. Giuliano Simeone ganó la posición a Pau Cubarsí a pocos metros del área y el central lo hizo caer con una zancadilla. Era el último defensor y el resto de compañeros no estaban en disposición real de disputar la pelota. Kovács señaló la falta, pero mostró inicialmente la tarjeta amarilla, una decisión incorrecta según el criterio disciplinario establecido. El VAR, comandado por el alemán Christian Dingert, intervino y, después de la revisión en el monitor, el árbitro de campo rectificó y mostró la roja al defensa por ocasión manifiesta de gol. La acción recuerda inevitablemente la protagonizada por Ronald Araujo en el Barça-PSG de la temporada 2023-24, en la vuelta de cuartos de final de la Champions. En aquel caso, también con Kovács como árbitro, el uruguayo fue expulsado por una acción similar sobre Bradley Barcola cuando este se dirigía solo hacia la portería.
La segunda gran acción polémica del partido llegó en el minuto 55. Juan Musso, portero colchonero, plantó la pelota en el área pequeña y la puso en movimiento con el pie. Seguidamente, Marc Pubill cogió el esférico con las manos, obviando que su compañero ya lo había puesto en juego. Una acción poco habitual, pero sancionable con penalti. A pesar de ello, Kovács optó por hacerse el sueco. La jugada tiene precedentes recientes en competiciones europeas con resoluciones diferentes –penalti en un Brujas - Aston Villa y repetición del saque de portería en un Arsenal-Bayern–, lo que evidencia la falta de un criterio homogéneo. El director de fútbol del Atlético de Madrid, el exblaugrana Mateu Alemany, argumentaba que el árbitro debía señalar porque la pelota se pusiera en juego, pero el reglamento establece que la pelota está en juego desde el momento en que se mueve claramente, sin necesidad de pitido. Por su parte, Hansi Flick estalló con esta acción. "¿Por qué tenemos el VAR? Es penalti y segunda amarilla", manifestó el alemán.
István Kovács, un árbitro superado por los acontecimientos
Más allá de las acciones concretas, la gestión global del partido evidenció dificultades para establecer un criterio disciplinario consistente. Ya en el minuto 8, una entrada desproporcionada de Koke Resurrección sobre Dani Olmo quedó sin sanción, hecho que contribuyó a elevar el umbral de permisividad en los primeros compases. El capitán del Atlético acabaría viendo tarjeta amarilla en el minuto 31 y, poco después, protagonizaría una nueva acción sobre Lamine Yamal que, sin ser claramente merecedora de segunda amonestación, sí que aumentaba la presión sobre el árbitro internacional rumano.
Kovács no logró ganarse la confianza de los jugadores y mostró dificultades para discernir qué acciones eran sancionables y cuáles no. Se ahorró amonestaciones, entre ellas una a Robin Le Normand por una zancadilla sobre Lamine Yamal. El defensor español se habría perdido el partido de vuelta en el Metropolitano. De hecho, en una de las imágenes de la noche, después de una reclamación de João Cancelo, el árbitro consultó una libreta con anotaciones propias, presumiblemente relacionadas con los jugadores apercibidos. Un gesto infrecuente a este nivel que acentuó la percepción de falta de control.
En este contexto, la intervención del VAR resultó determinante para corregir una decisión clave, pero no suficiente para sostener una actuación que no estuvo a la altura de la exigencia competitiva de un partido de este nivel.