A pesar del teatrillo electoral de Joan Laporta, en el Barça todos sabían que Robert Lewandowski tenía las horas contadas. Nunca recibió una oferta formal con cantidades concretas para renovar: como no interesaba ni deportiva ni económicamente, hacía meses que el club planificaba el futuro sin él. Una decisión lógica de Deco: es hora de reconstruir el ataque. A pesar de que los matices de la historia no engañan, la despedida del polaco ha sido higiénica, de relato impoluto y a la altura de la estrella que decide cuándo quiere marcharse. Es saludable que no haya habido reproches, sino solo lágrimas de emoción y agradecimiento. La apuesta de 2022 ha dado cuatro buenas temporadas: sobre todo la primera con Xavi y la primera con Hansi Flick. No hacía falta arrastrarse ni agonizar. Todas las partes lo han sabido hacer bien.
Fíjense si era imprescindible perder de vista a Lewandowski que con su salida se generan unos 40 millones de euros de espacio salarial. Además, da al club el impulso definitivo para volver a la famosa regla del 1:1 del fair play financiero. En la sede de la Liga, en Madrid, los comentarios son extraordinariamente optimistas en comparación con otros años: “El Barça no solo podrá fichar este verano, sino que podrá fichar bien”. ¿Todavía hay alguien que se piensa que había posibilidades de que el polaco se quedase? Mientras nos tomamos el cortado cogemos una servilleta de papel y, con el boli Bic, las cuentas se hacen solas: si el Barça ficha un crack por 100 millones y le hace un contrato por cinco años, la amortización son 20 millones por curso; con un salario de unos 20, necesitará 40 para inscribirlo. Con las matemáticas a favor gracias, en parte, a la indudable mejora de las relaciones entre el club y la patronal, ahora llega el reto de gestionar bien la anhelada normalidad.
El último fichaje que ha sobrepasado los 100 millones en el Barça es el de Antoine Griezmann en 2019, antes de la pandemia y el trauma de Messi: desde entonces el club se ha movido entre la escasez y la creatividad, inscribiendo fichajes a golpe de palancas, lesiones, avales o la maniobra con el CSD para resolver el caso Olmo. Y después de dos temporadas siendo Hansi MacGyver, Flick sueña en la Champions mientras pide un nuevo con talento para asociarse pero que, sobre todo, marque goles. Julián Álvarez, João Pedro, un tapado… y Harry Kane –en teoría fuera de órbita. Deco no puede equivocarse a la hora de dar el salto cualitativo que merece la plantilla para aspirar a ganar, de una vez por todas, la copa más preciada: la de las orejas grandes.