Hansi, esto va de poder
El permiso que el Barça le ha dado a Raphinha para desconectar en Porto Alegre después de lesionarse con la canarinha llama la atención porque sale del guion habitual. Aunque es fácil empatizar con el bajón anímico del chico, chirría mucho que un jugador que se ha roto de manera reincidente el bíceps femoral comience la recuperación lejos de la Ciudad Deportiva. Sobre todo si tenemos en cuenta que los servicios médicos del club que le paga todavía no le han podido examinar.
Es cierto que en 2026 las imágenes de las resonancias magnéticas viajan a la velocidad de la luz, pero el club azulgrana está viviendo estrictamente de la información que le ha ofrecido la Confederación Brasileña de Fútbol. También es extraño que los tratamientos no los esté aplicando un fisioterapeuta del Barça. El precedente que se ha creado es peligroso.
Es muy sencillo disparar contra Raphinha y no poner el foco en los responsables de la toma de decisiones en el Barça. La discutible necesidad del delantero de esprintar sin concesiones en un amistoso y la supuesta falta de capacidad para escuchar a su cuerpo son argumentos que tienen fundamentos en el contexto actual, con el Mundial como telón de fondo.
Sin embargo, sería injusto no añadir a la mochila de responsabilidades la manera como se han hecho las cosas para haber llegado hasta aquí. Llueve sobre mojado después de las dos recaídas de otoño y haber querido correr demasiado con las complicidades equivocadas. Raphinha ya se quejó internamente de la preparación física y del enfoque de su recuperación, cosa que provocó cambios en los readaptadores. Y ahora este pulso que vuelve a tener con el Barça acentúa la desconfianza que se acumula en el vestuario a la hora de trabajar musculaturas.
El gran perjudicado es Hansi MacGyver Flick, que como es costumbre este curso tendrá que hacer inventos en unas semanas en que el equipo se lo juega casi todo. Pero más allá de pensar en sustitutos para la niña de sus ojos, también debería dar un paso adelante en la cadena de mando para evitar situaciones como esta en el futuro. Justamente ahora que recibe presiones por tierra, mar y aire para renovar hasta 2028, debería hacerse valer para ganar peso en la gestión de todo aquello que traspasa los límites estrictos del césped.
Esto no solo va de la madurez de Raphinha ni de lidiar con las penurias del tolerado calendario surrealista de la FIFA, también va del poder que debería exigir el entrenador del Barça para desarrollar su trabajo sin obstáculos de una vez por todas. Ya iría tocando.