Barça

El joven culé que acabó a 600 kilómetros de Newcastle: "Estaba destrozado"

El ARA habla con el personal que atendió a un socio del Barça que se confundió

Arnau Segura
17/03/2026

Torelló"Es una historia increíble. Ahora será algo dolorosa, pero espero que dentro de unos años sea un recuerdo divertido y que cuando sea mayor pueda contárselo a sus nietos", asegura Adam Spencer (Exeter, Gran Bretaña; 1985). Habla de la historia, de película, del aficionado del Barça que el martes de la semana pasada confundió el estadio del Newcastle, St. James' Park, con apóstrofo, en el norte de Inglaterra, junto a Escocia, con el estadio del Exeter City, St James Park, sin apóstrofo, en el sureste: a 600 kilómetros, a seis horas y media en coche. "No podría haber elegido un estadio más alejado, ni que lo hubiera intentado", lamenta Spencer, responsable de la experiencia de los aficionados del Exeter. El equipo es decimosexto en la Ligue One, la tercera categoría del fútbol inglés.

La misma noche que el Barça jugaba la ida de los octavos de final de la Champions en el campo del Newcastle el Exeter recibía el Lincoln City. De repente uno de los voluntarios que dan indicaciones por los alrededores del estadio entró en las oficinas para explicar que había un aficionado culé que intentaba entrar en el campo con una entrada por el Newcastle-Barça. Los trabajadores de los turnos le simularon que se había equivocado de estadio. "Lo primero que pensé es que debía ser una broma. Luego pensé que sería alguien que quería grabarlo por TikTok", apunta Spencer. Se encontró a un chico de veinte o treinta años "destrozado". Encima llovía y hacía mucho frío. Le preguntó de dónde venía, pero no hablaba nada inglés. Solo decía Londres y tren. No se halló un estadio desierto porque había partido, por pura casualidad. "No sé qué pensaría cuando vio un estadio tan pequeño sin camisetas del Barça ni del Newcastle", añade. Exeter viste de rojo y blanco.

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"Le dije que se había equivocado de estadio, pero que podría ver un poco de fútbol. Le dije que seguro que preferiría ver a Reece Cole, un jugador de Exeter, que a Lamine Yamal y que tendría una noche mejor porque aquí estaría más que una para que le estaría más cerca del césped y no tenemos VAR. intentaba bromear para destensar la situación, pero él tenía la cara desencajada y estaba muy avergonzado. Sólo quería escapar de esa situación", explica Spencer. "Mirando atrás es una historia muy divertida, pero en ese momento me daba mucha pena. Quizás era la primera vez que iba a un partido de la Champions del Barça. Quizá llevaba meses, meses y meses ahorrando. Nunca sabes la situación de una persona", apunta.

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Reclamo publicitario sin éxito

Le regaló una entrada y le llevó hasta la grada. "Yo quería saber su nombre, su historia, como había llegado hasta aquí porque es una historia increíble, pero entre que no hablaba inglés y que estaba avergonzado no quise presionarle para no empeorar la situación", reconoce. Pensó que le iría a ver a la segunda parte para llevarle una taza de té y conseguir algo más de información. Pero ya no estaba. O se había cambiado de sitio o, seguramente, se había ido al descanso. Han intentado encontrarle, sin suerte hasta ahora. "Es imposible encontrarle a menos que salga él. Supongo que ha visto la historia porque ha salido en todas partes, incluso en el New York Times, pero no ha salido por la vergüenza. Ojalá en un tiempo se lo pase y salga. Sería genial encontrarlo. Sería fantástico tenerlo de nuevo en casa". Una óptica se ha puesto en contacto con el club para intentar localizarlo y convertirlo en reclamo publicitario. Nadie sabe cuándo debía marcharse, cómo debía volver, nada.

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El Exeter, un club que nunca ha ido más allá de la categoría de bron. aficionados. En el St. James' Park de Newcastle había más de 50.000 personas. 2016, y el Manchester City, un 10-1 en enero en el Etihad Stadium, con su hijo haciendo de mascota del club, pero nunca esperaba recibir al Barça.

Tenemos similitudes: no el fútbol, ​​tal vez, pero sí como clubs", asegura Spencer mientras se ríe. Cada vez que vea el Barça recordará a aquel aficionado culé anónimo que aquel martes de marzo acabó en el St. James Park equivocado: "En el mundo del fútbol hay una ley no escrita que dice que tienes que cuidar a tu gran compañero aficionado. Hay rivalidades, pero al final todo el mundo ama el juego. Es el mejor juego del mundo porque une a las personas. Historias tan maravillosas como ésta demuestran la magia del fútbol".

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