Cava, puro y Luz de Gas: así fue el fin de fiesta soñado por Laporta
El ARA desgrana los momentos clave de la campaña que sirvieron al presidente electo para revalidar el mandato
BarcelonaSacudiendo botellas de cava y fumando un puro en Luz de Gas: así terminó la noche electoral Joan Laporta después de revalidar el mandato en la presidencia del Barça. Un guiño al pasado, como si se burlara de las muchas críticas que había recibido por su manera de hacer, pero que resumía con imágenes los momentos de máxima felicidad de un dirigente que como todos tiene grandes éxitos y sombras pero que sobre todo tiene algo que le hace especial: el carisma. Nada que no sepa todo el mundo, y la principal baza de una campaña electoral corta e intensa. Si en el 2021 era favorito y ganó las elecciones con mucha solvencia, el domingo doblaba la apuesta con una paliza que sorprendió incluso a los suyos.
El presidente electo del Barça se imponía en unos comicios programados estratégicamente para el 15 de marzo, y con una campaña que llevó al terreno donde se sentía más cómodo y habiendo logrado las complicidades de algunas de las figuras más relevantes del barcelonismo. Quizás la campaña no fue perfecta, pero Laporta tenía tantos ases en la manga que ni siquiera la necesitó. El día de las elecciones se movió por la zona de votaciones como si fuera su casa. Nunca dejó de sentirse presidente pese a haber dimitido por presentarse a la reelección.
La maquinaria del núcleo duro del laportismo se puso en marcha a finales del 2025, aunque en verano ya hubo algunos cambios en el club, sobre todo en el departamento de comunicación, para preparar el terreno para unas elecciones que debían ser, a toda costa, entre el 15 de marzo y el 15 de junio. Cambiaban las rutinas del presidente y aumentaba su presencia mediática. De reojo, controlaban los movimientos de una oposición que nunca les hizo temblar.
Cambios en el equipo de campaña y en la estrategia electoral
Hace cinco años la gran puesta en escena fue la mítica lona del Bernabéu, ideada por el publicista Lluís Carrasco. El jefe de campaña lo decidía todo, desde los actos hasta el tono de los discursos. Y pese al éxito incontestable, algunas pequeñas desavenencias con el núcleo duro del presidente hicieron que prefirieran no contratar sus servicios en esta ocasión. En su lugar se formaría un comité electoral que dirigiría Maite Laporta, hermana del presidente, y en el que había gente como Gabriel Martínez, nuevo director de comunicación, y dos miembros de la máxima confianza, Enric Masip, asesor, y Jordi Finestres, responsable del relato. Cuatro asalariados que se tomarían una excedencia del Barça para centrarse en la campaña. Para evitar suspicacias, Sergi Atienza, jefe de cumplimiento del club, les recordaba que debían devolver los ordenadores y los móviles antes de irse. Se los devolverán esta semana, a medida que se reincorporen al día a día azulgrana.
No es lo mismo presentarse a la presidencia desde dentro que hacerlo desde fuera del club. Intentar revalidar el mandato pone lo más fácil, entre otros motivos porque tienes a disposición todo el aparato del club. No es nada ilegal, ni nada que hicieran en su día figuras como Josep Maria Bartomeu y Josep Lluís Núñez. Las reglas del juego estaban marcadas en los estatutos y Laporta, como buen abogado, supo llevarlas a su terreno, empezando por la fecha electoral. Querían que fuera pronto, aunque no fue hasta mediados de enero cuando se decantaron por el 15 de marzo. El siguiente paso, definir que sería Yuste quien se quedaría de presidente interino, y qué directivos dimitirían con Laporta y cuáles se quedarían en la junta provisional.
Hace cinco años Laporta adelgazó por rejuvenecer su imagen, se organizaron presentaciones perfectamente estudiadas, se velaba por el discurso y se cuidaba al detalle la puesta en escena. Esta vez Laporta tiraba por el derecho y exhibía sus dotes comunicativas sin tener en cuenta muchas más cosas, con el único consejo de jugar a la defensiva y basar la campaña en sacar pecho de la reestructuración deportiva del Barça y de la construcción del Camp Nou. De la economía, era necesario limitarse a decir que la herencia recibida fue un desastre, y que habían luchado "contra todos y contra todo". Y sobre los proyectos había que pasar de puntillas y prometer un "futuro glorioso" después de "haber salvado al Barça".
"Fuente aún no ha entendido que los socios te los ganas así"
El discurso era simple, pero no necesitó mucho más. Se trataba de hablar siempre positivo. La precampaña, con la recogida de firmas, consistía en exprimir al Laporta más mediático. "Fuente aún no ha entendido que los socios te los ganas así", apuntan desde el equipo de campaña de Laporta. Mientras los tres rivales –entonces Vilajoana y Ciria todavía estaban en la carrera– se dedicaban a criticar a Laporta ya perseguir el apoyo de Messi, él hacía meditación, servía macarrones, cortaba jamón, conducía un toro mecánico a Mercabarna y subía a un tractor. Siempre impactos positivos y debidamente registrados por un equipo de grabación que está preparando un documental.
Una vez superados los avales y confirmado el cara a cara Laporta-Font, la estrategia cambió. Laporta dejó de lado los baños de masas y se hartó de conceder entrevistas, seleccionando con precisión qué medio de comunicación atendía, siempre buscando el escenario más favorable. Sus compañeros de junta también, aunque en menor grado. Entonces ya tenían encuestas en la mano: en todas decía que ganaban, y que ganaban bien.
Los nervios de la última semana de una campaña agria
"La última semana siempre hay nervios. Ya nos ocurrió hace cinco años", apunta uno de los directivos electos. Que Xavi concediera una entrevista hablando de Messi sacudió la candidatura. Que Font subiera el tono en los debates, también. Pero Laporta es un gato que tiene siete vidas. "Lo supo darle la vuelta, convertir los ataques personales en victimismo. Y ya le fue bien, porque en el fondo fue el pretexto para presumir de los éxitos de este mandato".
La última semana fue más agria, pero los nervios se calmaron en la jornada de votaciones. Laporta marcaba el primer gol presentándose en el Camp Nou a las 9 de la mañana. Font no lo hizo hasta las 11. Las encuestas a pie de urna y el clamor popular engordaban la sensación de victoria, y la confirmación llegaba con los 35 puntos de ventaja en el sondeo. Quizás no fue el mejor partido, pero sí una de las victorias más celebradas.