Laporta tiene una deuda con Flick

La apuesta por Hansi Flick es la mejor obra de gobierno de Joan Laporta. La afirmación es unánime. El candidato se aferra a la figura carismática, segura e inteligente del entrenador, detrás de la cual pueden esconderse fácilmente los errores de gestión que han dificultado la salida del club del boquete económico al que cayó por culpa de la pandemia y de Josep Maria Bartomeu. El mito de la caverna de Platón es muy vigente y la sonrisa y los ojos azules de Heidelberg son la lona de esta campaña. Flick está exprimiendo al máximo de sus posibilidades una plantilla limitada por no poder hacer grandes fichajes mientras está obligado a convivir en la toma de decisiones con un actor sin cargo definido: Alejandro Echevarría. El verano del 2024 aceptó las reglas del juego con agrado, pero de tanto hacerle punta, pronto no quedará lápiz.

Todo apunta a que si Víctor Font no se transforma de la noche a la mañana en un hombre nuevo que conecte con la gente, Laporta ganará las elecciones y tendrá mucho que agradecerle a Flick. Nunca se había visto un apoyo tan explícito de un entrenador en época electoral, con mensajes inequívocos y acompañándole incluso en la presentación de su libro propagandístico. El alemán ya no puede hacer mucho más para remar por la causa y estaría bien que su compromiso incondicional obtuviera la reciprocidad necesaria para hacer evolucionar al equipo. No nos engañemos: si el gran objetivo es levantar la Champions, Flick se ha ganado el derecho a poder trabajar con más libertad y mejores recursos. Es muy fácil señalar las carencias de su filosofía de juego cuando no salen las cosas, pero también habría que mirar hacia los despachos. No sólo por la falta de fair play, sino por una cadena de mando peculiar.

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La narrativa de esta temporada está enviando muchos avisos de que Flick subraya con sutileza. El potencial y la juventud irreverente de la plantilla son extraordinarios, pero hace falta más talento diferencial para volver de lleno a la élite europea. Y, después, a ser posible, no dispararse sacados al pie con la preparación física y evitar olas de lesionados cuando el equipo se juega las algarrobas. Si hasta ahora Flick ha demostrado ser como MacGyver, imagínense cómo sería con capacidad para incorporar jugadores bajo su criterio y con poder efectivo en el trabajo diario de la Ciudad Deportiva. Si al final de curso pide todo lo que no ha exigido hasta ahora para alargar su estancia en el club, Laporta debería hacerle caso. Le debe, como mínimo, escucharle sin interferencias de intermediarios.