Mundial de fútbol 2026

"A la tercera será la vencida": un trozo de Cataluña llora la derrota de Marruecos

Se apaga el sueño de los Leones del Atlas, pero no el orgullo de una comunidad reunida para animar a su selección

Sebastián Marín
10/07/2026

L'Hospitalet de LlobregatHoras antes del pitido inicial, en las calles de L'Hospitalet de Llobregat ya no había espacio para las dudas de cara al duelo de cuartos de final del Mundial entre Francia y Marruecos. Minuto a minuto, las camisetas rojas de los Leones del Atlas teñían de color los barrios de La Florida y La Torrassa, donde Hakimi o Brahim Díaz competían por ocupar la espalda de los más pequeños, que imitaban a sus ídolos con un balón en los pies. Entre todas estas camisetas también se escapaba alguna de la selección española con el nombre de Lamine Yamal, también de origen marroquí.

Cerca de 400 aficionados se reunieron este jueves en el Hyatt Regency de L'Hospitalet de Llobregat para animar juntos a los Leones del Atlas. No era la primera vez que se celebraba un encuentro como este: a medida que Marruecos había ido superando eliminatorias, la convocatoria había ido ganando adeptos.

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En su mayoría vestidos con la camiseta roja o blanca de la selección, con banderas en los hombros y rodeados de la familia, los cientos de aficionados llegaban convencidos de que Marruecos eliminaría a Francia. Algunos incluso ya se veían levantando el Mundial. "Al 1000 %", respondió Najla, de Barcelona, que había venido acompañada de su hermana Fátima y de dos amigas de Sabadell. Era la primera vez que participaban en un acto como este y celebraban que el Consulado de Marruecos impulsara iniciativas de este tipo. "Es una oportunidad para hacer comunidad, hacer juerga. La energía es espectacular", aseguraba Fátima.

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Omar y su pareja también se estrenaban en esta cita futbolística. Se habían enterado el día anterior a través de las redes sociales, después de haber seguido las primeras fases del torneo con la familia o los amigos. También era el caso de Youness, de Viladecans, que, a pesar de ser novato, había venido con un grupo de amigos que ya repetían por quinta vez. "Es un orgullo y una satisfacción muy grande ver este apoyo de la comunidad marroquí", afirmaba. También reivindicaba la decisión de muchos internacionales que, "a pesar de haber podido jugar con otra selección, han apostado por sus orígenes". Lo veía reflejado en los numerosos niños presentes en la sala, muchos de los cuales "no han pisado nunca Marruecos, pero se sienten plenamente representados por esta selección".

Un día para hacer historia

Se planteaban si era aquel el día de la revancha contra Francia por la eliminatoria del 2022. La Leila estaba convencida. Había venido acompañada de Ferran y de un grupo de amigos que también se estrenaban en este visionado colectivo. Aunque habitualmente mira los partidos sola, aquel día prefería vivirlos rodeada de los suyos. Esperaba eliminar a Francia y, "si puede ser, ganar el Mundial". "Cincuenta-cincuenta", dijo cuando le preguntaron las opciones reales de la selección. Reconocía que el camino era largo, largo, pero también que "quizás este es el año". Para otros, sin embargo, la cita iba más allá del fútbol. Era el caso de Hossam, vecino de Gràcia, que había venido por primera vez a un visionado como este con un objetivo claro: reforzar los vínculos de la comunidad marroquí en Cataluña.

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Cuando el balón empezó a rodar, los pronósticos dejaron paso a los nervios. Desde el primer minuto, el partido se vivió con el alma en vilo. Cada conducción de los Leones del Atlas hacía levantar al público de la primera a la última fila y cada aproximación de Kylian Mbappé provocaba un clamor en favor de Yassine Bono, el gran muro de Marruecos.

El partido se comentaba butaca a butaca. Cada jugada se discutía, se criticaba o se aplaudía entre tambores improvisados, cánticos y choques de manos que, durante noventa minutos, convirtieron el auditorio en una grada.

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Bono sostiene el sueño, pero no es suficiente

En el minuto 26, la falta de Mazraoui sobre Mbappé que acabó en penalti heló la sala. Nervios, manos a la cabeza y aficionados escondidos tras las banderas para no ver el lanzamiento. Pero Bono volvió a vestirse de héroe. La parada desató una celebración como si fuera un gol e hizo estallar de euforia a las 400 personas reunidas en el auditorio. El portero del Al-Hilal se reivindicó de nuevo como uno de los grandes referentes de esta generación, como ya hizo en el Mundial de 2022.

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El descanso sirvió para estirar las piernas, tomar un té y seguir haciendo comunidad. A la reanudación, cada llegada de Marruecos se vivía como una ocasión de gol. Los aplausos volvían a llenar la sala, pero a medida que avanzaban los minutos también crecía la inquietud.

Los goles franceses acabaron apagando la esperanza. Tras el primero, los aficionados intentaron mantener el ánimo sin apartar la mirada de la pantalla. Con el segundo, algunos optaron por abandonar la sala resignados ante una eliminación que ya parecía inevitable.

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Cada aproximación a la portería de Mike Maignan todavía era recibida con aplausos y un último atisbo de esperanza. "A la tercera será la vencida", soltó con una sonrisa resignada un joven sentado en la segunda fila, que ya ponía los ojos en el Mundial de 2030, esperando una venganza que ya se alarga dos ediciones.

Cuando el árbitro señaló el final, ya no había tambores ni cánticos. Solo un último aplauso de agradecimiento hacia los suyos. El sueño mundialista de Marruecos se había acabado, pero no el orgullo con el que la comunidad marroquí ha vivido el recorrido de los Leones del Atlas.