Albert Español: "A los dos rivales más fuertes los entrenamos dos buenos amigos"

Entrenador de waterpolo

5 min
Albert Español
27/09/2026 - 19:02 h
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SabadellDespués de una década viviendo lejos de casa, uno de los grandes nombres del waterpolo local regresa a Cataluña. Albert Español (Barcelona, 1985) ha recorrido medio mundo gracias a este deporte, desde China hasta Italia. Ya retirado como jugador, ahora entrenará al CN Sabadell. De momento, ya ha sumado un primer éxito superando la primera fase de la Champions en un grupo muy duro jugado en Georgia. El gran reto de los vallesanos es gigante: plantar cara al Atlètic Barceloneta, el campeón europeo. Es decir, el club donde se formó Albert, donde lo ganó todo y donde el entrenador es uno de sus mejores amigos.

Después de ganarlo todo en el Barceloneta como jugador, se marchó fuera. Durante 10 años ha vivido lejos de casa. ¿Tenía ganas de volver?

— Es bonito volver. Y es bonito todo lo que he vivido. Cuando jugaba en el Barceloneta ya me fui dos años a Italia y volví. Después seguí conociendo mundo con el waterpolo, aprendiendo, sumando experiencias.

Ha vivido en Italia, donde ha jugado en Florencia y en Siracusa, en Grecia, Francia...

— En cada lugar se vive diferente y se juega diferente. En Italia en uno de los primeros entrenamientos me dieron un puñetazo dentro de la piscina. Así, de bienvenida. Me dijeron con normalidad que lo hacían porque yo era el jugador extranjero y tenía que aprender que allí estaban dispuestos a todo para ganar. Fue una lección. Después viví la locura de Grecia. Jugaba en el Olympiacos y cuando tenías derbis con el Panathinaikos nos tenía que proteger la policía. Este nivel de locura en el waterpolo no pasa en ningún otro lugar. Las gradas llenas de gente cantando, la tensión...

Una de las experiencias más sorprendentes la vivió en China.

— Fue diferente. El contexto es la previa de los Juegos Olímpicos de Tokio. Los japoneses habían dado un paso adelante con el waterpolo así que China quiso mejorar, un poco para fastidiar a los vecinos. Y me ficharon para jugar con ellos... Es decir, yo era como un jugador que ejercía de modelo a seguir. Entrenaba y jugaba con ellos, aunque no podía jugar partidos oficiales. Pero dentro de la piscina les ayudaba a mejorar. Fue un año extraño, porque éramos como un circo itinerante con los 30 mejores jugadores chinos entrenados por Petar Porobic, un montenegrino, que en paz descanse. Vivíamos en hoteles. Ahora dos meses en Grecia, ahora en Montenegro, ahora retorno a China... Empecé la aventura con dos maletas gigantes de 23 kg, pero al final estaba tan harto de aeropuertos que lo puse todo en una sola. Imagina toda tu vida dentro de una maleta durante más de un año: la ropa de deporte, la ropa de vestir, ropa para ir al gimnasio, libros, altavoces... Aprendí mucho. Fue enriquecedor. El trato fue excelente. También me hizo pensar. Muchas veces todas las noticias que nos llegan de China son malas. Y yo me llevo el recuerdo de una gente magnífica.

Habla siete idiomas. ¿El mandarín lo aprendió?

— Estudié un poco, pero no lo hablo. Hablo catalán, castellano, inglés, francés, italiano, griego y alemán. Y mientras jugaba estudié ingeniería industrial en la UPC. Cinco años de carrera. Me considero alguien meticuloso que intenta aprender siempre. Si tuviera que definirme con tres palabras, una sería curioso. Por eso he querido ver mundo y vivir fuera. De hecho, desde que tengo 18 años cada verano me voy de vacaciones bien lejos, a conocer un nuevo país, sea Cuba, Marruecos, Brasil... Donde sea. No repito destino. Bueno, lo hice una vez y trajo mala suerte. Volví a una zona de Indonesia que me había gustado, las islas Gili, y me pilló allí un terremoto en el que murió gente. También he tenido la suerte de recibir propuestas para ir a ayudar a mejorar el nivel del waterpolo en lugares donde no tienen tradición, haciendo campus. Una vez me llamaron de Sri Lanka. Ni sabía que jugaban a nuestro deporte. Y resultó que existen dos institutos fundados por los británicos hace más de 150 años donde van los jóvenes con cierto nivel económico, el Royal College y el St. Thomas' College. Y cuando se enfrentan en los deportes, especialmente en el críquet, el mundo se detiene. Y yo tenía que intentar ayudar a uno de los equipos en la piscina.

Se retiró en Tenerife, donde también comenzó como entrenador. ¿Era algo que tenía planificado?

— Ni mucho menos. Una de mis aficiones es hacer surf. Y cuando podía iba a Tenerife para practicarlo. Alguien avisó a la gente del Santa Cruz de Tenerife Echeyde, el club local, de que yo rondaba por allí. Y me llamaron ofreciéndome jugar con ellos. Tenerife me encanta, pero entonces yo jugaba la Euroliga con el Olympiacos en Grecia con un buen sueldo. Y el Echeyde tenía un equipo modesto. Les agradecí la llamada rechazando aquella oferta. Y desde entonces, cada año llamaron. Cada año insistieron. Ellos iban mejorando su proyecto y yo me iba haciendo mayor, así que al final los caminos se acercaron. Y negociando, me propusieron hacer de jugador y entrenador a la vez. No me lo esperaba, pero me gustan los retos. Y acepté.

¿Pudo hacer mucho surf, con tanto trabajo?

— Menos de lo que querría (sonríe). Cuando llegué, el equipo no había ganado ni un partido en toda la temporada y si no habían bajado era por la pandemia. Y fuimos mejorando hasta llegar a jugar la copa y hacer semifinales de la Challenge Cup europea. También propuse y ayudé a crear el equipo femenino, que subió a División de honor. Y creamos un filial.

Y ahora llega el reto del CN Sabadell. El club vallesano lleva años de buen trabajo con Quim Colet en el banquillo, pero el Barceloneta parece imbatible. ¿Le han pedido ganar títulos?

— No. No han pedido títulos o que derrote a alguien. Quim Colet, que me entrenó hace años en la selección, ha hecho un gran trabajo y ahora me toca a mí seguir haciendo crecer el proyecto. Es un club muy grande, pero con un trato muy familiar que me gusta. El club, lógicamente, quiere ganar. Y yo, claro, quiero ganar siempre. Y si llevas años quedando segundo, pues implica que nos tenemos que proponer derrotar al Barceloneta, desde el respeto y la admiración por un equipo que acaba de ganar la Euroliga. Mi objetivo es ganar y mejorar siempre.

Y delante hay un Barceloneta que fue su hogar. Donde tiene amigos.

— El Barceloneta es mi club, yo le tengo mucho cariño. Tener que jugar contra ellos no implica nada, es anecdótico. No cambia lo que siento, forma parte del deporte. Yo descubrí el waterpolo con un campus de verano del CN Poble Nou. Y como me gustó, me apuntaron al Barceloneta, donde pasé toda mi juventud. Vivía en el club. Allí tenía a mis amigos. Siempre será mi club. Allí hice amigos como Fran Fernández, que ahora es el entrenador del Barceloneta. Él llegó como jugador al club de Madrid cuando tenía 17 años y ya no se movió. Nos queremos mucho y ahora somos rivales. Cuando lleguen las finales, como aquella de la Supercopa de España del día 14 de octubre, no dudo que nos enviaremos mensajes bromeando antes y después. Que ahora dos amigos entrenen los dos proyectos más fuertes es muy bonito.

En el Sabadell entrena Àxel Corres, jugador que ha superado un cáncer. Es un ejemplo de superación. Ya le hemos visto volver a la piscina y marcar algún gol.

— Increíble, un chico con una gran personalidad. Con él iremos paso a paso, pero cuando te encuentras personas así, te inspiran.

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