"No me gustaba tocar las medallas de mi padre por si se rompían"
Ian Barrufet, hijo del mítico David Barrufet, continúa la tradición familiar en el mundo del balonmano

Torelló"Mi ídolo siempre ha sido mi padre. Es el espejo donde mirarme", destaca Ian Barrufet (Teià, Maresme; 2004), hijo del legendario portero David Barrufet, desde Noruega, sede del Mundial de balonmano junto con Croacia y Dinamarca. Hace frío. "Está todo congelado. El mar parece una pista de hielo. Desde el hotel es bonito de ver. Fuera ya se complica más", se ríe feliz de saborear una experiencia que no esperaba tan pronto. "Es una ilusión muy grande. Hace un año no habría imaginado estar aquí ahora. Siempre había soñado con llegar aquí algún día, pero nunca me habría imaginado estar tan pronto. Es una locura. Es un choque", afirma. La selección española, bronce en los Juegos Olímpicos de París, ha debutado este jueves con un claro triunfo ante Chile (31-22). El sábado jugarán contra Japón y el lunes contra Suecia. España atesora dos oros mundiales (2005 y 2012) y tres bronces: en el 2011 y en las dos últimas ediciones (2021 y 2023). Ocho de los 18 jugadores de la convocatoria son catalanes. También el entrenador: Jordi Ribera.
Barrufet, extremo izquierdo, no olvidará el día que recibió la llamada de Ribera. "Estábamos preparando un partido con el equipo y cuando salimos de la sala de vídeo miré el móvil un momento justo antes de salir a la pista. Vi que justo me había escrito diciendo si podía llamarme, pero tuve que dejar el móvil. No pude contestarle. Admite riendo que no fue su mejor entrenamiento. "Estuve todo el rato pensando qué podía ser. Tenía la esperanza de que fuera eso. Cuando me lo dijo sentí mucha felicidad", continúa. Justo después de colgar envió un mensaje al grupo de WhatsApp de la familia y llamó a su padre. Tenía el número de Ribera guardado desde octubre o noviembre. Porque le escribió para felicitarle tras brillar en un partido europeo con su equipo, el TM Melsungen alemán. Allí aterrizó en verano, cedido por el Barça tras renovar hasta el 2027 para acumular minutos en la élite y seguir creciendo.
Barrufet había llegado al Barça en el 2016, como infantil, y debutó con el primer equipo en marzo de 2023. Ya tiene dos ligas Asobal, una Copa del Rey y una Liga de Campeones, entre otros títulos. "Sin ser parte del primer equipo he tenido la suerte de tener bastantes minutos y poder tener este palmarés", reconoce contento. "Siempre he soñado con poder hacer carrera en el Barça. Pero me gusta trabajar día a día", subraya. Está superando con nota al Erasmus en la liga alemana, considerada la mejor del mundo. "Sí que sentí algo de respeto porque marcharme significaba un paso muy grande, pero me fui hacia allí con mucha confianza y las cosas están saliendo bien", argumenta Barrufet.
La gran temporada en Alemania le ha brindado la oportunidad del Mundial. Debutó con la selección hace diez días, en un amistoso ante Argentina con tres goles. Aquel día no pudo echar la siesta: "Estaba tumbado en la cama con los ojos cerrados, pero no podía dormir porque la cabeza no me paraba de dar vueltas. Es un día que nunca olvidaré". Luce el dorsal 80. Es lo que le dijeron que le había tocado. "Dije que me estaba perfecto", sonríe. Llevaría lo que fuera. En la selección hay otro jugador del 2004, Víctor Romero (Granollers), y dos del 2005: los gemelos gerundenses Djordje y Petar Cikusa, del Montpellier y del Barça. Vienen de ser campeones del Europeo sub-18 del 2022, del Mundial sub-19 del 2023 y del Europeo sub-20 del 2024. La selección, muy renovada, afronta el Mundial "con mucha ilusión. Es una competición muy, muy difícil, pero dejaremos la piel".
El 6 de febrero hará veinte años que España conquistó su primer oro mundial, con David Barrufet en el equipo. Ian Barrufet sólo tenía un año, pero creció viendo ese oro en el comedor de casa. "Miraba la medalla y pensaba que era increíble. Recuerdo preguntarle qué se siente al ser campeón del mundo y sentir una grandísima ilusión", dice. Incluso se le había puesto alguna vez. "Pero no me gustaba demasiado tocar las medallas de mi padre por si se rompían", afirma. Ha visto balonmano casi desde que nació. Primero su padre estaba en la pista y después estaba en la grada del Palau Blaugrana, sentados de lado. Era inevitable que no siguiera los pasos de su padre porque creció en las pistas. "Cuando era más pequeño quizás sí me afectaban los comentarios de la gente que decía que yo estaba donde estaba por mi padre y no por mí, pero nunca me ha preocupado mucho eso", destaca. Se llaman después de cada partido: "Siempre, siempre. Que tu padre sea una leyenda del deporte que practicas es brutal", admite.