El italiano errante que se enamoró del Espanyol y llevó al Girona a la gloria
Los dos equipos de Catalunya en los que jugó Samuele Longo se enfrentan este viernes al RCDE Stadium
BarcelonaEl 28 de agosto del 2012 aterrizó en Barcelona un barbamec italiano llamado a hacer grandes cosas en el mundo del fútbol. Cedido por el Inter de Milán, Samuele Longo (Valdobbiadene, 1992) era un fichaje de campanillas para el Espanyol, y enseguida justificó la apuesta. Le bastó 21 minutos, cinco días después de firmar, para hacer su primer gol de blanquiazul. La siguiente jornada repitió, y vio la segunda amarilla por celebrar la diana abrazándose al público de Cornellà-El Prat.
"Como pasa el tiempo. Ya hace 14 años, pero lo recuerdo prácticamente como si fuera ayer: la llegada al aeropuerto, la atención mediática de mi presentación, esos dos goles, el primer antidoping... y la roja contra el Athletic; no entendí por qué me expulsaban" pero, al ARA el fútbol.
Los trabajadores más veteranos de la Ciudad Deportiva Dani Jarque también tienen muy presente la cara de niño, la sonrisa perpetua de aquel delantero que sólo tenía 20 años, y como algunos veteranos como Joan Capdevila –"Vivíamos en la misma planta y era casi como un padre", dice– y Cristhian Stuani, que entonces: castellano y como él venía de Italia me ayudaba a comunicarme. A los tres meses ya espabilaba solo", dice.
"Es el equipo al que tengo más cariño. Barcelona es una gran ciudad y el Espanyol un club increíble y el que me hizo debutar como profesional", dice con melancolía Longo –logró tres goles en 20 apariciones de blanquiazul–, que en el verano del 2013 regresó a Milán para encadenar diez cesiones seguidas. Con la etiqueta de la perla del Inter –"Yo no me consideraba y no tenía presión añadida por este motivo", dice–, vagó por la primera y la segunda categorías de Italia y España hasta que en el 2020, ya desvinculado de la entidad neroazurra, firmó por el Vicenza, el único club donde se ha mantenido más de un año.
El ascenso con el Girona
Antes con sus goles (14) hizo ascender al Girona a la Liga por primera vez en la historia, en el 2017. "También fue especial, porque ya no era tan joven y tenía más conciencia de todo. Además subimos y fui el Pichichi", explica Longo, que mantiene relación con ex compañeros como Ada nunca". En Montilivi aún se acuerda el gol de chilena que hizo contra el Cádiz, cuando el club pisaba el barro de Segunda División.
"Llegar a la Champions no lo sé... pero yo estaba seguro de que el club se instalaría en Primera. Ya entonces las cosas se hacían muy bien", añade el transalpino, que admite entre risas que este viernes, en el derbi Espanyol-Girona (21 h, Movistar LaLiga y DAZN-La ciudad de los cuatro ríos también se marchó a regañadientes. Es la cara B de tener un contrato largo con un club tan potente: cada verano le tocaba hacer las maletas y empezar de cero, a menudo sin siquiera poder hacer la pretemporada con el nuevo equipo. "Quizá cambiaría algo de mi carrera, pero no me arrepiento de nada", dice Longo, a quien sí le sabe mal no haber podido llegar a la Premier League, su "sueño".
Las camisetas de los 19 clubes en los que ha competido las tiene repartidas entre los armarios de su casa, de sus abuelos y de sus padres. Una de las últimas es la del Milan porque hace un año jugaba en su filial –en Italia puede haber cuatro veteranos por equipo–, donde marcaba goles y con su experiencia contribuía a la formación de los jóvenes talentos. "Hace tiempo no se hablaba de salud mental, daba vergüenza decir que ibas al psicólogo oa un mental coach. Yo empecé a ir hace poco y me ayuda muchísimo. Ojalá lo hubiera hecho desde que tenía 20 años", reconoce Longo, que con 34 recién cumplidos y más de 400 partidos en las botas aún tiene cuerda para rato.
Es por eso que se inscribió en las sesiones de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) que se están llevando a cabo por los equipos como se están llevando a cabo. él, que acabó el curso pasado en el Antequera, el club de la ciudad donde vive con su familia. "Va muy bien para tomar ritmo y sensaciones. Entrenarse solo es distinto. Personalmente quisiera encontrar un club de Primera RFEF en España, porque nos gustaría instalarnos aquí", dice Longo, el vagabundo, ahora cansado de ir arriba y abajo, que se enamoró del Espanyol e hizo tocar el cielo en el Girona.