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De l'Ampolla a Suiza: "Tuve que irme de casa porque no había nada"

Laia Ballesté reflexiona sobre el largo y difícil camino que ha tenido que hacer hasta llegar a la élite y sobre la importancia de su madre

BarcelonaUna vez acabado el entrenamiento y la sesión de gimnasio, Laia Ballesté Sciora (Ampolla, 1999) atiende a ARA en la Ciudad Deportiva Dani Jarque. La actividad es frenética y no se detiene, pero mientras otros equipos de la cantera de La21 se entrenan, en la tribuna del campo la jugadora se toma un tiempo para reflexionar sobre todo lo vivido estos últimos meses y años. “Ha sido una temporada en la que hemos conseguido el objetivo de la salvación pronto, pero somos un equipo ambicioso y queremos sacar más puntos”. No le gusta ser mediática ni hablar ante los micrófonos, pero accede a hacer la entrevista. “Soy muy reservada, el tema de la comunicación lo tengo que trabajar”, confiesa.

El camino de Ballesté hasta la élite no ha sido sencillo. No solo por la falta de jugadoras cuando era joven y porque iniciaba sus primeros pasos en el fútbol, sino por el hecho de no vivir en una gran ciudad. “Es picar piedra todo el rato, ahora hay gente muy cualificada desde la base, pero yo recuerdo que mi primer entrenador era pintor. L'Ampolla es un pueblo muy pequeño donde, si no tienes claros los objetivos, es muy difícil llegar lejos. Hoy en día continúa sin haber un equipo femenino”, relata la futbolista del Espanyol que jugó con chicos hasta los catorce años antes de marcharse de su municipio para poder continuar su carrera, primero en Deltebre y después en Tortosa, antes de comenzar su periplo estatal en Castellón y en Valencia. “Me he recorrido toda España. Tuve que marcharme de casa porque no había nada. He tenido que trabajar y entender que, si tengo que llegar a la élite, tengo que hacer muchos más caminos y más difíciles que una chica que juega en la gran ciudad, que tiene muchos más clubes a su alcance”, explica.

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El debut con la selecció

Un sacrificio que tuvo su máxima recompensa el 8 de abril de 2025, cuando debutó con la selección suiza. “Tenía muy claro que quería jugar con Suiza porque era devolverle a mi madre todo el trabajo que había hecho conmigo y los esfuerzos de llevarme a todos los sitios”. La madre de Ballesté –que es una de las referentes de la futbolista– tuvo que emigrar de pequeña por la enfermedad de su padre –abuelo de Laia–. “Me ha inculcado muchos valores de continuar trabajando. No creo que fuera fácil integrarse en un lugar donde el idioma y la cultura son diferentes. Al padre de mi madre le quedaba poco tiempo de vida y toda la familia bajó hacia aquí porque veraneaban en Cullera. Quisieron darle el placer de disfrutar lo poco que le quedaba”, explica.

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Un debut que el verano pasado se convirtió en el premio de ir convocada a la Eurocopa que, precisamente, se jugó en Suiza. “Fue una montaña rusa de emociones. Yo fui a los entrenamientos previos al torneo. La seleccionadora [Pia Sundhage] me dijo que no contaba conmigo, pero que quizá me tocaba venir a última hora si no se recuperaba una jugadora. Recuerdo marchar al aeropuerto llorando, pero cuando llegué a casa de mis padres me tranquilicé para prepararme para lo que pudiera pasar. Cuando me llamaron para decirme que me necesitaban lo más rápido posible, mi padre, a las dos de la madrugada, me llevó hacia el aeropuerto de Barcelona y llegué a la concentración sobre las nueve de la mañana”, recuerda.

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La apuesta por el fútbol femenino

La jugadora blanquiazul ha vivido diversas realidades en el mundo del fútbol. Desde equipos como el Sporting Huelva, el Rayo Vallecano o el Dux Logroño, donde no había una gran infraestructura, hasta el Espanyol donde la apuesta podría ser mayor. “Pienso que el club sí que puede invertir un poco más, como por ejemplo, con la calidad del terreno de juego donde nos entrenamos durante el día a día. Al final, sin embargo, está lo que hay de instalaciones y es lo que nos toca”. Respecto a la posibilidad de abrir el RCDE Stadium, Ballesté remarca que todavía hay trabajo por hacer. “Cuando jugamos en la Dani Jarque viene muy poca gente a vernos. No creo que sea favorable abrir el estadio si no llenamos la Ciudad Deportiva, pero sería bonito jugar en el RCDE. La gente también tiene que querer venir. Somos una misma entidad, el Espanyol. Cuando yo voy al RCDE Stadium, está lleno, pero cuando jugamos nosotros vienen los que siempre están, que lo agradecemos muchísimo, pero toda la gente que va al estadio, aquí no la vemos. Nosotros apoyamos al masculino, pero no recibimos lo mismo nosotros”.

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Aguar la fiesta al eterno rival

Las jugadoras continuarán trabajando para seguir creciendo. “Con la salvación asegurada queremos intentar superar los 32 puntos del curso pasado [tienen 28 cuando faltan cinco jornadas] y no recibir tantos goles en contra”, se marca Ballesté como objetivo. El próximo reto será el miércoles 22 de abril (19 h), que recibirán al Barça en la Ciudad Deportiva Dani Jarque. “Hemos hablado de la posibilidad de que puedan ser campeonas de Liga si nos ganan, y es una motivación extra. A nadie le gusta que el eterno rival celebre el título en tu casa”, confiesa.

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Un partido en el que las miradas volverán a estar fijadas en Mapi León y Daniela Caracas. La central aragonesa volverá a la Dani Jarque, donde el año pasado fue protagonista de una acción polémica con la futbolista colombiana. “Somos personajes públicos y hoy en día hay muchas cámaras. Somos referentes, muchas niñas miran nuestros gestos, cómo actuamos, cómo es nuestra personalidad… Todas tenemos que tomar conciencia de que somos un modelo y tenemos que hacer las cosas como tocan”, sentencia Ballesté.

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La catalana –que acaba contrato el mes de junio– se quiere centrar en acabar de la mejor manera posible una temporada que califica “de aprendizaje”. Ballesté –que estudia diseño de interiores– asegura que está cómoda y “cerca de casa”, pero no esconde su deseo de jugar algún día en el extranjero. “Soy una jugadora ambiciosa y me gustaría poder competir por cosas bonitas”, concluye.