RCD Espanyol

Joan Garcia responde a su infierno particular jugando como los ángeles

Los primeros insultos y silbidos no han tardado en llegar en un regreso que ha angustiado al guardameta azulgrana

Cornellà - El PratLa última vez que Joan Garcia pisó el RCDE Stadium besó el escudo después de que el Espanyol se asegurara la permanencia en Primera, en gran medida gracias a sus paros. En su regreso, el actual guardameta del Barça vivió un infierno particular que aplacó con una gran actuación. Joan no temía el partido, pero sí le había angustiado. Según pudo saber el ARA, antes del encuentro el guardameta había comentado a algunos de sus actuales compañeros y también excompañeros en el Espanyol que estaba angustiado por la disputa del derbi en el RCDE Stadium. Tenía ganas de superar esta noche y dejarla atrás.

Cuando el Barça llegó al feudo blanquiazul, Joan no quiso salir a pisar el césped y realizar la primera inspección del estadio rival, como sí hicieron algunos compañeros. La primera gran pitada llegaría a las 20.13 horas, cuando Juan, disparado como un cohete, saltó al césped para ir hacia la portería a la que le tocaba calentarse. Mientras se iban poblando las gradas también empezaban a aparecer los gritos de "puta Barça", que se iban a intensificar con el inicio del partido. Durante el encuentro, Joan aguantó estoicamente los silbidos –y los insultos– cada vez que el balón pasaba por sus pies. Poco después del minuto 12, en la Grada Canito, aparecieron un centenar de pósters con un ratón dibujado. Pocos minutos antes, los cuerpos de seguridad se habían llevado a un aficionado para agredir a otro, justo detrás del banquillo del Barça, una acción aislada que poco tendría que ver con el regreso del portero de Sallent.

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Joan Garcia no tardaría en demostrar que el pánico escénico no se adueñaría de él y protagonizó un paro de mérito en la primera acción en la que tuvo que intervenir: un mano a mano con Roberto. El clima hostil también lo probarían otras azulgranas, como Balde, que fue insultado duro al ir a recoger un balón cerca del córner. El propio Balde sería el primero en felicitar a Joan tras un parón de campeonato a Pere Milla en el minuto 39.

El calvario para Joan continuaría en la segunda mitad, ya que le tocaría defender la portería donde están ubicados los grupos de seguidores más radicales del Espanyol. Volvieron los pósters tildándolo de rata y los insultos. La mejor respuesta a la batería de insultos que recibió fueron dos paros descomunales, volviendo a negarle el gol a Roberto y manteniendo el 0-0 en el marcador.

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Como recibiría la afición local a Joan Garcia era una de las principales preocupaciones en términos de seguridad del Espanyol. La entidad blanquiazul tiene su estadio avisado de sanción por lanzamiento de objetos, y en caso de reincidencia podría ser clausurado parcial o totalmente. Por eso, el club extremó las medidas de seguridad y, con la aprobación de los Mossos d'Esquadra, instaló redes de protección detrás de las porterías, de color negro y de menos de 10 metros de altura. También se prohibió acceder a Cornellà-El Prat con cualquier objeto susceptible de ser arrojado al terreno de juego, incluidas las ratas de peluche –como se había insinuado a través de las redes sociales–. Tampoco estaban permitidas bolsas grandes, mochilas o cascos de moto. Los registros fueron mucho más exhaustivos que de costumbre.

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Al ser un partido de alto riesgo –aun así la Liga lo fijó para las 21 h, propiciando un mayor consumo de alcohol en la previa y obviando la petición del Espanyol, que pidió jugarlo a primera hora de la tarde–, tampoco estaba permitido acceder con distintivos del Barça y, como sucede entradas para los aficionados visitantes. En el interior del recinto, el dispositivo de seguridad dobló el número de vigilantes y de auxiliares.

Sanciones por los "Puta Barça"

Según ha podido saber el ARA, entre sanciones –cada "Puta Barça" que se canta y queda recogido en acta son 6.000 euros– y desperfectos, el derbi de la invasión de campo, el del 2023, le costó al Espanyol alrededor de 60.000 euros. La igualdad sobre el césped dibujó un derbi hostil, especialmente para Joan Garcia, pero que había transcurrido sin grandes incidentes hasta que en el 0-2 varios aficionados echaron botellas en el córner donde los azulgranas acudieron a celebrar el tanto que sellaba el triunfo. El partido tuvo que estar detenido durante unos breves instantes, mientras Hansi Flick pedía a sus jugadores que volvieran hacia su sitio. El técnico abrazaría a Joan justo después del pitido final.