Barça
Deportes 02/12/2020

El futbolista húngaro del Barça que fue asesinado en el Holocausto

El judío húngaro György Silberstein jugó un partido en 1934 con el Barça

Toni Padilla
9 min
El futbolista hongarès del Barça que va ser assassinat a l'Holocaust

BarcelonaEn el número 4 de la calle Vidámvásár de Cinkota, un pueblecito a las afueras de Budapest que con el tiempo se convirtió en un barrio tragado por la capital, no hay ninguna placa. Tampoco ningún Stolperstein, los pequeños adoquines creados por el artista alemán Gunter Demnig para recordar a las víctimas del nazismo. Adoquines con el nombre de las personas asesinadas o deportadas, justo a la entrada del hogar donde vivieron. Pero no hay ninguno en este rincón de Cinkota, cerca de la estación de tren, donde vivía György Silberstein, Szeder, el único futbolista de la historia del Barça que fue asesinado por los nazis en un campo de exterminio, y que perdió la vida en la Shoah, porque era judío.

La historia de Silberstein, recuperada en 2017 en un excelente artículo en la publicación Cuadernos de Fútbol de CIHEFE, sigue siendo poco conocida. Este futbolista llegó a jugar un solo partido oficial vestido de azulgrana una victoria por 1-2 en el campo del Girona correspondiente al Campeonato de Catalunya, la temporada 1934-1935. Szeder llegaba proveniente del Soroksár SC, un modesto club del sur de Budapest con el cual había ganado la Copa. Su historia todavía no se ha recuperado del todo, sin embargo.

Viviendo con un asesino en serie

György Silberstein había nacido en Cinkota el 23 de febrero de 1914. Sus padres, David Silberstein e Irén Goldmann, le debían de haber explicado al pequeño György las historias de la Primera Guerra Mundial, puesto que su padre luchó en el frente, donde fue herido de gravedad. En 1916 ya esaba de vuelta en casa, liberado del servicio y condecorado como teniente por su valor en combate. David Silberstein volvió a Cinkota justo a tiempo para ver en directo los hechos que hicieron famosa a su calle. Debía de ser una experiencia que los marcó. Los Silberstein vivían en un gran edificio de dos plantas que compartían con otras familias. La parte central era una farmacia y ellos regentaban una carnicería justo al lado. Y por la puerta de atrás del edificio se accedía a un patio donde un hombre llamado Béla Kiss tenía alquilada una casita. Pues bien, Kiss era un asesino en serie.

El carrer de Cinkota on es va criar György Silberstein, a Hongria

En 1916 la policía descubrió los restos de los cuerpos de mujeres dentro de unos barriles en el jardín de la casa donde vivía el futuro jugador del Barça. Eran propiedad de Kiss, que tenía un pequeño negocio en el que trataba metales, motivo por el cual necesitaba carburante que guardaba en los barriles. Las autoridades decidieron requisarlo todo porque les hacía falta en tiempos de guerra, pero dentro de los barriles encontraron cuerpos humanos. Una cifra indeterminada de entre 7 y 21 cuerpos de mujeres, a las que Kiss seducía y asesinaba. Cada barril tenía una cifra escrita. Las historias sobre los motivos, cómo asesinaba y por qué razón guardaba los cuerpos en el jardín llenaron páginas de los diarios, que hablaban del Vampiro de Cinkota.

El caso llevó a centenares de periodistas a la casa de los Silberstein, en el número 4 de la calle Lajos Kossuth, que actualmente se llama Vidámvásár. Kiss, por cierto, estaba en un hospital de campaña en el frente de Serbia porque había sido herido luchando. Y cuando lo fueron a buscar, se escapó y nadie sabe qué fue de él. Se decía que lo habían visto en Nueva York, en París o en Budapest. Como nunca declaró, el misterio sigue rodeando un caso que ha inspirado libros y films en Hungría. Fuera como fuera, ninguna placa recuerda a las víctimas de Kiss. Pero tampoco a los Silberstein en el lugar donde se levantaba una casa que ya no existe. Ahora hay un supermercado.

Los Silberstein no eran judíos ortodoxos, a pesar de que el abuelo del jugador del Barça era el maestro de canto en la sinagoga local. Hungría se había convertido en uno de los países de Europa con más judíos, puesto que en su momento el nacionalismo húngaro se había abierto a esta comunidad, porque les permitía disfrutar de más peso político. Cada vez más judíos hacían suya la lengua húngara y se integraban en esta cultura, sin imaginar que con el paso de los años les darían la espalda. Así, Silberstein adoptó el pseudónimo de Szeder ya durante los años 20 para esconder que era judío. Fue muy común, después de la Primera Guerra Mundial, que familias judías usaran apellidos húngaros.

Olga Silberstein, germana del futbolista de Barça, a dalt a l'esquerra del tot

Los Silberstein eran gente moderna. Y la hermana de György, Olga, ganó varias competiciones de natación. Como buena parte de la juventud húngara, el deporte era una herramienta de liberación, de modernidad. Y el hijo escogió el fútbol: jugó en un equipo local hasta que lo fichó el Soroksár cuando todavía era menor de edad. La temporada 1933-1934 el Soroksár sorprendió al llegar a la final de copa contra el BKV Előre SC. Szeder, con 19 años, marcaría en el triunfo por 2-0 de una final con partido de ida y vuelta, en la que hizo falta un partido de desempate que ganó el Soroksár. Su único título.

Sus buenas actuaciones permitieron que Ferenc Plattkó, el húngaro que había defendido la portería del Barça y que entonces era entrenador en el estadio de Les Corts, oyera hablar de él. Así que lo fichó el 10 de octubre de 1934. Szeder debutaría en un amistoso entre suplentes del Barça y el Espanyol, jugando por la banda izquierda en ataque, y se ganaría la oportunidad de debutar de forma oficial contra el Girona un 21 de octubre de 1934, en un equipo con futbolistas del renombre de Vantolrà, Raich o Escolà. Y, de hecho, Szeder marcó uno de los dos goles del triunfo azulgrana en el estadio de Vistalegre contra los gerundenses, donde jugaba Domènec Balmanya, futuro entrenador del Barça. Qué poco imaginaban esos jugadores que la historia les pasaría por encima. Muchos acabarían en el exilio mexicano durante la Guerra Civil, como Vantolrà. Y Szeder perdería la vida en la Segunda Guerra Mundial.

Gyorgy Silberstein, a la fila superior a l'esquerra el 1932

Szeder repetiría titularidad en un amistoso también contra el Girona (2-2) y después en una derrota en el campo del Iluro de Mataró (3-2), donde marcaría otro gol. Pero las cosas empezaron a ir mal cuando la Federación Húngara reclamó el regreso del futbolista, porque no había tramitado su baja federativa. Para evitar problemas legales, el Barça le hacía jugar amistosos rodeado de suplentes, en los que no podía brillar, como una derrota por 3-5 en Les Corts el 8 de diciembre. Un día después, los suplentes del Barça eran goleados por 7-1 en un amistoso en el campo del Terrassa, con Szeder titular junto a otro húngaro, Berkessy. En total jugaría un partido oficial y cuatro amistosos, en los que marcaría dos goles.

Engañado por un representante

Al final, el Barça lo despidió y le pagó el billete de vuelta a Budapest el 20 de diciembre de 1934. Pero Szeder se quedaría todavía unas semanas en Barcelona, y pasaría la Nochevieja en Catalunya, donde daría entrevistas a la prensa local explicando su caso. Se quejaba de que un "mánager de fútbol" llamado Paul Fabian que se dedicaba a "concertar partidos y vender jugadores" había negociado su fichaje pero que, al llegar a Barcelona, había visto que la prensa decía que había costado 25.000 pesetas y que él no había visto ni un duro, pensando que venía con el viaje pagado, para ganarse una oportunidad.

Finalmente, volvería a casa para defender la camiseta de equipos modestos, como el Budafok, a pesar de que también jugaría una temporada en el Újpest FC. En 1939 estuvo de prueba en el Antibes francés, pero volvería a casa, donde poco a poco el régimen de extrema derecha que mandaba en Hungría fue imponiendo medidas cada vez más restrictivas contra los judíos. Entre otras cosas, los judíos ya no pudieron seguir jugando al fútbol y clubes presididos por judíos, como el MTK, fueron prohibidos con la excusa de que habían hecho jugar a un polaco con pasaporte falso. Szeder seguiría jugando como mínimo hasta 1942, pero poco se sabe de qué hizo después.

En 1944 Nicolau Horthy, presidente húngaro, negoció unilateralmente la paz con los aliados. Hitler, enfadado, ocupó Hungría y puso al frente del nuevo gobierno a Ferenc Szálasi, dirigente del Partido de la Cruz Flechada, que inició la deportación masiva de más de medio millón de judíos. Silberstein moriría el primero de mayo de 1945 en el campo de Birnbaum, en Polonia, justo cuando las tropas soviéticas ya estaban entrando en Berlín y Hitler se había quitado la vida. Por poco no sobrevivió. Otras informaciones, sin embargo, explican que murió por culpa de una mina cuando ya volvía hacia casa, atravesando Austria.

La fitxa de György Silberstein al centre memorial de l'Holocaust de Yad Vashem

En 1990 su prima Eva Klein, que vivía en Toronto (Canadá), visitó el Museo del Holocausto de Jerusalén, Yad Vashem, para dejar testigo inscrito de sus familiares muertos. En Yad Vashem se guardan fichas de todas las personas asesinadas por los nazis, a pesar de que quedan muchos nombres por recordar, porque en algunos casos murieron familias enteras. Klein se encargó de llenar la ficha de Silberstein, el único jugador del Barça que murió en la Shoah. Casi toda su familia no sobrevivió. Su madre ya había muerto, pero su padre y su hermana fueron asesinados. También el marido y la hija de 9 años de Olga, así como sus tíos y Ernő Goldmann, que había sido su primer entrenador de fútbol en Cinkota. El hombre que le había hecho amar el deporte, que lo llevó a jugar, aunque fuera un solo día, un partido oficial con el Barça.

En 2013, por cierto, Johan Cruyff llenó con su mano, con bolígrafo, tres fichas en Yad Vashem. Las fichas de Judith, Regina y Rozette De Metz, tres cuñadas de una tía del ex jugador, que se había casado con Jonas De Metz, un judío holandés.

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