Barça
Deportes 09/08/2021

Las tensiones internas que frenaron la renovación de Messi

Laporta no pudo hacer de Laporta por las presiones del área económica, preocupada por los números rojos

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Imatrge del acto de despedida de Leo Messi con el Barça

BarcelonaViernes, en la comparecencia de prensa de Joan Laporta para explicar que Leo Messi no renovaba con el Barça, el presidente soltó una frase que pasó relativamente desapercibida. "Estàvem dispuestos a hacer un esfuerzo por encima de nuestras posibilidades". Con la tesorería del Barça en estado crítico y una deuda que hace caer de espaldas -el último curso, como avanzó Laporta, se cerrará con 487 millones de pérdidas-, el máximo mandatario había llegado a un pacto con el delantero rosarino para los próximos cinco años, por el cual en la primera temporada se llegaba a rebajar el sueldo a la mitad, hasta cobrar 20 millones de euros limpios . A priori, un ahorro notable, si no fuera porque esta fórmula ni siquiera encajaba en las proyecciones que hacían en el área económica del club. Una parcela, esta, que los últimos meses se había mostrado muy reticente a retener el jugador: no por cuestiones deportivas, sino por cuestiones puramente monetarias. Raso y corto, los números no cuadraban en ninguna parte.

La noticia se confirmó jueves, pero ya hacía semanas, incluso meses, que había discrepancias internas sobre la renovación de Messi. En el área económica arrufaven la nariz con la propuesta: Messi podía marchar el 2023, pero igualmente habría tenido garantizado el salario hasta el final de los cinco años firmados. Entre la ficha y una bonificación, habría cobrado alrededor de 200 millones de euros, tal como avanzó El Deportivo y confirman fuentes azulgranas. "Ningú duda que Messi es el mejor de todos, pero la situación del club es crítica. Además, tiene 34 años y es evidente que no cumpliría los cinco años firmados. Si el club fuera sano económicamente, las condiciones estarían en la frontera entre que se puede pagar y que no. Con la situación actual, son del todo inasumibles", apuntan fuentes azulgranas.

Laporta, que en condiciones normales habría validado la operación, vive ahora condicionado por una política de austeridad que, sacado de excepciones como la reestructuración de los ejecutivos y de los organigramas de las secciones, se ha impuesto al club. No es casualidad que ninguno de los fichajes haya sido a coste cero y que se esté negociando con los jugadores una rebaja salarial masiva. A las prisas porque el Barça deje de tener números rojos y pueda empezar a ganar dinero, se añade la angustia de los avales . Actores importantes como Audax -emprendida de la cual es socio el vicepresidente económico Eduard Romeu y que contribuyó con 40 millones para completar el aval- no quiere correr ningún riesgo con su inversión y exige que el club recupere rápido el equilibrio financiero. "El problema no era Messi, era que no podías sacarte de sobre los jugadores que te sobran", comenta una voz autorizada del Barça. Laporta tenía que escoger entre una cosa y la otra. "Però los que te sobran resulta que tienen contrato firmado y no quieren marchar..."

Fórmulas imaginativas

La renovación de Messi, frustrada después de muchos meses de trabajo, fue una de las prometidas electorales de Joan Laporta durante la campaña. En el fondo, el presidente, entonces candidato, nunca garantizó la continuidad del 10, pero sí que se comprometió a hacer "tot el posible" porque siguiera jugando en el Camp Nou, como mínimo un par de años más. Así que entró en club, se puso a trabajar para abordar la renovación. En aquel primer momento ya pensó en la dilación salarial -un acuerdo para dos temporadas pero pagado en cinco-. Más adelante se optaría por el contrato que se iba a rubricar, para cinco años, pero con una retribución no lineal: el primer año se rebajaba la ficha el 50%. El segundo, cobraba más que el primero. Y a partir del tercero -si quería cumplirlo- el salario iba de más a menos. Esta nueva fórmula, sumada a los ingresos provenientes del fondo de inversión CVC -que quería comprar el 10% del negocio de la Liga-, permitía que el contrato entrara dentro del famoso límite salarial. Pero, a última hora, cuando todo parecía preparado para cerrar el acuerdo, la renovación se frenó en seco . Laporta se encontró entre la espada y la pared, teniendo que escoger entre Messi y la Superlliga. Y, a regañadientes, tuvo que hacer caso al que le pedían con argumentos Romeu y Ferran Reverter -su CEO.

Con el comunicado y con la gestión posterior de la despedida de Messi, desde el Barça tienen la sensación que la figura de Laporta ha quedado debilitada, puesto que lo ven como un presidente más pendiente de los números que del fútbol, todo el contrario del que siempre había proclamado. Él, pero, se excusa diciendo que todo es culpa de la situación económica "nefasta" en que los anteriores gestores dejaron el club. Ahora bien, no todo el mundo compra este discurso. La semana pasada, por ejemplo, se producía la dimisión de Jaume Llopis, miembro de la comisión del Espacio Barça, que además se despedía mandando un mensaje por WhatsApp al presidente en que decía que se sentía "decebut" y lo advertía que pasaría a la historia "com el presidente que ha despedido Messi".

Los números de la gestora

Leo Messi, que envió un burofax hace un año para abandonar el club, se negó a sentarse a negociar con Josep Maria Bartomeu, entonces presidente, y esperó pacientemente que llegaran las elecciones. Tampoco quiso saber nada de la junta gestora, que gobernó el Barça de manera interina entre la dimisión de la junta anterior y la elección de Laporta. Pero la gestora, formada principalmente por miembros de la comisión económica, sí que hizo una proyección sobre el contrato de Leo Messi. Los números eran claros. "El máximo que se le podía pagar a Messi eran 30 millones sucios durante dos años", dicen fuentes conocedoras del caso. Es decir, un contrato total de 60 millones sucios, muy alejado de los 200 que estaba ofreciendo la directiva actual al delantero rosarino .

Estos números no eran nuevos para los actuales gestores de la entidad. Unos días después de las elecciones, Carles Tusquets, presidente de la gestora, se reunió con Joan Laporta, Eduard Romeu y Ferran Reverter y los puso al cabo de la calle sobre el estado de las finanzas del Barça. Allá, según fuentes del club, ya los insinuó qué era el tope que, a su entender, se podía pagar al argentino. Aún así, Laporta estaba decidido a salir adelante con su propuesta a Leo Messi, hasta que se rompió la cuerda.

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