25 objetos que nos hacen replantear el papel de las mujeres en la historia
El libro 'Inventario de historias silenciadas', de la periodista Sílvia Marimon Molas, invita a los lectores a viajar por la historia a través de 25 objetos que reivindican a mujeres ilustres o anónimas que cuentan nuestra sociedad de hoy
BarcelonaUna garra, una silla, una pala para hacer la colada, un penacho, una imprenta, un vestido, una urna o un corsé. Éstos son alguno de los 25 objetos que la periodista Sílvia Marimon Molas, redactora de Cultura del ARA, ha hecho protagonistas en el libro Inventario de historias silenciadas (Eumo Editorial), un recorrido imprescindible y muy didáctico por algunos objetos cotidianos que han sido esenciales para dibujar nuestra sociedad de hoy. Objetos que Marimon vincula a mujeres reconocidas o anónimas que con demasiada frecuencia han sido las grandes olvidadas en los libros de historia.
La autora reconoce que siempre se ha sentido fascinada por la arqueología y destaca que el trabajo multidisciplinario que se hace ahora en esta materia, con la participación de genetistas y bioarqueólogos, por ejemplo, permite analizar de manera diferente objetos que quizás se habían encontrado hace años que "ahora nos cuentan una historia". En la misma línea, también remarca la importancia de la incorporación de mujeres en estos grupos de trabajo, ya que están planteando preguntas diferentes que nos permiten acercarnos a la historia de forma mucho más completa. "Creo que, en cierto modo –dice–, este libro no solo es mío, sino también de todas esas mujeres que están investigando y que han contribuido a hacer nuevas preguntas que nos obligan a replantearnos algunos hechos históricos".
Esta manera de trabajar y estudiar la historia desde una perspectiva más global y con mirada de género ha permitido cambiar el relato histórico que hasta ahora se había dado por cierto. Es el caso, explica Silvia Marimon, de las pinturas rupestres. "Durante mucho tiempo se había pensado que era una pintura en la que todo giraba alrededor de los hombres y que eran únicamente ellos los que pintaban". Ahora, sin embargo, la investigación científica ha descubierto que las mujeres también pintaban. Al final, como asegura la periodista, "esto nos explica que las mujeres han estado mucho más presentes en la historia de lo que a veces se nos ha hecho creer".
Marimon relaciona cada uno de los objetos escogidos para el libro con personajes femeninos que no siempre han recibido el reconocimiento que merecen. Y ha elegido hablar de ello a partir de objetos porque reconoce que, para ella, "los objetos tienen una fuerza especial". "Los libros, historias o documentos son importantes porque te dan un contexto, una fotografía de aquella época. Pero el objeto tiene algo especial, es mucho más sensorial, y eso te permite hacer también un viaje más personal", declara. La periodista asegura que los objetos permiten hacer una aproximación más íntima hacia la persona y saber la relación que tenía con ese utensilio, "mientras que los documentos han sido escritos por alguien que te dice cómo debes pensar, que te dice qué debes ver".
En el libro toman protagonismo objetos que a menudo han sido menospreciados precisamente por el hecho de formar parte de la cotidianidad y que Marimon ha querido reivindicar. Como explica, a menudo pensamos que estos objetos no son importantes “porque no han cambiado la historia, pero lo cierto es que muchos sí lo han hecho. Los objetos de los que hablo en el libro demuestran que siempre hubo mujeres que, a partir de objetos cotidianos, cambiaron las cosas, como el caso del maniquí obstétrico que ideó a la comadrona francesa Ang. generar respeto hacia la figura de las matronas". Otro ejemplo del poder de los objetos es el vestido que llevó Juliana Morell para realizar la lectura de su tesis y convertirse en la primera doctora extrauniversitaria en un tiempo en el que a las mujeres no se les permitía entrar en la universidad.
Por todo ello, la autora quisiera que el libro sirviera para que los lectores se cuestionen ciertas cosas en relación con la contribución de las mujeres a la historia ya la sociedad: "Las mujeres siempre han trabajado, siempre han luchado, en algunos momentos incluso tuvieron mucho poder", dice. En muchos momentos de la historia se han reivindicado y han hecho valer su derecho a trabajar, a ejercer su libertad, a manifestarse por sus derechos o por lo esencial, oa hablar de todo, incluso de sexo, como hacían las trobairitz, o del luto perinatal, como en el caso de las mujeres de la cultura ibera. Como concluye Sílvia Marimon, la voluntad es "rendir homenaje a todas estas mujeres y recordar que las cosas sí se pueden cambiar desde abajo, a nivel colectivo ya nivel individual, y que no siempre hay que seguir el camino marcado". "La mayoría de mujeres de las que hablo en el libro se desviaron del camino marcado y consiguieron hacer cambios muy importantes pese a tenerlo todo en contra; y nosotros somos herederos". Tal y como asegura la periodista, la historia que cuentan los objetos que ha hecho protagonistas nos dicen que todo podría haber sido de otra forma y que podría haber un relato completamente nuevo. De la misma forma que las vidas de todas estas mujeres que durante muchos años han sido invisibilizadas nos apuntan a que las cosas no siempre deben ser como nos las han explicado.
Lo que nos dicen las sillas
Las sillas son el testimonio de muchas escenas íntimas y domésticas, pero también han sido un símbolo de poder frente a los demás, como explica Marimon. En este sentido, la autora relata cómo las sillas han sido a lo largo de los siglos un objeto muy relevante en el universo femenino. Hubo un tiempo en el que era habitual que las mujeres se sentaran en sillas más bajas que las de su marido, como supuesto símbolo de respeto y sumisión, y en el que también era habitual que reinas y princesas aparecieran en los retratos que les hacían cogiendo una silla, como símbolo de estatus. Sin olvidar que las sillas también fueron un instrumento imprescindible durante décadas para parteras y matronas.
Portadoras que dejaron huella
Búsquedas históricas han mostrado cómo los trabajos pesados que han realizado las mujeres a lo largo de los siglos han acabado dejando huella en la anatomía femenina. Es el caso de los cambios detectados en los esqueletos de las mujeres que vivieron en el actual Sudán hace más de 3.000 años y que presentaban lesiones degenerativas en la zona cervical a consecuencia de años de cargar peso en la espalda sujetado con correas en la frente. En Cataluña, las mujeres de ámbito rural también sufrieron las consecuencias de tener que cargar durante años a las conocidas como portadoras, recipientes de madera que se utilizaban, por ejemplo, para transportar las uvas durante la vendimia.
Corsés que eran elementos de tortura
Durante años, las mujeres estuvieron sometidas a la dictadura de los corsés, elementos que eran auténticas herramientas de tortura para las mujeres. La médica Dolors Aleu, pionera entre las mujeres que pudieron estudiar medicina en España, fue la primera en empezar a decir en voz alta que su uso era un atentado contra la salud de las mujeres. Provocaban náuseas, trastornos intestinales, mala circulación, problemas ginecológicos y desmayos. Dos factores contribuyeron finalmente a desterrar para siempre los corsés: el interés de las mujeres por el deporte y la Primera Guerra Mundial, que obligó a muchas mujeres a incorporarse al mundo laboral de forma que necesitaban ropa más cómoda y que les permitiera una mejor movilidad.