Cada casa, un mundo

Una casa del color de la tierra

Casa bajo la muela. Twobo Arquitectura, de Pablo Twose, María Pancorbo y Alberto Twose (Matadepera)

02/01/2026

Hay casas que, por muy contemporáneas que se muestren, saben hacer como si siempre hubieran estado en el sitio. La casa que el estudio Twobo –liderado por los arquitectos Pablo Twose, María Pancorbo y Alberto Twose– ha construido en Matadepera pertenece a esta categoría: una arquitectura muy contemporánea pero que no se impone, que se entierra en el terreno y que se mimetiza hasta confundirse con el paisaje. Es una casa hecha, literalmente, del color de la propia tierra.

Este terreno, intenso y lleno de matices, es el punto de partida del proyecto: una parcela marcada por una topografía pronunciada, con un gran desnivel, atravesada por una torrentera y moldeada por la corriente del agua, donde se alternan claros abiertos al sol de la tarde con una especie de pequeños valles, pequeños valles de encinas y robles. En el fondo, la silueta inconfundible de la Mola actúa como telón de fondo constante. La tierra, rojiza, lo impregna todo. Cuando se rasca el suelo aparece este color entre rosado y rojizo que acabará definiendo el alma de la casa.

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Contemplar esta casa bajo la Mola es constatar que, lejos de competir con el paisaje o de buscar protagonismo, la arquitectura opta por fundirse y pasar casi desapercibida. Vista desde arriba, la casa no se percibe. Queda semisótano por el desnivel natural del terreno, con cubiertas de grava del mismo color que el suelo. Sólo sobresalen, como un indicio de lo que hay debajo, las bóvedas de hormigón, evocando el recuerdo de unas ruinas que siempre hubieran estado en ese paraje.

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En dos volúmenes

La construcción se fragmenta en dos volúmenes que se adaptan a las curvas de nivel y abarcan, entre ambos, el pequeño bosque existente. En uno se desarrolla la vida colectiva, la familiar, la social; en el otro, los espacios más íntimos. Entre ambos, una zona de conexión que acentúa la sensación de que se trata de dos casas que dialogan entre sí. Pero en ningún caso es una fragmentación, es un espacio de continuidad que, además, con una transparencia casi absoluta, permite respetar al máximo el área natural y refuerza la idea de una arquitectura que no sólo se funde en el paisaje sino que se deja atravesar por él.

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Los muros de este hogar emergen directamente del terreno, siguiendo el relieve. Durante la obra, la roca que apareció se conservó y se integró en la casa, como una forma de aprovechar los accidentes del lugar: un estudio se orienta directamente hacia una de estas formaciones, como si la arquitectura hubiera aceptado, sin resistencia, lo que el suelo le ofrecía. Encima de estos muros se levantan las bóvedas de hormigón, encofradas con madera, que protegen el interior y evocan la idea de gruta, de cueva primigenia, de lugar para curarse.

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La experiencia de habitar esta casa, además de una convivencia absoluta con la naturaleza que se integra, es también un recorrido. De hecho, el terreno pedía giros, desplazamientos, cambios de dirección y los arquitectos de Twobo los han convertido en una secuencia fluida y sugerente. Ahora bien, más que ser una casa de transparencias totales y de vistas omnipresentes, es una casa en la que las vistas se buscan, se enmarcan, aparecen de forma gradual. La sala y la cocina se abren hacia puntos concretos del paisaje, mientras que el verde exterior irrumpe con fuerza a través de ventanas calculadas, reforzado por el contraste con los tonos cálidos del interior.

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Los materiales acaban de coser esta relación íntima con el sitio. Mortero de cal en las fachadas, baldosas cerámicas y hormigón pigmentado que tiñe paredes y suelos de un tono rosado rojizo, profundamente acogedor. La luz natural, al entrar, lo transforma todo en una atmósfera terrosa y envolvente. Las bóvedas, además, sirven para definir espacios despejados dentro de una planta fluida, creando rincones sin cerrarse del todo, ámbitos protegidos que invitan a quedarse.

Con el recuerdo de la casa experimental de Alvar Aalto en Muuratsalo (Finlandia), que se deshace en el paisaje, aquí también está la voluntad de perderse, de no saber exactamente dónde acaba la naturaleza y dónde empieza la arquitectura. En Matadepera, Twobo ha construido una casa que no llama la atención, pero que se recuerda: un hogar que no sólo se asienta sobre la tierra, sino que parece haber nacido.

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