Ecología

Flores en lugar de pesticidas y corrales móviles: la ciencia avala formas diferentes de cultivar la tierra

La agricultura regenerativa busca estrategias para recuperar la salud del suelo y al mismo tiempo capturar más carbono

Ángela Justamante / Andrea Arnal
14/06/2026

Entre las sandías de Verdcamp Fruits, en Cambrils, crecen flores de todos los colores. Las hay amarillas, lilas y naranjas, en un mosaico floral donde las abejas y las mariposas danzan sin tregua. Hace unos años, aquel mismo campo se mantenía a base de fitosanitarios para combatir una plaga de pulgón y no respiraba tanta vida. El problema era que los químicos también mataban a los polinizadores y la producción acababa cayendo. “Una noche pensé: ¿y si la solución es atraer más vida en vez de combatirla?”, recuerda Ernest Mas, payés e integrante de la empresa familiar.Aquella intuición lo llevó hace más de una década a plantar franjas de flores entre los cultivos para atraer insectos de manera natural. Funcionó. Pero, sobre todo, fue el inicio de un cambio de mentalidad mucho más profundo: dejar de ver la tierra agrícola como un simple soporte para producir alimentos y empezar a tratarla como un ecosistema vivo.Hoy, Mas forma parte de una generación de agricultores que apuesta por la agricultura ecológica y regenerativa, un modelo que busca recuperar la salud del suelo para que vuelva a ser fértil, capaz de acoger biodiversidad y resistir mejor los impactos del cambio climático como las sequías. Algunas de sus técnicas incluyen dejar atrás los químicos, no arar y usar cubiertas vegetales.La propuesta gana fuerza en un contexto especialmente delicado para el campo. Según la Agencia Europea del Medio Ambiente, el 89% de los suelos agrícolas muestran signos de pérdida crítica de sus funciones. Durante décadas, el uso intensivo de pesticidas, fertilizantes químicos y maquinaria pesada ha degradado muchos suelos hasta empobrecerlos y hacerlos cada vez más dependientes de productos externos. Por otra parte, los beneficios que se observan en el campo también comienzan a estar avalados por estudios científicos recientes que indican que los suelos regenerativos pueden llegar a almacenar más carbono que los convencionales, retener mejor el agua y tener una red de microorganismos beneficiosos, algunos de los cuales actúan incluso como pesticidas naturales.Es por eso que agricultores como Mas han decidido apostar por el modelo regenerativo. Sus historias son diferentes, pero comparten una misma convicción: sin un suelo vivo, no hay futuro para el campo.Cultivar entre flores

En Verdcamp Fruits, las franjas florales que atraviesan los cultivos se llaman intercropping floral: una técnica que combina biodiversidad y producción agrícola para atraer polinizadores.Pero el cambio no llegó de un día para otro. Primero dieron el paso hacia la agricultura ecológica. Después, hace siete años, Mas decidió hacer un máster sobre agroecología de la Universitat de Barcelona y empezó a aplicar también otras técnicas para recuperar la salud del suelo, como no arar y mantener la cubierta vegetal. “Entendí que la clave no era solo cuidar lo que se veía, sino también lo que hay bajo tierra”, explica.

Cargando
No hay anuncios

La pasión por dedicarse al mundo agrícola le viene de familia. “Soy la quinta generación de agricultores”, dice. Desde muy pequeño ayudaba en las cosechas, conducía el tractor y pasaba los días entre cultivos. “Siempre digo lo mismo: antes yo corría por los campos, y ahora los campos me hacen correr a mí”. Cuando cambió el modelo de cultivo, parte de la familia miraba con dudas aquellas nuevas prácticas. Con el tiempo, sin embargo, han visto los beneficios y cada vez están más convencidos. “Hemos vivido un proceso de transformación profundo y ahora hacemos formaciones porque queremos que otros agricultores se puedan beneficiar porque, al fin y al cabo, compartir es sembrar”.Las raíces del vino del futuro

A solo diez kilómetros de Barcelona se encuentran las viñas de Art Laietà, una bodega familiar que produce vinos con D.O. Alella y D.O. Cava. Nació hace 35 años y, desde hace 15, aplica agricultura regenerativa. Trabaja sobre un suelo de sauló, arenoso y pobre en materia orgánica. “Por eso tiene tanto sentido la agricultura regenerativa”, explica Mireia Pujol-Busquets, directora adjunta de la bodega, y bióloga de formación. “Aunque la viña puede crecer en suelos pobres, debemos mantenerlos vivos. Una viña que no funciona la puedes arrancar y volver a plantar; el suelo, en cambio, no lo puedes sustituir”.Entre las prácticas que llevan a cabo destaca la reincorporación de los sarmientos de poda al terreno durante el invierno, que en Art Laietà desmenuzan y dejan sobre la superficie para que se integren de manera natural. Lo combinan con una cubierta vegetal espontánea, la misma que había cuando llegaron. “No arrancamos las raíces: dejamos un poco de cobertura para mantener la estructura del suelo y proteger la vida microbiológica”.

Cargando
No hay anuncios

La orografía también condiciona el trabajo. Art Laietà se encuentra en una zona de valles y pendientes donde, cuando llueve, a menudo lo hace de manera torrencial. A pesar de que el agua drena bien, existe riesgo de erosión. “Por eso el mulching —que es como se llaman estas cubiertas de los cultivos— nos ayuda mucho: reduce la erosión y conserva mejor la humedad. En estos años de sequía ha sido clave, porque mantiene una capa de humedad que protege la tierra”.Gracias a esta agricultura, “nunca hemos tenido ninguna enfermedad relacionada con el suelo ni ninguna plaga importante”, hecho que “aún tiene más valor porque somos una viña urbana”, explica Pujol-Busquets. A diferencia de las zonas rodeadas de campos o viñedos, donde los cultivos se benefician del equilibrio general del entorno, “nosotros debemos crearnos y mantener el equilibrio ecológico”, concluye.Vacas y corrales móviles

En el corazón de la Garrotxa, rodeada de bosque, se alza la finca Les Planeses. Allí conviven huertos, vacas de pasto, gallinas y pollos en un paisaje verde y húmedo. Marc Gràcia nos guía hasta el huerto, donde crecen hortalizas de temporada: desde tomates y pimientos en verano, hasta coles y puerros cuando llega el frío. Antes de empezar la explicación, sin embargo, se agacha y coge un puñado de tierra con las manos. Lo deshace lentamente. Entre los dedos aparecen raíces finas, pequeños gusanos y una estructura oscura y esponjosa. “Esto es un suelo vivo”.Gracia es una figura poco habitual dentro del sector agrario: combina el trabajo de payés con la investigación científica como investigador del CREAF. Su historia comenzó cuando quiso poner en práctica su conocimiento científico en una finca abandonada y que, con el sistema agrícola convencional, no tenía ningún futuro.

Cargando
No hay anuncios

Se lo tomó como un reto y quiso comprobar si el modelo regenerativo podía reavivar el terreno y devolverle la productividad. Al cabo de 10 años los mejores pronósticos se han cumplido y ha pasado a estar en pleno funcionamiento. “Para hacerse una idea, la materia orgánica –indicador de fertilidad– se ha casi triplicado”, dice. Aparte de no labrar la huerta, se han eliminado productos externos y también se pueden ver gallinas en zonas delimitadas, que “se comen insectos y ayudan a fertilizar la tierra, entre otras cosas”.Unos metros más allá del huerto, las vacas lecheras pastan al aire libre en parcelas separadas. Gracia explica que se mueven diariamente de un espacio a otro de manera planificada. Así comen la hierba cuando está a punto, pero no estropean las plantas con el pisoteo. Al mismo tiempo, gracias a sus excrementos fertilizan el prado, “es un doble beneficio”. El mismo principio se aplica a los pollos y las gallinas, que viven en corrales móviles con ruedas que se desplazan cada día. “Los animales y su movimiento son una parte muy importante para recuperar la fertilidad de la tierra”, apunta.Cambiar cómo pensamos para mejorar cómo comemos

Para conseguir escalar este modelo, el reto, coinciden, es cambiar de mentalidad. También reclaman más apoyo a los agricultores por parte de los gobiernos para poder hacer la transición hacia la agricultura regenerativa, sobre todo los primeros años, “que son los más duros”, afirman.Los consumidores también juegan un papel importante para ayudar a que salga a cuenta. Los tres agricultores destacan que es necesario hacer un consumo más conectado con el territorio: productos de temporada, de proximidad y producidos con responsabilidad ambiental. “Solo así podemos tener una soberanía alimentaria real”, añade Gràcia.Otra preocupación compartida es la falta de relevo generacional y la poca consideración social que, aseguran, aún arrastra el sector agrario. A esto se suma que es un trabajo muy mal remunerado, “a pesar de que, paradójicamente, no podemos vivir sin comer”, puntualiza Mas.

Cargando
No hay anuncios

Para atraer a más gente dispuesta a impulsar la agricultura regenerativa, proponen combinar incentivos, formación y casos prácticos reales. Los expertos explican que siempre ayuda poder visitar una finca que ya trabaja así, verlo sobre el terreno, hablar con la gente que lo hace y entender qué beneficios tienen, pero también con qué dificultades se encuentran.Y después está toda la parte de investigación. “Yo siempre digo que nosotros también hacemos un poco de científicos. Investigamos directamente sobre el terreno. A cualquier estudiante de doctorado o centro de investigación que quiera venir a probar cosas, a hacer ensayos o experimentos, nosotros les decimos que estamos dispuestos”, resalta Pujol-Busquets.Para ellos, la agricultura regenerativa no es solo una manera diferente de cultivar. También es una manera de repensar el papel del campesinado y la relación entre quien produce los alimentos y quien los consume. Ahora quieren que sus fincas sirvan de inspiración y aprendizaje para otros campesinos que se planteen sumarse al cambio.