Ni un día en casa

El secreto de Can Facundo no es solo su arroz: es el Jordi

Entre arroces, recuerdos de Josep Pla y una hospitalidad sin artificios, este restaurante se ha convertido en uno de los más queridos de Palafrugell

La Maricarme, el Jordi, la Anna Maria y el Hoggo con una bandeja de carrilleras de cerdo asadas.
  • Dirección: carrer de Torres i Jonama, 118, Palafrugell (Baix Empordà)Carta: con producto de territorio y sin esnobismosObligatorio: el arroz de PalafrugellVino: carta prácticaServicio: eficienteLocal: de los de antesPrecio pagado por persona: 40 €

Hay personas que tienen el talento de hacerte sentir esperado. Jordi es una de ellas. No es solo una manera de servir las mesas ni una cordialidad aprendida; también es una forma de mirar, de escuchar y de encontrar siempre la palabra justa. En su restaurante, la hospitalidad no es un gesto: es una manera de entender la vida. Por eso, cuando cruzas la puerta de Can Facundo, tienes la sensación de que has estado antes, aunque sea la primera vez.

Can Facundo es mucho más que un restaurante. Es uno de los nombres que forman parte de la memoria de Palafrugell. Todo comenzó hace más de sesenta años, cuando la familia abrió allí una pequeña tienda. Con los años, Jordi recogió aquel legado y lo transformó en una rosticería. Pero no se detuvo ahí. Hace más de doce años dio un paso más y amplió el proyecto hasta convertirlo en el restaurante que hoy conocemos: un lugar donde la tradición familiar continúa viva pero nunca inmóvil, aunque, como todo, costó tirar adelante. El secreto, apostar por la misma cocina, tradicional.

Su especialidad son los arroces. Bueno, de hecho, el arroz. Porque en la carta solo hay uno: el arroz de Palafrugell. Y no parece que necesiten ninguno más. Lo preparan en la cazuela, con personalidad propia, y los clientes lo piden casi por inercia.

Antes, sin embargo, abrimos el apetito. Llegan unas bravas que la carta define como "cargadas por el diablo", y podemos certificar que el diablo ha pasado por ellas de verdad. También unos calamares a la andaluza y una ensalada de habas tiernas con langostinos que aportan el contrapunto más fresco. Entonces sí. Es el turno del arroz de Palafrugell.

"Solo tenemos este en la carta, pero es nuestro éxito. Todo el mundo lo pide", explica Jordi. Y no cuesta entender por qué. Es de esos platos que no necesitan presentaciones grandilocuentes: solo una cuchara y hambre. Pero somos incapaces de resistirnos a la tentación. Vemos pasar un entrecot hacia otra mesa, lo seguimos con la mirada como quien observa un tren que se va... y a los dos minutos ya hemos pedido uno para compartir.

Los postres también son todos caseros: un flan delicioso, una pasta de hojaldre rellena de cabello de ángel y un pastel de manzana que cierra la comida con esa sencillez que siempre funciona. Todo ello regado con un Montmar de garnacha negra, elegante y equilibrado.

Los clientes son fieles a Jordi porque él es fiel a cada uno de ellos. Los hay de Palafrugell, de Barcelona, de la Cataluña Norte, de Francia... pero todos acaban compartiendo la misma sensación: aquí los tratan como si fueran de casa.

Y esto tiene una explicación muy sencilla. Jordi es el alma de Can Facundo. Disfruta conversando, escuchando y haciendo sentir cómodos a los demás. Es sincero, natural y de esas personas que no necesitan hacer teatro porque su manera de ser ya llena el espacio.

También era de Palafrugell Josep Pla. Y, de hecho, Pla había tenido una gran amistad con Manel, el padre de Jordi y fundador de Can Facundo.

"Mi padre le llevaba los papeles, pasaba por casa y yo lo acompañaba hasta la de Pla. Allí podíamos pasarnos horas. Pla era una esponja: hablaba con todo el mundo y sabía sacar jugo de cualquier conversación", recuerda Jordi. Sonríe antes de añadir: "Yo intento imitarlo, pero no me sale. Él era un genio haciendo eso". Quizás se equivoca. Quizás no escribe como Pla. Pero, a su manera, también domina el arte de escuchar a las personas.

Y esto explica muchas cosas.

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