Reportaje

Los guardianes de la nieve: "La gente no se informa y por ignorancia o por atrevimiento sube a la montaña poco formada"

En el Centro de Lauegi d'Aran llevan más de 20 años haciendo trabajo de campo y documentando la montaña para ayudar a evitar tragedias

05/02/2026

BarcelonaEl 17 de febrero de 1930 un alud en el Pirineo catalán costó la vida de Heinz Baldauf, un joven esquiador italiano de 21 años. Baldauf estaba en La Molina para participar en una prueba del Campeonato de Catalunya de esquí, competición en la que acabó en la octava posición. Al día siguiente, acompañado del inglés Herbert Glaeser, decidió subir al monte Alp. Pero ese año 1930 no era como los demás. La gente de la Cerdanya aún le recuerda como "el año de la nieve", ya que no paró de nevar durante días, lo que cortó caminos y derribó tejados. Aquel 17 de febrero los dos jóvenes se perdieron en la zona de la coma de Set Fonts y se produjo un alud que pondría fin a la vida del surtirolés. "Es una fecha importante. Por primera vez una persona perdía la vida en un alud documentado en el Pirineo por una actividad lúdica, en este caso una práctica deportiva", explica Montse Bacardit, técnica del Centro de Lauegi d'Aran, el servicio público de predicción de aludes del Conselh Generau d'Aran. La tragedia que puso fin a la vida de Baldauf seguramente la provocaron los propios esquiadores, sobrecargando la vertiente y desencadenando el alud.

Cuando se acerca el invierno, en el Centro de Lauegi saben que les tocará trabajar más intensamente. El Centro trabaja en la predicción del peligro de aludes en el territorio del Vall d'Aran con un boletín diario elaborado por un equipo técnico en nivología y aludes. Los aludes forman parte de la vida en la montaña, siempre ha sido así. En el Pirineo todavía quedan canciones y gozos dedicados a la Virgen de las Nieves que recuerdan días trágicos como el día de Navidad de 1803, cuando un alud arrasó el pueblo de Àrreu y murieron 17 personas. O la tragedia del año 1855 en el valle de Toran, cuando un alud de nieve polvo se llevó a los vecindarios de Era Cassenhau y Pradet, y provocó la muerte de 55 personas, prácticamente todos sus habitantes. O aún más lejos en el tiempo, la que arrasó a Tavascan durante el siglo XVI. Los aludes forman parte de la vida en la montaña, pero sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX cambiaron las cosas, con más aludes provocados por la actividad humana, por lo que se hizo más necesario el trabajo de las personas que luchan por entender la nieve, proveer de sistemas de defensa contra los aludes naturales, establecer programas de predicción del peligro de aludes y conciencia accidente.

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Personas como Montse Bacardit. Esta profesional del Centro de Lauegi es nivóloga, es decir, especialista en la nieve. Cuando el Pirineo vive un invierno de nevadas abundantes y continuadas como es el caso de este año, su trabajo aumenta, ya que el peligro de aludes es elevado y no hay tregua para que se atenue. "Estas semanas del corazón del invierno trabajamos sin cesar, un montón de horas. Este invierno ha sido realmente excepcional. Mentalmente te absorbe las 24 horas al día, porque cuando crece la actividad humana, tanto recreativa como cotidiana, hay mucha exposición en el terreno propenso a los aludes", explica. La nieve es fascinante y compleja. Por eso cada semana el equipo técnico el Centro de Lauegi tiene que hacer un montón de kilómetros esquiando, para tener cuanta más información mejor y poder hacer de forma más esmerada su boletín, clave para quien quiere salir a disfrutar de la montaña. Kilómetros y kilómetros esquiando para recoger información, haciendo cortes en la nieve, analizando todas sus capas, para ver si es estable o inestable, el gradiente de temperatura, la dureza... Todo lo necesario para sacar conclusiones y decidir si una zona entra en una clasificación de cinco categorías sobre peligro de aludes. "Una vez llega la nieve y ya hay un primer manto suficiente para deslizar, toca salir para documentarlo", explica Montse. En función de muchas variables meteorológicas, la nieve es más o menos estable, es decir, menos o más propensa a los aludes. Un montón de información que en manos de profesionales puede servir para informar a los ciudadanos.

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Bacardit, nacida en el Bages, estudió biología pero la pasión por la nieve la llevó a especializarse por ser nivóloga. "Soy bióloga, pero mientras estudiaba el doctorado en estanques de montaña hice bastante trabajo de campo en condiciones invernales y en nieve. Cuando terminé la tesis doctoral fui a Canadá, donde hay unos cursos profesionales para especializarse en nivología y entender los aludes. Hice todos los cursos posibles en Canadá y tuve la suerte de encontrar un trabajo. En lugares como Canadá se convive con cierta normalidad con los aludes. Allí los aludes que implican actividad humana también son frecuentes y tienen documentados de hace más de un siglo, con un caso mortal relacionado con la construcción de ferrocarriles a inicios del siglo XX. En lugares como Pirineo y Canadá la mejora de políticas de protección ha hecho que sea extraño que se vivan aludes naturales con víctimas como las de inicios del XIX o las que desgraciadamente todavía pasan en el Himalaya. Algo distinto es con la actividad humana.

"El riesgo siempre está ahí"

Los técnicos de Lauegi ya suman años de experiencia para entender la montaña con ayuda de la tecnología. Así, crean el boletín e informan, y pueden determinar el peligro de aludes y, si es necesario, realizar explosiones controladas para provocarlas. Hace un año también empezaron a trabajar con la inteligencia artificial para predecir de forma más objetiva el peligro de aludes. En las últimas temporadas los datos confirman una tendencia hacia inviernos más cálidos y con menos nieve, pero eso no quiere decir que en inviernos secos no exista el peligro: "El peligro está siempre, también cuando ha nevado poco. El peligro existe seas amateur o profesional. Desgraciadamente, algunos accidentes afectan a una persona que cuenta con una persona que cuenta con la experiencia de 4 personas. 2025, cuando fue arrastrada 180 metros monte abajo durante una travesía. Era una jornada con nivel de peligro 2 de una escala de 5, pero el susto ocurrió. "Si nos pasa a los profesionales, es una señal de atención también para los amateurs. Es importante que la gente se informe. A veces es frustrante, porque la gente no se informa y por ignorancia o por atrevimiento suben a la montaña poco formados y con objetivos poco adecuados a las condiciones", explica. Por ejemplo, recuerda que hay que salir siempre con un equipamiento básico formado por pala, sonda y el DVA, un aparato electrónico emisor y receptor de una señal electromagnética que permite localizar con rapidez a una persona enterrada. También existen mochilas preparadas para mantenerse en la superficie en caso de alud mediante un sistema de airbag y cascos. Llevar el material de seguridad y saber utilizarlo es clave, ya que la gente suele salir en grupo y debes poder ayudar a una persona que quede debajo de la nieve. Según los estudios, más del 90% de las personas que quedan sepultadas sobreviven si pueden sacarlos durante los primeros 10 minutos. Luego la media de posibilidad de sobrevivir desciende dramáticamente.

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Aunque la tendencia de los últimos años es de inviernos con menos nieve, éste ha visto nevadas muy fuertes. Por ejemplo, la estación de Port Ainé se ha situado como la cuarta de todo el mundo con mayor cantidad de nieve, sólo por detrás de una estación Suiza y dos japonesas. Más de tres metros de nieve en una estación que se ha llenado hasta los topes. "Cuando nieva fuerte sube más gente, es normal, pero también hay un aumento del peligro de aludes", dice Montse. Cuantas más personas, mayor exposición y mayor riesgo de accidente. En los últimos años algunas modalidades deportivas han ido sumando más adeptos, como ocurre con el esquí de montaña y también con el esquí alpino fuera de pista, conocido como freeride. "Para esquiar fuera de pista es necesario estar formado y tener prudencia, ya que se sale del dominio controlado de la estación", dice Bacardit. Esta Navidad se hizo viral un vídeo de la esquiadora especializada en freeride Ares Masip, que grabó cómo se desencadenaba un alud y era arrastrado unos metros a la cima del Hortell, en Andorra. Masip estaba sola fuera de pista a más de 2.400 metros, solo acompañada por su perro, cuando desató accidentalmente un alud de placa que por suerte no se la llevó. "Cada vez hay gente que esquía mejor, y se confían. O tal vez sea un fenómeno de buscar la aventura y sacar pecho en las redes sociales. Cuando se abren los remontes en la estación de Baqueira Beret al día siguiente de una nevada, es increíble, pero la gente se tira por todas partes como si no hubiera un mañana".

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Un invierno trágico

Esta temporada 10 personas ya han perdido la vida por aludes en el Pirineo. Y se han documentado aún más accidentes que han terminado con personas atendidas, casi siempre episodios relacionados con la práctica lúdica del esquí o excursiones en raquetas. Según datos del Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña, en los últimos 40 años, más de 50 personas han perdido la vida en más de 300 accidentes documentados. Motivo por el que los profesionales como Montse piden prudencia y formación a todo el que quiera salir a esquiar. "En el Centro de Lauegi hacemos una previsión regional para todo el territorio del Vall d'Aran y también la predicción específica y el control de aludes para las carreteras del puerto de la Bonaigua y de acceso a Beret. Y tenemos el Boletín de peligro de aludes, que se puede consultar en la web", explica. Este boletín se puede consultar online, traducido a siete idiomas diferentes para hacerlo accesible. El equipo técnico forma parte de la Asociación para el Conocimiento de la Nieve y las Aludes, que con 40 formadores imparte cursos en centros excursionistas ya todo el mundo que quiera estar preparado. ~BK_SLT_ las raíces de la predicción de aludes en el Pirineo catalán llegan hasta la década de los años 80 gracias a la iniciativa de dos estudiantes de geología: Xavier Bosch, que entonces trabajaba en el recién creado Servicio Geológico de Cataluña, y Joan Manuel Vilaplana, conocido por todos como Nué, profesor en la Facultad de Geología de la Universidad de Barcelona. de aludes con el objetivo de evitar accidentes, así que decidieron hacer lo mismo en los Pirineos. Había que empezar de cero, por lo que pidieron ayuda a Henri Pejouan, de Perpiñán, miembro de la Association Nationale pour el Étude de la Neige et des Avalanches (Den 'el van van') formarse en un curso de Anena en Chamonix. Ésta fue la semilla del primer curso de formación de observadores de la nieve, orientado a bomberos y socorristas, que se hizo en la Universidad de Barcelona a finales de los años 80.

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Dos estudiantes de aquel curso fueron la Gloria Furdada . Nieve y Aludes– y Jordi Gavaldà. Ambos serían clave para organizar la primera red de observadores de datos de la nieve, muchas veces guardas de refugios y socorristas de estaciones de esquí, que les hacían llegar los datos diarios de forma altruista. Después de años mejorando y formándose participando en congresos en los Alpes y Estados Unidos, la temporada 1990-1991 decidieron dar el paso de publicar por primera vez un boletín de peligro de aludes público, una vez por semana. La idea de hacerlo los jueves fue para ofrecerle la información a la gente que iba a esquiar el fin de semana. El reto era enviar la información al máximo de gente, así que buscaron la colaboración de la Federación de Entidades Excursionistas de Cataluña. En una era sin internet, el boletín se enviaría por fax y podría escucharse llamando a un número de teléfono donde se grabarían los mensajes para emitirlo.

Llamar a la puerta de TV3

Furdada llegó a visitar personalmente a los hombres del tiempo de Televisió de Catalunya para pedir a unos sorprendidos Alfred Rodríguez Picó y Tomàs Molina que explicaran que existiría este servicio los días que detectaran mucha nieve. Aunque el proyecto sufrió un fuerte golpe por la muerte por culpa de una enfermedad de uno de sus padres, Xavier Bosch, en diciembre de 1990 se emitió el primer Boletín de Peligro de Aludes del Pirineo de Cataluña. Entonces Jordi Gavaldà ya estaba instalado en Vall d'Aran, desde donde recogía datos de los observadores de los refugios a través de radio y los enviaba para el Boletín. Gavaldà se hizo cargo del proyecto a partir de 1991, cuando Furdada fue contratada como profesora ayudante en la UB.

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Y sería Gavaldà quien iría construyendo el proyecto que acabaría convertido en el Centro de Lauegi d'Aran, dependiente del Conselh Generau d'Aran. Desde 1990 que el Vall d'Aran cuenta con un técnico de aludes, Jordi. "El invierno del 2003 fue un punto de inflexión. Hubo una crisis de aludes bastante excepcional que afectó a las carreteras, que estuvieron colgadas muchos días. Aludes con casas destruidas... Aunque no hubo ninguna muerte, aquel invierno quedó claro que había que poner en marcha un servicio de predicción de Aludes propio. Y se fundó el Centro de Lauegi, situado en el Centro de Empresas Innovadoras (CEI) de Casau, convertido hoy en día en una referencia en la predicción de aludes de los Pirineos y que forma parte de los Servicios Europeos de Alerta de Aludes. "El centro nace primero para hacer una predicción específica del Valle de Arán y las carreteras locales, pero ha ido creciendo. Primero era Jordi solo, pero después se incorporó un segundo técnico, Ivan Moner, que desde hace dos inviernos está en otro proyecto y ha sido sustituido por Sara Orgué. diario", explica Bacardit. Un equipo que aplica los estándares europeos para la predicción y publicación del boletín.

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En el Pirineo se hacen diferentes boletines, incluidos dentro del EAWS (European Avalanche Warning Services), la entidad europea que garantiza profesionalidad. Aparte del del Centro de Lauegi, tenemos lo que hace elInstituto Cartográfico y Geológico de Cataluña, dando continuidad al trabajo iniciado por Bosch y Vilaplana en los años 80. Además, Météo-France se encarga de tener un boletín en la parte francesa, hay uno del gobierno andorrano y el de Aemet, la agencia española. Por último, está a punto de salir del horno un nuevo boletín público oficial para el Pirineo aragonés, un proyecto liderado por Ivan Moner. Profesionales que trabajan para concienciar a todo aquel que ama la nieve para que no olviden la prudencia. El peligro siempre está ahí, conviviendo con la belleza de unos paisajes únicos.