"La gente no se informa y por ignorancia o atrevimiento, sube a la montaña poco formada"
En el Centro de Lauegi d'Aran llevan más de 20 años haciendo trabajo de campo y documentado la montaña para ayudar a evitar tragedias
BarcelonaEl 17 de febrero de 1930, un alud en el Pirineo catalán costó la vida de Heinz Baldauf, un joven esquiador italiano de 21 años. Baldauf estaba en La Molina para participar en una prueba del campeonato de Catalunya de esquí, competición en la que finalizó en la octava posición. Al día siguiente, acompañado del inglés Herbert Glaeser, decidió subirse al Puig d'Alp. Pero ese año 1930 no era como los demás. La gente de la Cerdanya aún le recuerda como "el año de la nieve", pues no paró de nevar durante días, cortando caminos y derribando tejados. Aquel 17 de febrero los dos jóvenes se perdieron en la zona de la coma de Set Fonts y se produjo un alud que pondría fin a la vida del joven surtirolés. "Es una fecha importante. Por primera vez, una persona perdía la vida en un alud documentado en el Pirineo por una actividad lúdica, en este caso una práctica deportiva" explica Montse Bacardit, técnico del Centro de Lauegi d'Aran, el servicio público de predicción de aludes del Conselh Generau d'Aran. La tragedia que puso fin a la vida de Baldauf seguramente la provocaron los propios esquiadores, sobrecargando la vertiente y desencadenando el alud.
Cuando se acerca el invierno, en el Centro de Lauegi saben que les tocará trabajar más fuerte. Este Centro trabaja en la predicción del peligro de aludes por el territorio del Vall d'Aran con un boletín diario elaborado por un equipo técnico en nivología y aludes. Los aludes forman parte de la vida en la montaña, siempre ha sido así. En el Pirineo todavía quedan canciones y gozos dedicados a la Virgen de las Nieves que recuerdan días trágicos como ese día de Navidad de 1803, cuando un alud arrasó el pueblo de Àrreu y murieron 17 personas. O aquella tragedia del año 1855 en el Valle de Toran, cuando un alud de nieve polvo se llevó a los vecindarios de Era Cassenhau y Pradet, y provocó la muerte de 55 personas, prácticamente todos sus habitantes. O aún más lejos en el tiempo, la que arrasó a Tavascan durante el siglo XVI. Los aludes forman parte de la vida en la montaña pero a partir del siglo XX cambiaron las cosas con más aludes provocados por la actividad humana, haciendo más necesario el trabajo de las personas que luchan por entender la nieve y concienciar a la gente para evitar el peligro de aludes y verse implicado en un accidente.
Personas como Montse Bacardit. Esta profesional del Centro de Lauegi es nivóloga, es decir, especialista en la nieve. Cuando el Pirineo vive un invierno de nevadas abundantes y continuadas como ha sido este año, su trabajo crece, ya que hay más peligro. "Estas semanas del corazón del invierno trabajamos sin cesar, un montón de horas. Este invierno ha sido realmente excepcional. Mentalmente te absorbe las 24 horas al día porque cuando crece la actividad humana, tanto recreativa como cotidiana, hay mucha exposición en el terreno propenso a los aludes" explica. La nieve es fascinante y compleja. Por eso cada semana el equipo técnico el Centro de Lauegi sale a montar un montón de kilómetros esquiando, para tener cuanta más información mejor y poder hacer de forma más cuidadosa su boletín, clave para quien quiere salir a disfrutar de la montaña. Kilómetros y kilómetros esquiando para tener cuanta más información mejor, haciendo cortes en la nieve, analizándola todas las capas, para ver si se firme, si se desplaza, la temperatura, la consistencia... Todo lo necesario para sacar conclusiones y poder decidir si esa zona entra en una clasificación de cinco categorías sobre peligro de aludes. "Una vez llega la nieve y ya hay un primer manto suficiente para deslizar toca salir para documentarlo" explica Montse. En función de la temperatura, la nieve puede desplazarse más o menos, por ejemplo. Un montón de información que en manos de profesionales puede servir para alertar a los ciudadanos.
Bacardit, nacida en el Bages, estudió biología pero la pasión por la nieve la llevó a especializarse por ser nivóloga. "Soy bióloga, pero mientras estudiaba el doctorado en estanques de montaña hice bastante trabajo de campo en condiciones invernales y en nieve. Cuando terminé la tesis doctoral fui a Canadá, donde hay unos cursos profesionales para especializarse en nivología y entender los aludes. Hice todos los cursos posibles en Canadá y tuve la suerte de encontrar un trabajo. En lugares como Canadá se convive con cierta normalidad con los aludes. Allí los aludes que implican actividad humana también son frecuentes y los tienen documentados hace más de un siglo, con un caso mortal relacionado con la construcción de ferrocarriles a inicios del siglo XX. En lugares como el Pirineo o Canadá la mejora de políticas de protección ha hecho que sea extraño que se vivan aludes naturales con víctimas como aquellas de inicios del XIX o las que desgraciadamente todavía ocurren en el Himalaya. Algo distinto es con la actividad humana.
"El riesgo siempre está ahí"
Los técnicos de Lauegi ya suman años de experiencia para entender la montaña con ayuda de la tecnología. Así crean el boletín, informan y pueden decidir qué peligro de aludes existe y si es necesario, hacer explosiones controladas para provocar los aludes. Hace un año también empezaron a trabajar con la inteligencia artificial para predecir mejor qué puede pasar. En las últimas temporadas los datos confirman una tendencia hacia inviernos más cálidos y con menos nieve, pero esto no quiere decir que en inviernos secos no exista el peligro: "El peligro está siempre, también cuando ha nevado poco. El peligro existe seas amateur o profesional. Desgraciadamente, algunos accidentes afectan a personas formadas y con experiencia" dice Montse, del 2025, cuando fue arrastrada 180 metros monte abajo durante una travesía. Era una jornada con nivel de peligro 2 de una escala de 5, pero el susto ocurrió. "Si nos pasa a los profesionales, es una señal de atención también para los amateurs. Es importante que la gente se informe, a veces es frustrante que la gente no se informa y por ignorancia o atrevimiento, sube a la montaña poco formada" explica. Por ejemplo, habría que salir siempre con un equipamiento básico formado por pala, sonda y el DVA, un aparato electrónico emisor y receptor de una señal electromagnética que permite localizar con rapidez a una persona enterrada. También existen mochilas preparadas para mantenerse en la superficie en caso de alud mediante un sistema de airbag y cascos. Llevar el material de seguridad y saber utilizarlo es clave, ya que la gente suele salir en grupo y puedes ayudar a una persona que quede debajo de la nieve. Según los estudios realizados, más del 90% de las personas que quedan sepultadas sobreviven si pueden sacarlos durante los primeros 10 minutos. Después, la media de posibilidad de sobrevivir desciende dramáticamente.
Aunque la tendencia de los últimos años es de inviernos con menos nieve, éste ha visto nevadas muy fuertes. Por ejemplo, la estación de Port Ainé se ha situado como la cuarta de todo el mundo con mayor cantidad de nieve, sólo por detrás de una en Suiza y dos japonesas. Más de tres metros de nieve en una estación que se ha llenado hasta los topes. "Cuando nieva fuerte más gente sube, es normal, pero también hay un aumento del peligro de aludes", dice Montse. Cuantas más personas, mayor exposición y mayor riesgo de accidente. En los últimos años algunas modalidades deportivas han ido sumando más adeptos, como ocurre con el esquí de montaña y también con el esquí alpino fuera de pista, el conocido como freeride. "Para esquiar fuera de pista es necesario estar formado y tener prudencia, ya que se sale del dominio controlado de la estación" dice Bacardit. Esta Navidad se hizo viral un vídeo de la esquiadora especializada en freeride Ares Masip, quien grabó cómo se desencadenaba un alud y era arrastrado unos metros a la cima del Hortell, en Andorra. Masip estaba sola fuera de pista a más de 2.400 metros acompañada por su perro, cuando desató accidentalmente un alud de placa que por suerte no se la llevó. "Cada vez hay gente que esquía mejor y se confían. O quizás es un fenómeno de buscar la aventura o sacar pecho en las redes sociales. Cuando se abren los remontes en la estación de Baqueira-Beret al día siguiente de una nevada, es increíble, pero la gente se echa por todas partes como si no hubiera uno".
Un invierno trágico
Esta temporada 10 personas han perdido la vida por aludes en el Pirineo. Y se han documentado aún más accidentes que han terminado con personas atendidas, casi siempre episodios relacionados con práctica lúdica del esquí o excursiones en raquetas. Según datos del Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña, en los últimos 40 años, más de 50 personas han perdido la vida en más de 300 accidentes documentados. Motivo por el que los profesionales, como Montse, piden prudencia y formación a todo el que quiera subir a esquiar. "En el Centro de Lauegi hacemos una previsión regional por todo el territorio del Vall d'Aran y también la predicción específica y el control de aludes por las carreteras del Puerto de la Bonaigua y Acceso a Beret. Y tenemos el Boletín de peligro de aludes que se puede consultar en la web de forma pública" explica. Un Boletín que todo el mundo puede consultar online, traducido en siete idiomas distintos para hacerlo accesible. El equipo técnico, además, también forma parte de la Asociación para el Conocimiento de la Nieve y las Aludes, que con 40 formadores imparte cursos en centros excursionistas ya todo el mundo que quiera estar preparado.
El centro de Lauegi nace ya en este siglo XXI, pero las raíces de la predicción de aludes en el Pirineo catalán llegan hasta la década de los años 80 gracias a la iniciativa de dos estudiantes de geología: Xavier Bosch, que entonces trabajaba en el recién creado Servei Geològic de Catalunya; y Joan Manuel Vilaplana, conocido por todos como Nué, profesor en la Facultad de Geología de la Universidad de Barcelona. Bosch y Vilaplana descubrieron que en los Alpes se hacía un boletín de peligro de aludes con el objetivo de evitar accidentes, así que decidieron hacer lo mismo en los Pirineos. Había que empezar de cero, así que pidieron ayuda a Henri Pejouan de Perpiñán, miembro delAssociation Nationale pour el Étude de la Neige et des Avalanches (ANENA). De él recibieron consejos y vieron cómo se les abrían las puertas para formarse en un curso de ANENA en Chamonix. Ésta fue la semilla del primer curso de formación de observadores de la nieve, orientado a bomberos y socorristas, que se hizo en la Universidad de Barcelona a finales de los años 80.
Dos estudiantes de ese curso fueron la Gloria Furdada, los cuales documentaron el proceso de nacimiento de esta escuela en un Nieve y aludes, y Jordi Gavaldà. Ambos serían claves para organizar la primera red de observadores de datos de la nieve. Estos entusiastas lucharon por conseguir dinero para comprar material, dar charlas en centros excursionistas y formar colaboradores para la obtención de datos, muchas veces guardas de refugios y socorristas de estaciones de esquí que les hacían llegar los datos diarios de forma altruista. Después de años mejorando y formándose participando en congresos en los Alpes o Estados Unidos, la temporada 1990-1991 decidieron dar el paso de publicar por primera vez un Boletín de Peligro de Aludes público, una vez por semana. La idea de hacerlo los jueves fue para ofrecerle la información a la gente que subía a esquiar el fin de semana. El reto era hacer llegar la información a más gente mejor, así que buscaron la colaboración de la Federación de Entidades Excursionistas de Cataluña. En una era sin internet, el boletín se enviaría por fax y podría escucharse llamando a un número de teléfono donde se grabarían los mensajes para emitir el boletín.
Llamar a la puerta de TV3
Furdada llegó a visitar personalmente a los hombres del tiempo de Televisió de Catalunya, pidiendo a unos sorprendidos Alfred Rodríguez Picó y Tomàs Molina que explicaran que existiría este servicio los días que detectaran mucha nieve. Aunque el proyecto sufrió un fuerte golpe por la muerte por culpa de una enfermedad de uno de sus padres, Xavier Bosch, en diciembre de 1990 se emitió el primer Boletín de Peligro de Aludes del Pirineo de Cataluña. Entonces Jordi Gavaldà ya estaba instalado en el Vall d'Aran, recogiendo datos de los observadores de los refugios a través de radio y enviándoles el boletín. Gavaldà se hizo cargo del proyecto a partir de 1991, cuando Glòria Furdada fue contratada como profesora ayudante en la UB.
Y sería Gavaldà quien iría construyendo el proyecto que acabaría convertido en el Centro de Lauegi d'Aran dependiente del Conselh Generau d'Aran. Desde 1990 que el Vall d'Aran cuenta con un técnico de aludes, Jordi. "El invierno del 2003 fue un punto de inflexión. Hubo una crisis de aludes bastante excepcional que afectó a las carreteras y estuvieron colgadas muchos días. Aludes con casas destruidas, accidentes... Aunque no hubo ninguna muerte, aquel invierno quedó claro que había que poner en marcha un servicio de predicción de Vallde". Y se fundó el Centro de Lauegi situado en el Centro de Empresas Innovadoras (CEI) de Casau, convertido hoy en día en una referencia en la predicción de aludes de los Pirineos, formando parte de los Servicios Europeos de Alerta de Aludes. "El centro nace primero para hacer una predicción específica del Vall d'Aran y las carreteras locales, pero ha ido creciendo. Primero estaba Jordi solo, pero después se incorporó un segundo técnico, Ivan Moner, que desde hace dos inviernos está en otro proyecto y ha sido sustituido por Sara Orgué. Y finalmente yo que me uní el 201". Bacardo. Un equipo que aplica los estándares europeos por la predicción del peligro y publicación del BPA.
En el Pirineo se hacen diferentes boletines incluidos dentro del EAWS (European Avalanche Warning Services), entidad europea que garantiza profesionalidad. Aparte de aquél del centro Lauegi, tenemos lo que hace el Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña dando continuidad al trabajo iniciado por Bosch y Vilaplana en los años 80. Además, Meteo France se encarga de tener un boletín en la parte francesa, existe uno del gobierno andorrano y el de la AEMET, la agencia española de meteorología. Además está a punto de salir del horno un nuevo boletín público oficial para el Pirineo aragonés, con los mismos estándares europeos, proyecto liderado por Ivan Moner. Profesionales que trabajan de forma incansable para concienciar a todo aquel que ama la nieve para que lo haga con prudencia. El peligro siempre está ahí, conviviendo con la belleza de unos paisajes únicos.