Viva la vida

Mujeres que fustigan y hombres que miran a otro lado

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17/03/2026
Escritora, guionista y comunicadora
2 min

Hace poco viví una situación chocante con un compañero de mesa de tertulia televisiva. Una mujer había venido al estudio y explicó que forma parte de una asociación de madres con hijos con discapacidad. A mí me sorprendió que fuera una asociación sólo de madres, y en un momento de pausa me acerqué para saber el motivo. Este compañero, cuando supo mis intenciones, soltó un irónico: "Ya puedes ir a hostigar" que me dejó clavada.

No le dije nada y hablé con la invitada, que me aclaró que así era porque el 90% de los progenitores que se hacen cargo de los cuidados de los hijos con discapacidad son mujeres. Vuelvo, se lo cuento al compañero de mesa, y me espeta que él también se hace cargo de un familiar con un alto grado de dependencia. Y sé que es así, y sé que es una situación muy dura y muy loable que lo haga. Pero eso no quita que las mujeres sigan siendo en un 90% quien se hace cargo de los cuidados de los hijos con discapacidad. No importa. El hombre no se excusó por el reproche en tono de bromita y continuó encumbrado en su posición.

Han pasado días y el runrún no me ha abandonado. Porque me coció. Porque todavía me cuece. Me cuece muchísimo que tantos hombres progresistas, ante cualquier cosa que suene a feminismo, tengan como primera reacción el ataque (aunque en tono de bromita aparentemente inocente) o la defensa (el odioso #notallmen, el impulso de aclarar que ellos no, eh, ellos no). ¿Por qué este compañero de mesa, que vive una situación tan parecida, no vino conmigo a preguntar? ¿No tenía ganas de descubrir si la asociación sólo era de madres porque excluía a los hombres, o porque mayoritariamente era una tarea hecha por mujeres y para denunciar su injusticia? En lugar de esa curiosidad prefirió lanzar el dardo y acusarme de hostigar. Porque queda claro que para él mi impulso (y por tanto, el impulso de las feministas) es éste: azotar, atacar, flagelar, castigar, azotar y reanudar. ¿A quién? A los hombres así en general.

El feminismo no va de flagelar a los hombres

Y mira, no. Me produce vergüenza ajena tener que aclararlo, porque somos gente adulta y con cierta formación intelectual, pero no. No es esto. El feminismo no va de flagelar a los hombres, va a atacar el puto sistema patriarcal. Y lo digo así de cabreo porque es por cabrearse que, en lugar de interés y solidaridad, recibimos suspicacia y bromitas de mierda. Vivimos en un mundo que hace posible el caso Pelicot, donde surgen noticias de ataques machistas de debajo de las piedras, donde ya hemos olvidado la noticia del grupo de Telegram de cien mil hombres de Portugal que intercambiaban fotos de sus parejas desnudas sin su consentimiento, donde las mujeres morimos por crímenes machistas. Y donde la tarea mental y la tarea diaria a la hora de los cuidados sigue recayendo sobre nosotros. Pero cuando nos interesamos por el tema resulta que hostiguemos. Si fuera por cualquier otra causa mundial, ningún problema, pero al feminismo, ni agua, sólo basura. Y si en el artículo anterior me preguntaba "¿Dónde están los hombres?", aquí no puedo dejar de preguntarme qué les ocurre a muchos de ellos, porque sinceramente, no lo entiendo.

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