Mbappé, un problema de etiqueta
Esta fotografía se hizo el lunes. No tiene ninguna pretensión artística, sino más bien testimonial. Pero después de que se desencadenara una crisis diplomática entre el mundo del fútbol y el gobierno de China, la etiqueta de la botella de agua con el rostro de Mbappé sonriente resulta irónica. La expresión del futbolista adquiere un significado casi cómico. Hace años que Kylian Mbappé es un activo comercial en el mercado chino. La cara del jugador sirve para vender, entre otros productos, agua embotellada con propiedades isotónicas. A juzgar por las etiquetas de las botellas, el futbolista parece incluso que aporte propiedades aromáticas. Una bebida tiene sabor a melocotón, la otra de limón, y la que lleva la fotografía del jugador es como si contuviera la esencia de Mbappé. Agua de Mbappé. En el envase, el futbolista ríe, ajeno al conflicto de grandes dimensiones que se ha desencadenado por un comentario espontáneo: el jugador explicó que su meme preferido es uno donde se superpone su rostro al de Mao Zedong. El futbolista se refirió a él como "un dictador chino", que es lo que fue. Le gusta porque exagera su autoridad en el equipo y entre los compañeros. En un mundo de egos estratosféricos, convertirse en un personaje de poder absoluto incrementa la autoestima.
La broma ha indignado a las autoridades chinas. El grupo de bebidas Dongpeng ha roto el contrato de patrocinio con el futbolista. La televisión estatal china ha suspendido las retransmisiones de los partidos de la liga española y de cualquier otro donde juegue Mbappé, y el ministerio de Asuntos Exteriores del país ha afirmado que las palabras que hieren los sentimientos del pueblo chino provocan el rechazo de la sociedad. El enojo ha provocado una reacción inmediata de arrepentimiento servil. Mbappé se ha apresurado a pedir disculpas por su comentario “poco afortunado” y LaLiga ha hecho suya la ofensa lamentando profundamente la situación y prometiendo trabajar con las instituciones chinas para reparar el daño. Una genuflexión tan desesperada que evidencia cómo las servidumbres económicas pasan por delante de la lógica, de los valores y del simple rigor histórico.
La cadena de los hechos es delirante. La mención de un meme grotesco deriva en la retirada de productos comerciales con la imagen del jugador y cancela la emisión de partidos de fútbol. El capitalismo necesita figuras internacionales y el deporte lo facilita. Pero la universalidad topa con sensibilidades geopolíticas y cuestiones de identidad nacional. Pasamos a ser espectadores de una guerra de las imágenes posmoderna. Como siempre, la imagen es objeto de admiración y motivo de disputa. Un meme o un envase de agua demuestran cómo, hoy en día, las grandes tensiones culturales se manifiestan en productos de consumo fugaz e intranscendente. Ahora, y depende de quién lo mire, la sonrisa de Mbappé en la etiqueta se ha convertido o en reverencial o en burlesca.