"No ves fronteras, no ves líneas religiosas, no ves límites políticos. Tan solo ves la Tierra"

Durante el lanzamiento del Artemis II en la misión lunar de la NASA, la CNN entrevistó a William Shatner, el actor que interpretó al capitán Kirk en la serie Star Trek. Shatner no solo navegó por el Universo en la ficción. En 2021, con noventa años, viajó al espacio con Blue Origin. Cuando le preguntaron por la experiencia de ver la Tierra desde tan lejos confesó que sintió una tristeza inmensa. En sus memorias explicó que no podía parar de llorar: “Mi viaje al espacio tenía que ser una celebración y, en cambio, fue un funeral. Fue una de las sensaciones más intensas que he experimentado nunca. El contraste entre la frialdad despiadada del espacio y el cálido abrazo protector de la Tierra, allá abajo, me llenó de una tristeza abrumadora. Cada día conocemos nuevas destrucciones de la Tierra causadas por nosotros mismos: la extinción de especies animales, de la flora y la fauna... cosas que han tardado cinco mil millones de años en evolucionar y que, de repente, no volveremos a ver nunca más por culpa de la interferencia de la humanidad. Me llenó de espanto”.

Cuando el astronauta William Anders fotografió la Tierra desde el Apollo 8 el 24 de septiembre de 1968, no se imaginaba que aquella imagen transformaría la concepción que teníamos del mundo: “Vinimos hasta aquí para explorar la Luna, y lo más importante es que descubrimos la Tierra”. Hasta entonces la Tierra era solo un mapa, un dibujo. Pero aquella fotografía la convirtió en un ecosistema completo y aislado flotando en el espacio. Ahora hemos normalizado la imagen, pero hace casi sesenta años el Earthrise cambió la comprensión de nuestro lugar en el Universo. Fortaleció los movimientos medioambientales en Estados Unidos y contribuyó a integrar la palabra ecología en la cultura popular. Aquella imagen de la Tierra se incrustó en la conciencia humana dando una nueva perspectiva de lo que significaba formar parte del planeta.

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El año 1987, el filósofo y escritor Frank White estableció un término para describir la experiencia de ver la Tierra desde el espacio: el overview effect. Podría traducirse como el efecto panorámico. White constató que, para los astronautas, la experiencia de observar el planeta Tierra suspendido en el espacio modificaba profundamente la percepción de ellos mismos, de nuestro planeta y del futuro. Mae Jemison, la primera mujer afroamericana en el espacio en 1992 a bordo del transbordador Endeavour, lo sintetizaba así: “Cuando estás allá arriba, te das cuenta de que el mundo no pertenece a nadie. No va de propiedad, sino de responsabilidad”. Samantha Cristoforetti, en sus misiones a la Estación Espacial Internacional, subrayaba la paradoja: “No solo te golpea por su belleza, sino también por la ausencia de fronteras. Es un recordatorio de que las divisiones en las que insistimos no se ven desde arriba”. Christina Koch, que completó tres misiones al espacio, destacaba: “Te das cuenta de que cada persona que conoces es sostenida y vive dentro de esa línea verde, y de que todo lo que hay fuera es completamente inhóspito. No ves fronteras, no ves líneas religiosas, no ves límites políticos. Tan solo ves la Tierra y te das cuenta de que somos mucho más parecidos de lo que nos pensamos”. Anousheh Ansari, la primera mujer turista espacial a bordo de la misión Soyuz TMA-9, describió así el impacto de la experiencia: “Reduce las cosas a un tamaño en el que crees que todo es manejable. ¡Todas esas cosas que parecían grandes e imposibles las podemos hacer! ¿La paz en la Tierra? ¡Ningún problema! Dale a las personas ese tipo de energía, ese tipo de poder, y yo lo he vivido”. Pero lo más drástico, sin duda, fue Edgar Mitchell, que en 1971 viajó con el Apollo 14: “Desarrollas una conciencia global instantánea, una orientación hacia la humanidad, una insatisfacción intensa con el estado del mundo y un impulso de hacer algo al respecto. Desde allá arriba, desde la Luna, la política internacional parece algo tan mezquino. Te vienen ganas de coger a un político del cogote, arrastrarlo cuatrocientos mil kilómetros y decirle: «Mira esto, hijo de puta»”. Un comentario absolutamente vigente.