Pedralbes: siete siglos de mujeres que desafiaron a reyes y peligros
Fundado por una reina que quiso mantener el poder una vez viuda, ha sobrevivido a guerras, desamortizaciones, dictaduras y la voracidad inmobiliaria
BarcelonaDetrás de los muros de piedra del monasterio de Pedralbes, durante siete siglos han vivido muchas generaciones de mujeres. Cada corredor guarda muchas historias, no sólo de oraciones y silencios introspectivos, sino también de pugnas, conspiraciones, supervivencia y creatividad. Es una rara ancianos porque ni las desamortizaciones, ni las revoluciones ni las dictaduras, ni siquiera la voracidad inmobiliaria, la han podido tragar. Quien entraba debía seguir los votos de obediencia, castidad y pobreza, pero durante mucho tiempo fue un espacio donde podía trascenderse el poder patriarcal. Este año celebra sus 700 años con exposiciones, mesas redondas y la revelación de muchos de los secretos que pueden esconder las tumbas de una reina y de las damas que le acompañaban. Os invitamos a entrar en todos los espacios del monasterio a través de siete mujeres, algunas poderosas, otras muy humildes.
Elisenda de Moncada, dos caras y un mismo poder
El monasterio de Pedralbes está lleno de simbolismos. El sepulcro de Elisenda de Moncada es visible desde el claustro, donde se la ve como monja, con el cordón franciscano; y desde la iglesia, donde se muestra como reina, con corona y manto. El mensaje de la reina es bastante claro. Quería seguir simbólicamente presente en la comunidad religiosa que ella misma había fundado, porque cada vez que las monjas pasaban por el claustro veían la representación austera de la reina y oraban por ella. Por otro lado, no quería que nadie olvidara quien estaba fuera del monasterio. Se había casado con Jaime II (1267-1327), el día de Navidad de 1322, cuando el rey ya tenía una edad avanzada y mala salud. Cuando decidió construir el monasterio, el rey quería que se hiciera en Valldaura, pero Elisenda impuso a Pedralbes, más cercano a la ciudad amurallada de Barcelona. La reina quería que todo avanzara muy rápidamente, porque el rey estaba bastante enfermo. Se colocó la primera piedra el 26 de marzo de 1326 y poco más de un año después, el 3 de mayo de 1327, las primeras monjas clarisas entraron a vivir en ella. El rey murió en diciembre de ese año.
"Sin hijos, su poder dentro del palacio habría sido muy limitado. Las viudas que no eran la madre de un futuro rey acostumbraban a tener un final bastante triste porque eran arrinconadas en la corte. Elisenda de Moncada tenía buena relación con los hijos de Jaime II, que siempre le apoyaron, pero estaba muy cerca de la pero, pero era muy buena estra, pero era muy buena estra , pero era muy buena estra , pero era muy buena estra , pero era muy buena estra . la corte", explica Anna Castellano, directora del monasterio de Pedralbes.
Nunca se hizo monja y siguió ejerciendo un gran poder sobre la ciudad desde su palacio anexo al cenobio. Obtuvo del Papa las exenciones de pagos de ciertos impuestos, y una independencia económica e importancia dentro de la Iglesia y la sociedad muy superior a otros monasterios, incluso masculinos. A Pedralbes acudieron muchas mujeres de la oligarquía catalana, y el monasterio tenía aliados en los lugares de poder. Todo ello le hizo excepcionalmente poderoso y poseedor de un vasto patrimonio. La reina pasó muchos más años en el monasterio que junto a su marido. Falleció en 1364, cuando tenía 72 años. Había residido 36 años junto a la comunidad.
Esclavas, frailes y presbíteros, bajo las órdenes de las monjas
Las diferencias sociales y las jerarquías eran visibles dentro y fuera del monasterio. Incluso en la propia arquitectura. En las plantas inferiores estaban los huertos, los servicios y, cerca del puesto de trabajo, las monjas serviciales. Entre ellas, las esclavas. En los años 20 del siglo XV, entre el 8,3 y el 14,3% de la población de la ciudad de Barcelona era esclava. Había esclavos tártaros, circasianos, griegos, balcánicos, sargos, norteafricanos y subsaharianos. Era un negocio muy legislado. Las esclavas formaban parte, en algunos casos, de las dotes de algunas de las novicias que entraban en el monasterio. "Todo lo que sabemos de las esclavas es por los libros de cuentas, donde salen mencionadas porque el monasterio también lo compró, o porque pasaban por la enfermería donde estaban atendidas, o porque algunas monjas dejaron estipulado que querían que las liberaran una vez ellas murieran", detalla Castellano. "Tenían el mismo trato que las sirvientas y podían tener una relación cercana con las amas, no descartamos que hubiera cultos que también podían dar clases a las monjas", añade.
Mientras las monjas profesas se dedicaban a la vida contemplativa, oración continua, silencio, estudios de lectura y escritura religiosa, trabajos manuales como tejer y copiar manuscritos, las esclavas hacían jornadas larguísimas y prácticamente no tenían ninguna autonomía. Hacían el pan, las legumbres y las verduras, mantenían el fuego y las ollas, preparaban comidas especiales para fiestas religiosas, limpiaban salas, dormitorios, claustro y espacios comunes; lavaban la ropa... No se sabe dónde dormían ni si compartían habitación con las monjas. Quienes seguro que dormían separados, eran los frailes y presbíteros que también formaban parte de la comunidad. Como las monjas no podían hacer misa, necesitaban un presbítero. Por otra parte, los frailes eran sus confesores. Pero todos estaban bajo las órdenes de las monjas. Lo deja bien claro un pequeño escrito que se guarda en el monasterio: en caso de que los presbíteros no cumplieran, se les podría privar de pan y vino tantos días como la abadesa y el convento juzgaran conveniente.
Violante de Moncada, la mujer que se enfrentó a Fernando el Católico
Pese a los muros, las clarisas no eran ajenas a las pugnas de poder que se vivían fuera. El monasterio disponía de un extenso patrimonio y un alto nivel de rentas y, por tanto, era deseable tenerlo controlado. Durante la Guerra Civil Catalana (1462-1472), que enfrentó a las instituciones catalanas con Juan II de Aragón, las monjas tuvieron que abandonar el monasterio, porque se convirtió en el campamento de este último. Con la victoria de los Trastámara, hubo cambios significativos en el monasterio. Si hasta entonces las poderosas familias catalanas habían controlado a Pedralbes, a partir de ese momento hubo una guerra abierta. La tradición mandaba que si había una Montcada, ésta era escogida abadesa a perpetuidad. Fue el caso de Violante de Moncada, pero su elección enfureció al hijo de Juan II, el rey Fernando II. Para imponer a sus monjas, denunció al papa que Violante incumplía las reglas, y entraba y salía a menudo del monasterio para resolver asuntos propios. El esposo de Isabel la Católica ordenó una rigurosa inspección. Para evitar problemas con los Reyes Católicos, la abadesa hizo más rígida la vida comunitaria, ordenó hábitos más austeros, puso más tapias, rejas y telas negras. Aun así, hubo un momento en que no pudo aguantar más las embestidas de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, y se marchó. No se rindió por completo, porque fue hacia Roma a clamar justicia, y le devolvieron el cargo. Aun así, los reyes tampoco cedían. Fernando el Católico envió a su hija natural, María de Aragón, al monasterio. Violante, que ya estaría cansada, porque llevaba 37 años en el monasterio, tiró la toalla. Se despidió con cierto sentido del humor: «Prima, sea bienvenida. Vuestra Alteza y yo por ser sobradamente altas no cabemos juntas bajo un mismo techo». María de Aragón, no sabemos si siguiendo o no las órdenes de su padre, hizo algunos cambios para dejar claro quién mandaba, como encargar una imagen suya, que instaló en el refectorio, donde también hizo pintar su escudo de armas.
Las enfermeras y los estragos de las guerras
A finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, el monasterio de Pedralbes vivió algunos momentos de penuria económica. Sufrió los estragos de la guerra de los Segadores. Se encontraron pruebas, durante unas excavaciones arqueológicas, en las casas de mayordomía, en la Baixada del Monestir, donde se alojaba el personal de servicio de la comunidad: enterradas había restos de balas de cañón. En 1697 el monasterio fue ocupado por el ejército francés, que aprovechó el sitio estratégico para controlar el asedio a la ciudad de Barcelona. En la enfermería, las monjas y las legas, que eran monjas sin formación ni estudios y que se dedicaban sobre todo a los trabajos más manuales, tenían bastante trabajo. Pese a las carencias, la enfermería se reformó a finales del siglo XVI. Tenía un conjunto de salas conectadas que permitían organizar varias camas para las enfermas, con puertas interiores que comunicaban las distintas estancias. El espacio era luminoso y bien ventilado gracias a las grandes ventanas que permitían la entrada de luz natural y aire fresco, en contraste con otras zonas del monasterio, más oscuras y silenciosas.
Había una cocina donde se preparaban dietas especiales, y una pequeña capilla. También existía un espacio destinado a la preparación de remedios y medicamentos, donde se guardaban plantas medicinales y se realizaban infusiones, ungüentos y cataplasmas para diferentes enfermedades. Las monjas utilizaban especialmente plantas como la salvia, el romero, el tomillo, la manzanilla, la menta o la ruda, y aplicaban los conocimientos herbolarios medievales para tratar problemas digestivos, respiratorios, inflamaciones y heridas.
María de Lanuza, la monja que oró hasta el último suspiro
Hija de los condes de Plasencia, María de Lanuza (1677-1754) entró en el monasterio cuando sólo tenía 13 años. "Es la monja más mística que tenemos", asegura Castellano. La Contrarreforma (Concilio de Trento, 1545-1563) marcó una política muy estricta de defensa del catolicismo frente al protestantismo. Los místicos y místicas eran figuras que reforzaban la doctrina católica, porque generaban cierta autoridad moral y social y con frecuencia tenían acceso a poderosos mecenas y autoridades civiles y religiosas. Vivían la religión de forma muy intensa porque buscaban una conexión íntima con Dios. Para llegar a esta experiencia, a veces, hacían ayunos extremadamente largos, y oraban hasta quedar exhaustos. Lanuza encarna esa espiritualidad mística. En la documentación del siglo XIX se la recuerda como una monja con vocación precoz, devota, penitente y mortificada. Sufría porque tenía un brazo dislocado y pasaba horas y horas rezando. Una hidropesía le provocó la muerte y, según los papeles del monasterio de Pedralbes, que se guardan en su archivo, rezó hasta el último momento.
Eulària Anzizu, admirada por Verdaguer y defensora de la historia
Ni la Guerra del Francés (1808-1809), ni la epidemia de fiebre amarilla (1821), ni las guerras carlistas, ni la desamortización de Mendizábal (1835), pudieron poner fin al monasterio de Pedralbes. Aún así, a lo largo del siglo XIX, y para poder sobrevivir, la comunidad tuvo que venderse una gran cantidad de objetos artísticos, y otros fueron robados. Si ni expolios ni conflictos han podido borrar la historia es, en buena parte, gracias a Mercè Anzizu (1868-1916) -convertida en sor Eulària Anzizu dentro del monasterio-. Esta monja, que hizo prácticamente todos los papeles del auca en el monasterio, pero que nunca llegó a ser abadesa, porque murió muy joven, se quedó sin padres y sin abuelos, a la edad de diez años. No quedó nada desamparada, porque formaba parte de una de las estirpes más poderosas de la época: los Güell. Tenía vocación de poeta, pero su mentor espiritual, Jaume Collell, no dejó que publicara ninguna de sus poesías. Tan sólo pudieron leerse cuando ella murió. Jacint Verdaguer fue su mentor literario e incluso la menciona en dos de los poemas de Rosal de todo el año. Antes de cumplir 21 años, Anzizu renunció a los viajes lujosos y las mansiones de los Güell para entregarse a la vida religiosa. No le gustaba el tipo de vida ni la forma en que veía el mundo a su familia adinerada. Su espíritu independiente e inquieto reclamaba otra cosa. Fue su forma de rebelarse.
Eulalia, que convirtió la celda de Santes Creus en su cámara propia, ordenó y catalogó el importante Archivo Histórico de la Comunidad, redactó la primera monografía histórica del monasterio, y abrió un pequeño museo. Destinó buena parte de su fortuna a restaurar distintas partes del monasterio.
Las monjas exiliadas, y el monasterio refugio del patrimonio catalán
La II República provocó cambios significativos en el monasterio de Pedralbes, algunos positivos, como la declaración de Monumento Histórico-Artístico, que reconocía la riqueza arquitectónica y patrimonial del cenobio. Con el estallido de la Guerra Civil, las monjas emprendieron el exilio hacia Italia, como relataba la abadesa Carme Nadal, recordando el incendio de las parroquias de Sarrià y de la Bonanova. "Acabadas las vísperas, tuve que anunciar a la comunidad que debían irse inmediatamente", escribía Nadal.
En agosto de 1936, el monasterio fue incautado y se convirtió en el refugio de miles de obras de arte del gobierno republicano y del gobierno español, así como de documentos procedentes de 226 archivos de Cataluña, Valencia y Aragón. El mismo cuarto que había sido usado por la monja Eulalia se convirtió en el despacho del historiador y archivero Agustí Duran Sanpere, que no se movió del monasterio ni siquiera cuando entraron los franquistas. Cuando las monjas regresaron en enero de 1939 se hallaron un monasterio ocupado. "Nos encontramos que no nos dejaban aposentar, todo estaba abarrotado de archivos, libros y cachivaches de todo tipo", explicaba una monja. La misma monja lamentaba que aprovecharon las camas de hierro de los soldados para dormir en las primeras noches.
Con el paso de los años, la comunidad se fue reduciendo. La última hermana que entró en el monasterio lo hizo en los años noventa. A principios de siglo todavía quedaban una veintena de monjas, pero la mayoría de edad avanzada y no había nuevas vocaciones. Los intentos por atraer nuevas vocaciones desde otros monasterios no salieron bien. La última abadesa murió en el 2024, a raíz de una caída. En ese momento sólo quedaban cuatro monjas, un número insuficiente según las disposiciones de la comunidad, que exige al menos cinco para escoger abadesa. "Fue una decisión muy difícil, porque emocionalmente estaban muy ligadas al sitio", dice Castellano. Optaron por mantener la relación con Pedralbes, a través de la fundación, aunque físicamente, en febrero del 2025, se trasladaran a otro convento, en Viloví d'Onyar.