Energía

Alemania, pendiente de un grifo: "Estamos ante un desafío histórico"

El país teme que Rusia no vuelva a activar el gasoducto Nord Stream 1 después de los trabajos de mantenimiento

DortmundAlemania tiene marcada con desazón la fecha de este lunes, 11 de julio. Es el día en el que empiezan los trabajos previstos de manutención del gasoducto Nord Stream 1, la principal conexión con el gas natural ruso que llega al país. Son operaciones rutinarias, como cada año.

De costumbre, durante diez días por las cañerías no corre nada. Pero la preocupación de que después de estos trabajos, con el trasfondo de la guerra en Ucrania, Rusia no vuelva a abrir el grifo del gas es palpable en Berlín. La amenaza de la recesión es real, ha advertido el ministro federal de Economía, Robert Habeck, alarmado, a la vez, por el agudo incremento de los precios de la energía. “La paz social en Alemania será puesta a prueba”, ha dicho.

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El canciller alemán, Olaf Scholz, llevó a cabo la semana pasada la primera de una larga serie de reuniones previstas con empresarios y sindicatos para impulsar una “acción concertada” que ayude a esquivar la recesión. “La actual crisis no se acabará con pocos meses. Nos tenemos que preparar, porque esta situación no cambiará en un tiempo previsible. Estamos ante un desafío histórico”, decía el líder del Gobierno alemán.

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El presidente de la patronal alemana, Rainer Dulger, subraya por su parte que “este país está ante la crisis económica y sociopolítica más dura desde la Reunificación". "Un crecimiento económico continuo como el que hemos vivido antes de la pandemia y de la guerra en Ucrania ya no será una obviedad”, dice.

Dependencia de Rusia

Alemania depende mucho del gas ruso. Este problema, unido a las olas inflacionarias y a las ya graves dificultades en las cadenas de distribución globales que ha comportado la pandemia del coronavirus –y que todavía son muy persistentes con un socio comercial básico como China, cerrada en su política de covid cero–, ha contribuido al hecho de que por primera vez desde hace catorce años Alemania registre un déficit comercial: ha importado más mercancías de las que ha exportado.

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Justo es decir, sin embargo, que las cifras de antes de 2008 no se pueden valorar por una modificación en las estadísticas que se hizo a partir de entonces. La Oficina Federal de Estadística ha comunicado que las importaciones aumentaron un 27,8% en mayo respecto al mismo mes del año anterior, hasta llegar a los 126.700 millones de euros.

Las exportaciones se incrementaron un 11,7%, hasta los 125.800 millones de euros. El superávit en exportaciones ha sido en los últimos años una parte fundamental del modelo de crecimiento alemán. La pregunta que se hacen ahora los expertos económicos es si los datos actuales son un efecto a corto plazo debido a las consecuencias de la guerra en Ucrania o ponen a cuerpo descubierto un problema estructural del modelo de negocio en Alemania.

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Importaciones más caras

El déficit comercial actual no es ninguna sorpresa, teniendo en cuenta los costes al alza de la energía. El alza de los precios del petróleo y el gas dura ya casi medio año. Por lo tanto, no es la cantidad de mercancías con el extranjero lo que ha cambiado tanto, sino su valor. Alemania está teniendo que pagar más dinero por sus importaciones que antes. Y lo que ha importado de Rusia –sobre todo gas– de enero a mayo ha aumentado un 55% de precio respecto al mismo periodo del año pasado.

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Las alteradas cadenas mundiales de distribución han afectado a corto plazo el balance comercial. Por falta de material, muchas mercancías no se han podido producir en Alemania y, por lo tanto, tampoco exportar. La escasez de suministro reduce tanto las importaciones como las exportaciones, pero su efecto se nota más en las exportaciones, asegura desde Kiel el presidente del Instituto para la Economía Mundial, Holger Görg.

A modo de ejemplo: si el acero y otros materiales no llegan a Alemania para construir un coche, estas importaciones caen en las estadísticas. Pero el vehículo no producido y no vendido en el extranjero supone un perjuicio económico más costoso que la suma de los materiales. Görg cree, aun así, que aunque los precios de la energía se normalicen y se puedan acabar la guerra en Ucrania y la pandemia, los grandes superávits comerciales de Alemania no volverán, sino que más bien se mantendrá un equilibrio entre importaciones y exportaciones.

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“La caída en las exportaciones ha empezado”, confirma Volker Treier, director de comercio exterior de la Asociación de Cámaras de Industria y Comercio alemanas. Por ahora, parece irremediable.