Banca

CaixaBank afirma que el conflicto entre grandes potencias es "la mayor amenaza para la estabilidad global"

La entidad también se muestra preocupada por el envejecimiento de la población y la falta de vivienda en el Estado

ValenciaEl enfrentamiento entre grandes potencias es la "mayor amenaza para la estabilidad global". Así lo ha denunciado este viernes el presidente de CaixaBank, Tomàs Muniesa, durante la junta general de accionistas de la compañía celebrada en Valencia. El ejecutivo ha responsabilizado de esta situación principalmente la acción exterior de los Estados Unidos, a la que ha acusado de "generar incertidumbre". Según Muniesa, la geopolítica se ha convertido en la primera amenaza de la economía global a corto plazo, mientras que a medio lo es el cambio climático.

La empresa teme que las nubes negras que provienen de Oriente Medio puedan incrementar la inflación y la volatilidad de los mercados financieros, reducir el comercio y afectar las cadenas de suministro. En resumen, debilitar un momento económico del que el banco continúa beneficiándose con el logro en 2025 de un beneficio neto de 5.891 millones de euros, un 1,8% más que en 2024, pero en el que también crece el malestar de una plantilla que este viernes está en huelga para denunciar un clima laboral "irrespirable por una exigencia desmesurada".

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Menos amenazadoras que la inestabilidad global, pero también preocupantes para Muniesa, son las debilidades de una economía europea de la que se ha quejado que está "hiperregulada" y excesivamente fragmentada. En cuanto a los talones de Aquiles del Estado, ha destacado el envejecimiento de la población –que tiene la esperanza más grande de vida de Europa–, cuyas pensiones generarán "un endeudamiento del 181% sobre el PIB en 2070". También ha señalado "la falta de 700.000 viviendas", cuando al año se construyen "como mucho 150.000". En cuanto a las soluciones, el presidente de CaixaBank ha apuntado la llegada de personas extranjeras que permitan atender la demanda de mano de obra.

Incremento del dividendo

Mucho más estables que la economía a escala internacional son los resultados del banco de raíz catalana, que este viernes ha aprobado una distribución del dividendo complementario de 2.320 millones de euros, equivalente a 33,21 céntimos brutos por acción. Este segundo pago eleva la remuneración al accionista en efectivo para el ejercicio 2025 a 0,50 euros brutos por acción. Esto supone un incremento del dividendo del 15%, respecto de los 0,4352 euros brutos por acción del ejercicio anterior. De esta manera, la cuantía destinada a dividendos con cargo a los resultados del 2025 asciende a 3.499 millones de euros.

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En cuanto al futuro, la entidad mantiene los objetivos revisados al alza este año para el período 2025-2027, al observar un "mar de fondo más favorable" de lo que se anticipaba, a pesar de la "incertidumbre" que genera el conflicto en Oriente Medio. El banco ha elevado desde el 4% hasta el 6% el objetivo de crecimiento medio anual durante la vigencia del plan estratégico, mientras que la ratio de morosidad se reducirá hasta el 1,75%, en lugar del 2% inicial, y la rentabilidad sobre recursos propios tangibles superará el 18%, frente al 15% previsto en el plan original.

La junta general de accionistas de CaixaBank también ha aprobado la reelección del presidente de la entidad, Tomás Muniesa, como consejero dominical para un período de cuatro años, así como el nombramiento de Ana María García como consejera independiente y, por cooptación, de Pablo Arturo Forero como consejero independiente. Un hecho destacado de la junta ha sido que el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria del Estado, que es el segundo máximo accionista de CaixaBank, ha votado en contra de la nueva política de remuneración del consejo de administración de CaixaBank, que incluye un incremento de los sueldos, a pesar de que fuentes del ministerio de Economía, Empresa y Comercio han explicado a Europa Press que la decisión "no tiene nada que ver" con la gestión de la entidad.

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Protestas de los trabajadores

Un año más el repaso de los números verdes de CaixaBank ha coincidido con la protesta de los trabajadores, que este año ha escalado con dos paros parciales y una huelga este viernes. Los empleados se han concentrado en la puerta del Palacio de Congresos de Valencia –donde se ha celebrado la junta de accionistas– para denunciar una "presión comercial" que aspira a aumentar el negocio entre un 40 y 50% y genera unas exigencias sobre la plantilla "inadmisibles" y una situación laboral "tóxica".

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Desde el Sindicato de Empleados de CaixaBank, mayoritario con una representación del 42%, el coportavoz Xavi Vidal ha denunciado a l'ARA que de la empresa solo reciben "buenas palabras", pero "cero compromisos". Coincide Antoni Cano, secretario general de la Federació d'Estalvi de Catalunya, que ha detallado que después de la huelga esperan "movimientos importantes" de la compañía. También les reclama Eva Díaz, del Sindicato Independiente de Baleares, que ha avanzado que si la empresa no mueve ficha la movilización continuará. Pese a las esperanzas de los trabajadores, la negociación no se prevé fácil, vistas las palabras de Tomàs Muniesa, que ha defendido que "trabajar en CaixaBank supone afrontar un entorno de trabajo desafiante, pero asumible".