El Brexit hace temblar la City de Londres

Ámsterdam supera la capital británica como centro de comercio de acciones en el primer mes desde la salida efectiva del Reino Unido de la UE

londres¿Tienen los gigantes de la City los pies de barro? La pandemia ha vaciado los grandes edificios del distrito financiero de Londres desde hace un año. Más allá del impacto de la crisis sanitaria, y las consecuencias que se derivarán en relación con los hábitos de trabajo y al regreso o no a los grandes edificios de oficinas, a largo plazo es el Brexit lo que extiende una sombra de amenaza sobre el hasta ahora centro financiero por excelencia de Europa.

Así lo certifican los datos del intercambio de acciones durante el primer mes después de que se hiciera efectivo el Brexit, el 1 de enero pasado. No es la parte del negocio más relevante, en un ámbito en que los derivados y la compensación financiera (clearing) también son claves.

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En todo caso, el resultado del inmediato zarandeo del Brexit es que, por primera vez, Ámsterdam ha superado Londres en volumen de intercambio de acciones, de acuerdo con los datos oficiales de Euronext y las ramas neerlandesas de las plataformas de acciones CBOE Europe y Turquoise.

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Durante el mes de enero, de media se han negociado 9.200 millones de euros diarios en la Bolsa de Ámsterdam, un incremento recogido por el Financial Times de más de cuatro veces en relación con el incremento registrado en diciembre. El aumento ha tenido lugar a medida que el volumen de intercambio en Londres ha caído bruscamente hasta los 8.600 millones de euros diarios. El Reino Unido se ha visto así, cuánto menos momentáneamente, descabalgado de su histórica posición dominante.

Posición firme de la UE

Michel Barnier, el negociador principal de la Unión Europea durante todo el proceso del Brexit y del acuerdo comercial posterior firmado el día de la noche de Navidad, advirtió días atrás que la Unión no está dispuesta a hacer fácil la vida a la City. De este modo, Bruselas no concederá el acceso a los mercados comunitarios a las empresas con sede jurídica en el Reino Unido hasta que el gobierno británico no dé detalles sobre los planes de divergencia que tiene en relación con las normas de la Unión.

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"En este proceso, la preocupación principal de la Comisión es defender el interés de la Unión una vez más, y la soberanía y la estabilidad financiera, y la integridad de nuestros mercados financieros", dijo en la Cumbre Europea de Negocios de Bruselas. La razón es sencilla. La Unión teme que el Reino Unido adopte un modelo regulatorio al estilo de Singapur, ligero, que socave la protección garantista que se quiere ofrecer desde el otro lado del canal de la Mancha.

Veto a operar

Esta es la clave de vuelta de la bajada actual de Londres en relación con Ámsterdam. Porque, siguiendo las nuevas normas del Brexit, los bancos de la UE que quieren comprar acciones europeas actualmente no pueden negociar a través de Londres, lo que implica una pérdida de comisiones para las compañías de la City.

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Bruselas no reconoce que las bolsas y los mercados del Reino Unido tengan la misma calidad de supervisión que la UE. Y menos quiere todavía que buena parte del negocio esté fuera de su jurisdicción legal, por si hay que pasar cuentas en caso de quiebra. Mientras no haya equivalencia financiera (la posibilidad para las entidades británicas de operar en Europa), el acceso estará encorsetado y el pulso se mantendrá abierto.

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Si la tensión se alarga y se llega a marzo sin que las partes se hayan reconocido mutuamente, el mayor riesgo, no tanto para la City si no para el Reino Unido, es que las empresas que hasta diciembre podían operar sin problemas con el continente necesitarán desplazar estructura y abrir sedes físicas y no será suficiente con las oficinas fantasma a las que solo llegue correo.

Además de este desplazamiento, también tendrían que trasladar activos, como ha hecho Barclays, que ha movido el 15% de su balance a Irlanda. Los bancos internacionales, de hecho, han transferido 1,2 billones de euros de activos a las unidades europeas en ares de la estabilidad financiera.

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El Brexit ha creado un poderoso rival comercial a las puertas del Reino Unido. Un gigante dedicado a proteger sus intereses. Por eso, para muchos analistas es incomprensible que el pacto del post-Brexit dejara fuera los servicios financieros, que aportan el 7% del PIB británico de manera directa –unos 152.000 millones de euros–, ocupan 1,1 millones de personas y, entre empresas y trabajadores, contribuyen con 87.000 milios de euros al Tesoro público.