Desaparece Bankia, símbolo del derrumbe de la economía española

La entidad financiera deja de cotizar en bolsa este viernes para integrarse en CaixaBank

Bankia, el banco que se convirtió en el símbolo de la crisis financiera, desaparece este viernes absorbido por CaixaBank. La entidad, creada hace doce años por la fusión de siete cajas de ahorros, cierra una corta historia marcada por escándalos, delitos, la nacionalización, prisión para su primer presidente y las multimillonarias pérdidas que sufrieron sus accionistas. Sus acciones cotizarán este viernes por última vez en la bolsa de Madrid.

Una de las siete cajas fundadoras de la entidad era catalana, Caixa Laietana, con sede en Mataró, pero más de la mitad de los activos de la entidad los aportó Caja Madrid, la entidad entonces omnipresente (y omnipotente) en la capital española. Era 2009, un año después de que el sistema financiero internacional saltara por los aires con la quiebra del banco norteamericano Lehman Brothers. La economía mundial estaba en caída libre, mientras que en España el El Dorado del ladrillo se había derrumbado y se llevaba con él a todo el sistema de cajas. La valenciana Bancaja, muy afectada precisamente por el estallido de la burbuja inmobiliaria, actuaba inicialmente de contrapeso a Caja Madrid: la sede social del nuevo grupo se ubicó desde el primer día en Valencia, aunque la operativa se situó en Madrid.

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También desde la creación del banco entró la figura que marcó la desgracia. En 2009 Rodrigo Rato todavía era el ex vicepresidente que, con los gobiernos de Aznar, había dirigido el rumbo económico de España durante los años de crecimiento casi desmesurado. El hecho de que en 2007 dimitiera por sorpresa -argumentó "motivos personales"- de la dirección del Fondo Monetario Internacional no supuso ningún problema para que fuera elegido nuevo presidente de la entidad. Años más tarde se sabría que la renuncia se produjo solo dos días después de que los auditores del FMI le preguntaran por correo electrónico qué relación mantenía con varias sociedades en paraísos fiscales que, posteriormente, la justicia incluiría en un entramado que él mismo habría utilizado presuntamente para blanquear pagos de 82 millones de antiguas compañías públicas privatizadas cuando era ministro.

Rato fue nombrado máximo responsable de BFA, el Banco Financiero de Ahorros, el nombre de la sociedad que agrupó a las siete cajas. El nuevo banco recibió, además, un crédito estatal de 4.400 millones con un interés del 7,5%. La presión por poner orden en el sistema bancario que venía de Europa era grande y las principales instituciones del país se alinearon para hacer posible la fusión. "No nos dejó mucha opción", dijo Rato años después ante el juez sobre el papel del Banco de España. También el gobierno, entonces presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, actuó de valedor de la operación, necesaria porque, en solitario, las siete cajas no cumplían los criterios de solvencia marcados por la regulación financiera internacional.

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Bankia y la salida a bolsa

Ya de entrada, sin embargo, el banco tuvo muchos problemas de capitalización y había que encontrar una solución. Se autorizó la creación de Bankia, una filial que agruparía los activos bancarios (oficinas, depósitos, cartera de clientes), mientras que los activos tóxicos -sobre todo inmobiliarios- se mantendrían en la matriz BFA. Una vez creada, Bankia saldría a bolsa rodeada de euforia mediática y recibiría una imprescindible inyección de dinero. Las imágenes de Rato en el parquet madrileño tocando la campana ya forman parte de la iconografía del desastre económico español.

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De hecho, gobierno y Banco de España presionaron de lo lindo a los grandes inversores institucionales para que metieran dinero en la oferta pública de Bankia, mientras a los clientes de la entidad se les intentaba convencer de que destinaran los ahorros a comprar acciones de la empresa. "Hazte banker por 1.000 euros", decía la campaña publicitaria. La acción debutó a unos 180 euros. Un año después valía 38. Hoy no llega a los dos euros.

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Menos de un año después de salir al parquet, la dirección confesó que había que rehacer todos los libros de contabilidad y que la situación financiera de Bankia era mucho peor de la descrita antes de dar el salto a la bolsa. El banco estaba en quiebra y el gobierno no tuvo ninguna otra opción: nacionalización del 100% de BFA y una nueva inyección de fondos públicos, en este caso de 17.959 millones de euros. El Estado pasaba a controlar el 45% de la propiedad de Bankia. Rato dimitió y propuso para sustituirlo José Ignacio Gorigolzarri, que todavía hoy ocupa la presidencia y que, a partir del lunes, presidirá CaixaBank.

El relevo se produjo entre el 7 y el 9 de mayo del 2012, y justo un mes más tarde, el 9 de junio, el gobierno español, ya en manos de Mariano Rajoy, solicitó un rescate a la UE por valor de 100.000 millones de euros, de los cuales acabaría utilizando unos 41.000 millones para poder hacer frente a los rescates bancarios. El anuncio lo hizo el ministro Luis de Guindos (hoy vicepresidente del BCE) porque Rajoy estaba en Polonia en un partido de la selección española de fútbol. A pesar de negar que se tratara de un rescate, las cuentas del gobierno español estuvieron intervenidas durante años por la Comisión Europea, el BCE y el FMI, que impusieron que los pagos de deuda tuvieran prioridad sobre cualquier otro gasto. De los 22.000 millones públicos inyectados en Bankia desde sus inicios, el Estado sólo ha recuperado unos 3.300 millones, según la misma entidad.

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Estallan los escándalos

Una vez rescatado Bankia y con la nueva dirección al frente, afloraron los escándalos del pasado. La salida a bolsa acabó en una macrocausa en los tribunales con 34 encausados, entre ellos Rato, que después de años acabaron absueltos de todos los cargos. Los salvó que todas las autoridades posibles bendijeron la operación. No tuvieron tanta suerte los imputados por el caso de las tarjetas black, el entramado con el cual los directivos de Caja Madrid y Bankia financiaban gastos opacos sin declarar. Rato fue condenado a cuatro años y medio de prisión. Desde octubre tiene el tercer grado.

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En pocos años, Bankia pasó de ser la solución al caos bancario de España a ser su principal problema. Doce años más tarde, se desaparecerá tragada por CaixaBank, en una absorción vestida de fusión, una semana después de que Rato conociera que la Fiscalía pide para él 83 años de prisión en el juicio sobre el posible blanqueo de dinero que lo hizo abandonar el FMI y le abrió las puertas de Bankia.