Y ahora que se ha acabado Irán, ¿qué podemos esperar para el resto del año?
BarcelonaLa verdad es que en enero todo pintaba bien: crecimiento de las ventas, inflación controlada y tipos de interés a la baja. Parecía un año perfecto desde el punto de vista económico. Hoy, sin embargo, no puede estar más lejos de la realidad. Un petróleo a 100 dólares –ni que haya sido solo durante un mes y pico– lo ha alterado todo. Ya lo sabéis: cuando sube la energía, se suben todos los precios. Y, aunque el conflicto se ha enfriado, el precio no acaba de bajar. Llueve sobre mojado y estamos amplificando la presión inflacionista.Para las familias, el impacto es cada vez más grave. No solo hay inflación, sino que también el Euríbor ha repuntado y, en consecuencia, las hipotecas se encarecerán. Además, no han bajado los tipos de interés y, ahora mismo, la mejor noticia sería que no volvieran a subir en los meses venideros.Mientras tanto, las bolsas han pasado página del conflicto y vuelven a marcar máximos históricos. Hace dos meses parecía que se acababa el mundo y que ninguna empresa valía nada; hoy, en cambio, la gran mayoría vuelven a ser, aparentemente, imprescindibles. Y es aquí donde aparece la gran incógnita: ¿qué ha cambiado realmente en solo unas semanas? El conflicto se ha enfriado, sí, pero sus efectos continúan plenamente vigentes en forma de costes energéticos elevados y presión sobre los precios. Pocas veces he visto la bolsa y el petróleo en máximos a la vez.En el actual contexto, no todos salen ganando. La energía y la banca se benefician de los precios altos y de los tipos elevados, mientras que las familias, sobre todo las endeudadas, sufren las consecuencias. La inflación y el encarecimiento de las hipotecas reducen el consumo y acentúan una desigualdad creciente. Y, al final, las familias no paran de encajar los golpes de la economía, uno tras otro, en una situación que hace tiempo que es límite. Lo siento, el 2026 no será mejor.