El aprendiz de una mercería que construyó una multinacional de la moda
Thomas Burberry triunfó gracias a la ropa impermeable de las gabardinas y de los uniformes del ejército
En el paseo de Gràcia de Barcelona, en la confluencia con la calle de Aragó, se encuentra uno de los edificios más visibles de la zona. Fue construido en 1930 por el arquitecto Joan Padró Fornaguera para convertirse en la sede central de la pujante empresa química Anónima Cros. Muchos años después, cuando esta empresa cambió de sede, por el edificio pasaron varios inquilinos, como el Fashion Café –un local de restauración impulsado por varias top models del momento– y la empresa de telecomunicaciones Amena –filial de telefonía móvil de Retevisión– hasta que en el 2001 se instaló la multinacional de la moda Burberry. Pese a que durante una época determinada la propiedad de la subsidiaria española de esta firma estuvo en manos de accionistas catalanes, la familia Mora, no puede obviarse que la figura clave de la empresa fue su fundador, el británico Thomas Burberry.
Thomas Burberry 1835-1926
- Empresario textil
Los primeros pasos los dio como aprendiz en una mercería, lo que le permitió captar las necesidades de los clientes. Con sólo veintiún años, y con la experiencia acumulada, decidió abrir su propio comercio, donde se propuso confeccionar ropa para combatir el frío y el agua pero que no resultara tan pesada como las que se comercializaban en esa época. El negocio crecía con el paso de los años, pero el objetivo de encontrar el tejido que abrigase y soportara la humedad no llegaba, porque tuvo que esperar hasta 1879 para encontrar al Santo Grial, después de haber estudiado detenidamente la ropa de la gente que trabajaba en los campos ingleses, a menudo empapados.
El tejido en cuestión se llamaba gabardine y fácilmente podemos deducir que es lo que acabaría dando nombre a una prenda que se haría muy popular. A lo largo de los años siguientes los tejidos impermeables de Burberry consiguieron ir conquistando mercado, en buena parte gracias a exploradores como Fridtjof Nansen (premio Nobel de la paz de 1922), Robert Falcon Scott y Ernest Shackleton, que lo utilizaron durante sus expediciones polares. Antes de terminar el siglo, Burberry abrió su primera tienda en Londres, que durante muchos años fue el buque insignia de la cadena. Cabe saber que el sastre John Emary, fundador de la marca de lujo Aquascutum, también se reclamaba inventor de ese tejido. En los anuncios de la firma Burberry de la primera década del siglo XX se veían a señores con sombrero de copa, lo que da una idea del público al que se dirigía.
Otro paso que Burberry dio consistió en enviar, en 1901, muestras de su ropa al ejército británico, que poco a poco le iría adoptando para confeccionar sus uniformes, especialmente los de los oficiales. De esta operación surgió una pieza emblemática de la marca inglesa, el trenchcoat, que literalmente significa abrigo de trinchera. Durante la Primera Guerra Mundial el trenchcoat se convirtió en un elemento fundamental para las tropas británicas. Una prenda que estaba dotada de todos los extras necesarios para resistir las condiciones del conflicto bélico. Años más tarde el cine estadounidense contribuyó a popularizar en el mundo entero este tipo de gabardina. Si la inspiración inicial de Burberry había sido la ropa de la gente del campo y de la clase obrera, en breve los productos se convirtieron en símbolo de las clases adineradas.
El célebre logotipo del caballero ecuestre empezó a aparecer en la ropa de Burberry en 1920, y más tarde lo haría el estampado escocés tan vinculado con la marca (inspirado en un clásico tartán de aquel país). Una vez consolidado el éxito local, Burberry abrió tiendas en Nueva York y París, sentando las bases de la futura multinacional. En 1917, cuando ya había superado los ochenta años, el emprendedor decidió jubilarse e instalarse en Abbots Court, un lugar idílico de la costa inglesa. Muchos años después de su muerte, en 1955, la empresa familiar fue vendida al grupo Great Universal Stores, curiosamente una compañía de compra por catálogo. La vertiente filantrópica Burberry le enfocó a la promoción la vida sana, poniendo el acento en combatir el consumo de tabaco y fomentando la abstinencia en cuanto al alcohol (era uno teetotaller decidido). También dedicó mucho tiempo a las actividades religiosas.
Justo un siglo después de la muerte del fundador, Burberry es hoy una gran multinacional que factura más de 2.800 millones de euros anuales. La propiedad es muy dispersa, dado que es una compañía cotizada en bolsa sin ningún accionista de referencia más allá de los fondos de inversión con un interés puramente financiero.