Homenotes y danzas

El empresario alemán que creó una gran multinacional familiar

La empresa fundada por Carl Johann Freudenberg ha llegado ya a la séptima generación de la familia

Carl Johann Freudenberg.
Act. hace 17 min
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A lo largo de un tramo no excesivamente largo de la autovía C-17, a la altura de Parets del Vallès, Montmeló, Santa Perpètua y algún otro municipio cercano, encontramos una exhibición realmente interesante de grandes empresas que allí tienen su sede: Pastas Gallo, Reckitt Benckiser, Grifols, Mondelez, Idilia Foods (antigua). Pero también podemos fijarnos en otra empresa llamada Freudenberg, que quizás no es tan conocida, pero que desde finales de los años sesenta está instalada en Cataluña.

  • 1819-1898

Cuando esta empresa alemana llegó al país, llevaba ya casi ciento veinte años fundada en Baden-Württemberg, inicialmente bajo la denominación de Heintze & Freudenberg, dado que los pioneros fueron dos socios y bautizaron a la empresa con sus apellidos. La vida de nuestro protagonista no había sido fácil, y es que a los nueve años se quedó huérfano de padre, circunstancia que coincidió con el cierre del negocio familiar, una pensión, lo que puso a la familia en una situación muy comprometida. Sólo cinco años después se independizó, porque empezó a trabajar como aprendiz en el negocio de pieles de su tío, a mucha distancia del hogar. Cuando se sintió suficientemente consolidado en la actividad, hizo un intento de ampliar su campo de acción abriendo una tienda de tabacos, que funcionó bastante bien y le permitió empezar a ahorrar. Tras tres lustros trabajando para el tío, logró dar el paso de comprarle parte del negocio, un 20% que pudo financiar gracias al ahorro que había ido acumulando. Eso sí, tanto trabajo le hizo imposible seguir estudios reglados más allá de la primaria. Todo lo que aprendía, incluidos idiomas, era por su perfil acentuado de autodidacta.

Desde su nueva situación como socio, en 1844, tuvo que enfrentarse a retos que iban más allá de trabajar la piel o tratar con los clientes, como fue la crisis bancaria que los dejó sin crédito. Ante la imposibilidad de financiarse, en 1849 la empresa familiar quebró y Freudenberg se vio obligado a empezar de nuevo. Por suerte, el suegro –un hombre de posibles– se implicó y permitió que Freudenberg volviera al mundo de los negocios, ahora acompañado de Heinrich Christian Heintze, que también había sido socio del tío en la desaparecida empresa. Ésta es la razón de la denominación inicial de la firma que hemos mencionado al principio.

La nueva compañía –también dedicada al negocio de la piel– resultó un éxito absoluto, por lo que en los primeros años no paró de crecer a toda velocidad. A partir de ese momento ambos socios fueron conscientes de que la evolución futura del negocio debía fundamentarse en dos aspectos: internacionalización e innovación. Así fue como construyeron una red de relaciones fuera de Alemania que se extendía por Estados Unidos, Suiza, Francia, Reino Unido y el Imperio Otomano (actual Turquía). Por otro lado, adquirieron patentes extranjeras de productos de calidad para diferenciarse de la numerosísima competencia que existía en Alemania en ese momento. Poco después de empezar esta nueva estrategia, la empresa de Freudenberg ya ganaba galardones en exposiciones internacionales.

El siguiente paso trascendente se produjo en 1874, cuando Freudenberg se quedó las acciones de Heintze y pasó a ser accionista único. Para llevar a cabo este movimiento, una vez más apareció la figura del suegro, que le apoyó en el ámbito financiero. Ya con todo el control sobre el negocio, fue pionero en ofrecer prestaciones sociales a sus trabajadores, sobre todo a partir de la creación de un seguro de asistencia sanitaria que fue pionero. En 1887, cuando nuestro protagonista ya empezaba a jubilarse, tomó la decisión de incorporar al negocio a la segunda generación, a los que cedió dos tercios de la compañía. Durante esta transición, aprovechó para establecer por escrito los principios de la empresa, basados ​​en la humildad, la honestidad, raíces financieras sólidas y capacidad de adaptación al cambio. Los vínculos de confianza eran también un pilar, según su criterio. Los sucesores supieron mantener y ensanchar el negocio, incluso después de que Carl Johann Freudenberg desapareciera, en 1898.

Hoy, más de ciento veinticinco años después de la muerte del fundador, la multinacional Freudenberg es una empresa con 4.500 millones de asalariados, que factura a los 10 millones de euros. que son los miembros de la séptima generación familiar, unas 320 personas.

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