Bajo un volcán de Noruega están los minerales que Europa anhela, pero podrían quedar para siempre enterrados
Según nuevas estimaciones, el yacimiento de Fensfeltet es el más grande de Europa en tierras raras, pero el riesgo medioambiental y financiero está poniendo en peligro su explotación
La empresa minera Rare Earth Norway (REN) reveló el mes pasado que la presencia de metales de tierras raras en el yacimiento de Fensfeltet (situado al sur de Noruega) era un 80% mayor de lo que se había calculado hace dos años, superando los 15,9 millones de toneladas. Desde el pueblo minero de Ulefoss, el director de REN, Alf Reistad, que tiene los derechos de la explotación, explicaba que tenía muchos motivos para alegrarse: “Esto convierte el yacimiento en uno de los depósitos de tierras raras más grandes del mundo. Podría tener una gran importancia estratégica para Europa” decía.Las tierras raras se componen de 17 elementos metálicos que en realidad no son particularmente raros, pero que se utilizan para la fabricación de coches eléctricos, aerogeneradores, microchips y en la fabricación de armamento, entre muchas otras cosas. Se prevé que su demanda aumente de manera exponencial en las próximas décadas, por lo que desde la Unión Europea se ha fijado el objetivo de cubrir al menos un 10% de la demanda interna para el año 2030. Pero en la práctica este horizonte parece poco posible, ya que hoy la extracción y procesamiento de tierras raras por parte de los países europeos es cero.En este sentido, el reto para Europa es dejar de depender de China, que hasta ahora suministra el 98% de estos preciados minerales, una relación que se considera estratégicamente peligrosa para los intereses de la industria del Viejo Continente. Esta situación ha hecho que el yacimiento de Noruega sea clasificado “de importancia estratégica” por la Comisión Europea. Sin embargo, a pesar del descubrimiento, que se ha bautizado como “el nuevo petróleo”, la mina de Fensfeltet podría acabar sin llegar a explotarse nunca.Reducir la dependencia de China
En una llamada telefónica de ARA, Reistad admite ahora que está impaciente: “Es el momento de dejar de hablar tanto y actuar para que la extracción de tierras raras entre en funcionamiento”, dice. Según la empresa minera REN, el yacimiento de Noruega podría ayudar significativamente a reducir la dependencia con China, ya que “podría suministrar el 30% de la necesidad de la UE en tierras raras”, explicaba Reistad. La esperanza de la empresa era que la mina pudiera entrar en marcha a partir del año 2030, pero el miedo por el riesgo financiero de llevar a cabo la explotación y las objeciones medioambientales se están interponiendo: “A menos que las autoridades noruegas, la Comisión Europea y los estados miembros de la UE se movilicen, estos recursos, que son considerados materias primas críticas por Bruselas, podrían no llegar nunca a extraerse”, advertía Reistad.En el yacimiento de Fensfeltet los minerales se encuentran enterrados a 500 metros bajo un volcán que lleva 580 millones de años dormido. El plan de REN es construir una mina subterránea y transportar el mineral extraído a través de un túnel hasta una zona cercana, donde se separarán y se procesarán, mientras que la parte sobrante de tierra se devolverá a la mina para evitar que el suelo se hunda.Sin embargo, hasta ahora ha sido difícil para la empresa encontrar un emplazamiento donde establecer un depósito de residuos. La zona del viejo volcán es rica en fauna salvaje y viven en ella 78 especies protegidas de escarabajos, mariposas y líquenes. A principios de abril el gobierno noruego anunció que asumía la responsabilidad de planificar la construcción de la mina y de evaluar su impacto, pero los informes medioambientales han señalado que la explotación dañará de manera muy grave la vegetación y los animales.La empresa minera REN admite que existe un dilema, ya que, según Alf Reistad, “hay que plantearse si es prioritario permitir la destrucción del espacio natural para poder extraer los metales de tierras raras que Europa necesita tanto”. Reistad justificaba el desarrollo del yacimiento, por el hecho de que “al fin y al cabo, los metales de tierras raras se utilizarán para fabricar coches eléctricos y aerogeneradores que reducen el impacto de las emisiones de gases sobre el clima”, decía.Más allá de la cuestión medioambiental, también hay un reto económico importante. Para mantener su posición de monopolio sobre las tierras raras, China da apoyo financiero a su industria y puede reducir los precios de los minerales cuando le conviene para expulsar a la competencia, una práctica conocida como dumping, según afirma Reistad.Por otra parte, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, recientemente ha autorizado una inversión de 1.740 millones de euros destinada a dos empresas norteamericanas dedicadas a la extracción y el tratamiento de tierras raras, una inversión de dinero público muy significativa con el fin de disminuir su dependencia del control chino.Para que el yacimiento de Noruega sea rentable, Alf Reistad advierte que la Unión Europea debería conceder apoyo financiero que asegure unos precios mínimos fijos para la empresa encargada de la explotación, con el objetivo de eludir la competencia de China y los EE. UU. Reistad también defendía la creación de una empresa pública noruega que participase como copropietaria del proyecto, una propuesta que el gobierno de Oslo ha visto con buenos ojos, aunque aún no ha tomado ninguna decisión al respecto: “Para nosotros, se trata de que el estado participe asumiendo parte del riesgo financiero que implica un proyecto que no se rige por las normas normales del mercado porque el competidor es China”, expresaba Reistad.Como conclusión, Reistad subraya que el factor tiempo también es decisivo para hacer frente a la competencia y, por lo tanto, hay que iniciar el proyecto sin más demoras. A pesar de todo, admite con resignación: "En Europa, el tiempo de media para poner en marcha un proyecto de este tipo es de unos 20 años desde el descubrimiento de los minerales".