Corea del Sur y la vivienda: cuando el futuro también se construye

Cada dos años, en FemCAT organizamos un viaje de benchmarking internacional con un objetivo muy concreto: aprender buenas prácticas. No viajamos para copiar modelos, sino para entender cómo otros países afrontan los grandes retos de nuestro tiempo y extraer lecciones útiles para Cataluña. Este noviembre de 2025 hemos viajado a Corea del Sur, y una de las reflexiones más potentes del viaje tiene que ver con uno de nuestros principales cuellos de botella, la vivienda.

Corea del Sur es un país de cerca de 100.000 km² con 50 millones de habitantes. Cataluña, con 32.000 km², tiene poco más de 8 millones. Esto sitúa la densidad coreana en torno a los 500 habitantes por km², el doble que la catalana. Esta comparación es especialmente relevante si tenemos en cuenta que ambos territorios comparten una geografía similar, con una parte muy significativa del suelo formada por colinas y zonas montañosas no edificables. La diferencia, por tanto, no es tanto física como de decisión política y estratégica.

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Corea es un país que vive con una mirada permanente al futuro. El armisticio de 1953 no puso fin definitivamente a la guerra, y esta tensión latente ha impregnado su forma de hacer. De ahí nace la cultura del "pali-pali", hacer las cosas con rapidez y bien. Esta mentalidad se aplica también al urbanismo ya la vivienda con una planificación y ejecución ágil y una visión a largo plazo.

El país ha desplegado en todo el territorio una política decidida de generación de suelo edificable, con autorizaciones de altura habituales de 20 a 25 plantas, incluso fuera de las grandes áreas metropolitanas. Esto permite crear núcleos urbanos compactos, formados por conjuntos de 20 o 30 edificios, bien conectados entre sí y con buenas infraestructuras de transporte público. La altura no es una excepción, sino una herramienta al servicio del equilibrio territorial y del acceso a la vivienda.

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Otro elemento clave es la calidad de la construcción. En Corea hemos visto edificios de viviendas con diseños inteligentes, a menudo en forma de cruz, con un núcleo central de comunicación con mucha altura y una sola vivienda por cada ramal. Este modelo garantiza que todas las estancias tengan luz y ventilación natural. La vivienda en altura no es sinónimo de precariedad, sino de calidad, eficiencia y dignidad residencial.

Este modelo residencial está estrechamente vinculado a su modelo económico. Corea ha apostado decididamente por la industria, que hoy representa cerca del 38% de su PIB. En Cataluña la industria apenas alcanza el 18% en la mejor de las aproximaciones. Si realmente queremos avanzar hacia una Cataluña industrial, la que da prosperidad a largo plazo, con empleo cualificado y salarios más altos, debemos entender que esto requiere resolver el reto de la vivienda en el conjunto del territorio. La mayoría de industrias, polígonos industriales, centros productivos y hubs tecnológicos no están en el centro de las grandes ciudades, sino repartidos por el país. Sin vivienda accesible y de calidad cerca de estos nodos productivos, el modelo industrial es inviable.

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Esto exige, inevitablemente, buenas infraestructuras y buena conectividad ferroviaria, vial y digital: es la condición necesaria para que la vivienda distribuida territorialmente funcione. En Corea del Sur, vivienda, industria y movilidad forman parte de un mismo proyecto de país. No son políticas desconectadas, sino piezas de una misma estrategia.

El contexto demográfico también juega un papel, Corea del Sur tiene una inmigración muy baja, lo que reduce el riesgo de segregación urbana. En Cataluña esta realidad es bastante distinta y exige políticas más complejas, pero esto no puede ser una excusa para la inacción. Precisamente por ello, la planificación territorial, la calidad constructiva y la buena conectividad entre territorios resultan aún más determinantes.

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¿Qué lección podemos extraer? Que la vivienda no se resuelve con parches ni con medidas puntuales. Debemos considerar la posibilidad de activar suelo edificable en todo el país para así evitar la sobrevaloración del suelo urbanizable como un bien escaso en el que todo el mundo quiere sacar rendimiento. Y por qué no, permitir alturas en las que las infraestructuras lo hagan viable, invertir decididamente en movilidad y apostar por una construcción de calidad elevada. Sin vivienda asequible y disponible no existe cohesión social ni crecimiento económico sostenible.

Corea del Sur nos recuerda que los países que avanzan son los que comparten proyecto, planifican a largo plazo y actúan con determinación. También en vivienda. El futuro no espera y la vivienda es una de las decisiones estructurales que marcarán la Catalunya de las próximas décadas.