De toda la vida

¿Cómo demonios se pone una funda nórdica?

Del buey a la manta viste los hogares de Gràcia desde 1952

28/05/2026

De la cuna a la sepultura, además de ser una tienda de ropa de hogar desde 1952, es un centro neurálgico de Gràcia. Una especie de central de información y de guía turística. Entran tanto a preguntar dónde está el mercado, la oficina de correos o el frankfurt como a comprar un nuevo juego de sábanas, de toallas, cojines o paños de cocina. ¡Ah! Y a preguntar a ver cómo demonios nos lo hemos de hacer para colocar bien la funda nórdica. Se necesitan tres carreras y dos másteres para conseguirlo. Antes había cintas y botones, pero a la gente no les gustaba, prefieren complicarse la vida haciendo coincidir el extremo del nórdico con el de la funda.

El Rodri Font, el amo –tercera generación familiar– posee el don de la comunicación y de la empatía: “Es esencial para nosotros la atención al público, queremos que nos pongan un diez, atendemos como a nosotros nos gusta que nos atiendan”. La personalización, una clave importante de tantos comercios de barrio de toda la vida que precisamente subsisten gracias a esta característica de su personalidad.

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Acaba de entrar una clienta que compra una bata para su hija y desea personalizarla bordándole su nombre. Dicho y hecho, ponen en marcha la máquina que tienen al fondo de la tienda y en dos minutos está listo el bordado.

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El fundador del negocio fue el abuelo de Rodri. Y nos dice la fecha exacta, 22 de noviembre de 1952. Abrió dos tiendas a la vez, una en la plaza del Bonsuccés y otra en Gran de Gràcia, que es la que aún hoy resiste al pie del cañón. ¿Y el nombre? Todo el mundo se lo debe preguntar pero Rodrigo no se cansa nunca de explicar la historia. Fue una clienta que preguntó por la calidad de la manta en la que se había fijado y uno de los dependientes lo tuvo claro: “Señora, esto ha ido directo de la oveja a la manta”. Esto fue antes de que Rodrigo Font abuelo se pusiera por su cuenta –tenía con dos socios una tienda en Via Laietana–: "Si un día tengo una tienda propia le pondré De la oveja a la manta". Y así fue.

Pronto se hizo popular, relata Rodri, porque en la radio se emitían muchas cuñas donde se oían los cencerros de las ovejas y esta fue una idea genial para popularizar el negocio. Robert, segunda generación y padre de Rodri, continuó con el negocio y cuando se jubiló, hace unos veinte años, Rodri tomó el relevo. Hoy son él y Jordi, que hace más de veinticinco años que trabaja en la casa, quienes comandan el barco.

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Disfrutan de buena salud y clientela habitual y también ocasional. Priorizan el tú a tú, la venta en tienda. “No tenemos página web porque vender online es otro negocio y a los pequeños empresarios no nos lo ponen precisamente fácil a la hora de contratar personal”. Los tres hijos de Rodri no continuarán con el negocio, pero él aún tiene cuerda para rato: “No sale a cuenta para un pequeño empresario tener trabajadores”, insiste. “Si quieres estar bien servido, hazte tú mismo la cama”, espeta. Y nunca mejor dicho en su caso.

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Tener negocio propio es muy sacrificado, exigente y esclavo: “Aquí trabajamos de lunes a sábado”. Los productos estrella pertenecen al campo semántico de la ropa de cama y las toallas. Pero también venden alfombras, manteles y cojines de todo tipo. Si queréis una manta de toda la vida, de lana claro, allí la podéis encontrar. Y no es fácil encontrarla, ¿eh? Quedan pocos fabricantes que se dediquen a ello. Se ve que ahora a la gente le vuelve a gustar taparse con manta de toda la vida porque están hartos del nórdico y su maldita funda. Y Rodri lo tiene muy claro: “La cama queda mucho mejor hecha con manta y colcha que no con nórdico”. O con el edredón, que no se puede desenfundar y que, por lo tanto, para lavarlo se tiene que llevar a la tintorería.

De alfombras no se venden muchas. Antes era una pieza decorativa de invierno para calentar los pies, para poner debajo del sofá o debajo de la mesa del salón. ¿Y sabéis por qué se compran ahora? Pues sobre todo para que los niños jueguen o gateen en el suelo o para tapar una mancha.

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De toallas siempre se necesitan y cada día se venden muchas. También cojines de noche, que la gente los renueva a menudo. Y en Navidad, mantas de viaje y de sofá. Muchísima gente va a Del be a la manta desesperada porque no están satisfechos con la compra que han hecho por internet –a ciegas, sin comprobar medidas, colores ni texturas– y necesitan atención personal para salir del apuro.