El enigma de los resultados trimestrales: ¿por qué el mercado es impredecible?
Cada tres meses, las empresas que cotizan en bolsa deben rendir cuentas ante el mercado. Estas presentaciones trimestrales revelan su salud financiera: niveles de liquidez, deuda, beneficios y crecimiento. Es, sin duda, el momento de máxima incertidumbre para los inversores, ya que todo el mundo se pregunta hacia dónde se moverá el precio de la acción.
El valor de una acción se mueve por expectativas futuras. Antes de su publicación, los analistas ya han dibujado sus previsiones sobre el beneficio por acción (BPA), el aumento de las ventas o la captación de usuarios. La lógica nos dice que si la empresa supera estas previsiones, la acción debería subir, y viceversa. Sin embargo, la realidad bursátil es mucho más compleja: a menudo es imposible predecir la reacción del mercado el mismo día de los resultados.
Aquí entra en juego el clásico concepto de "compra con el rumor y vende con la noticia". Cuando los inversores anticipan buenos resultados, compran la acción semanas antes; una vez confirmada la noticia, aprovechan para recoger beneficios, provocando una caída inesperada del precio. Incluso se suele castigar más una acción estrella con buenos resultados, que a una empresa mediocre de la que ya se espera resultados justos. Además, lo que se dice en la presentación es vital. Por muy positivos que sean los números pasados, si la empresa anuncia un freno en el crecimiento futuro (el conocido como guidance), el mercado castigará la acción. Al final, en la bolsa siempre le importa más el mañana que el ayer.
La temporada de resultados está a punto de empezar y el mercado se prepara para una nueva ola de volatilidad. Ante este escenario, pensar siempre que a largo plazo el valor de la acción acabará reflejando la capacidad de la empresa para generar beneficios de forma sostenida.