De Freixenet a Puig: ¿Qué está pasando en las grandes empresas catalanas?
BarcelonaCodorniu (de la familia Raventós desde el siglo XVI al fondo Carlyle), Freixenet (de los Ferrer a la alemana Henkell), Pastas Gallo (de los Espona a Proa Capital), Cirsa (de Manuel Lao a Blackstone)... Y, ahora, además de Ercros –que pasa a estar controlada por el grupo industrial portugués Bondalti después de una opa–, Puig Brands, un grupo catalán con más de 112 años de vida convertido en multinacional, ha admitido esta semana que está en conversaciones con la estadounidense The Estée Lauder Companies, que es tres veces más grande. Si prospera la negociación, los Puig, con unas acciones que aún no han recuperado los 24,50 euros con los que se estrenaron el 3 de mayo de 2024, harán caja y se podrán dedicar a otras inversiones. Hay muchos precedentes. El proceso de pérdida de compañías autóctonas viene de lejos, como cuando la familia Bernat vendió Chupa Chups a la italianoholandesa Perfetti Van Melle en 2006. Hoy, incluso en un sector como el del cava, las dos grandes, Codorniu y Freixenet tienen propietarios extranjeros.
La preocupación por esta tendencia no tiene que ver ni con el romanticismo ni con el nacionalismo empresarial. Es necesario tener los centros de decisión de las empresas porque, si no, se pasa a ser uno más y se es más susceptible a deslocalizaciones o cierres. Las empresas familiares son presas más fáciles de posibles compradores, ya que continúan afrontando cuestiones como la sucesión, que se complica a medida que avanzan las generaciones. En una sesión en la Universitat Pompeu Fabra-Barcelona School of Management (UPF-BSM) en la que se presentó un estudio sobre empresas familiares se concluyó que, de hecho, es más fácil crear la compañía que mantenerla viva y exitosa. El riesgo se dispara en la tercera generación, la de los nietos del fundador. Hay un dicho que afirma: "Padre bodeguero, hijo caballero, nieto mendigo". Por suerte, no siempre se cumple.
Aún quedan grupos fieles a sus orígenes. Los hay del Ibex-35, como Grifols y Fluidra. Otros del mercado continuo, como Almirall, Miquel y Costas y Reig Jofre. Y otros que se marcharon en 2017 en pleno Procés y que han retornado su sede social, como la cementera Molins, el Banco Sabadell y Criteria, el brazo inversor de La Caixa.
Y una novedad: Eloi Planes, presidente de Fluidra –multinacional de las piscinas con sede en Sabadell que absorbió una empresa estadounidense, Zodiac, y que continúa en manos de cuatro familias (Garrigós, Planes, Serra y Corbera)– será el próximo presidente del Instituto de la Empresa Familiar (IEF). Este lobby, fundado en 1992 con el impulso del empresario Leopold Rodés, recupera el acento catalán. ¿Motivos para la esperanza?