La familia fundadora de Freixenet vende a Henkell su participación en la cavista
La multinacional alemana, que controlaba la mayoría del capital, obtiene así el 100% de la bodega del Penedès
BarcelonaLa familia fundadora y el hasta ahora presidente de honor de la cavista Freixenet, José Luis Bonet, han acordado vender la participación que todavía tenían de la compañía en el grupo alemán Henkell, que controlará así la totalidad del capital, según ha informado este martes la propia Freixenet en un comunicado.
"Después de ocho años de estrecha cooperación, la familia Ferrer y José Luis Bonet han vendido las restantes acciones de Freixenet de mutuo acuerdo a Henkell Freixenet, que se convierte así en el único propietario de Freixenet con fecha 2 de marzo de 2026", indica el comunicado. El precio de la operación no se ha dado a conocer.
En 2018 Henkell entró en el accionariado de la cavista con sede en Sant Sadurní d'Anoia (Alt Penedès) con el 50,7% de los títulos, que compró en las diversas ramas de la familia Ferrer, descendientes de los fundadores de la bodega, por unos 220 millones de euros. Desde entonces la empresa ha sido dirigida por Andreas Brokemper como coconsejero delegado junto a Pere Ferrer, que ahora pasará a ser presidente de honor de la empresa, un cargo que ostentaba Bonet, con el que son primos hermanos.
"La venta de nuestras acciones marca un momento emotivo para nosotros. Como dos empresas familiares que comparten los mismos valores, encontramos en Henkell Freixenet un socio de confianza que preservará nuestro legado mientras lleva a la empresa hacia el futuro", asegura Ferrer en el comunicado. El empresario seguirá vinculado al sector vitivinícola a través de su empresa personal, Ferrer Wines.
Por su parte, Brokemper continuará al frente de Freixenet, que pasa así a ser un sello controlado al 100% por Henkell, que a su vez es la filial vinícola de la multinacional alimentaria Geschwister Oetker, con sede en la ciudad germánica de Bielefeld. "Valoramos enormemente la confianza que las familias Ferrer y Bonet han depositado en nosotros. Es un honor asumir Freixenet y toda la responsabilidad de desarrollar con éxito la empresa hacia el futuro", ha declarado el directivo alemán.
La entrada de Henkell, punto de inflexión
La entrada en el accionariado fue un punto de inflexión en la trayectoria de Freixenet, que desde su fundación había sido controlada únicamente por las distintas generaciones de la familia fundadora. La compañía se hizo mayor a partir de los años 70 del siglo XX, cuando estuvo liderada por Josep Ferrer Sala, traspasado en 2024. Josep Ferrer Sala hizo crecer la bodega familiar hasta convertirse en el primer productor de espumosos de España y uno de los mayores de Europa, además de ser uno de los impulsores de la denominación de origen cava. Durante los años que estuvo al frente del grupo, Freixenet pasó a ser una marca reconocida en todas partes, en parte también gracias a las campañas publicitarias navideñas, impulsando su expansión internacional con compras de bodegas en otros países.
Ferrer Sala se retiró en 1999 y pasó el relevo a la siguiente generación: la presidencia recayó en su sobrino, José Luis Bonet, y el cargo de consejero delegado en su hijo, Pere Ferrer. Pese a la jubilación, se mantuvo vinculado a la compañía y jugó un papel decisivo en las negociaciones con Henkell de 2018. Durante el Proceso, Bonet, que preside la Cámara de Comercio de España desde 2014, acaparó titulares por sus críticas a los partidos independentistas, aunque con la celebración del referéndum Freixenet mantuvo su sede social en Cataluña.
En los años siguientes a la retirada de Ferrer Sala, las tensiones entre varias ramas de la familia fueron creciendo, aunque se acabaron resolviendo con la venta de las participaciones en la compañía alemana. Dos años después de la muerte de Ferrer Sala, sus descendientes han terminado desprendiéndose del capital que todavía estaba en manos de la familia.
"Hemos compartido una profunda comprensión de la tradición, la calidad y la continuidad. En los últimos ocho años, nuestra relación, basada en la confianza y la colaboración, ha evolucionado hasta convertirse en un equipo unificado con una visión compartida comprometida en desarrollar la marca Freixenet y la empresa hacia los fundadores de Hepero entre los futuros sostenibles", ha asegurado Brokem. "La adquisición por parte de Henkell Freixenet no sólo dará continuidad a Freixenet, una empresa reconocida por su tradición, sino que también ayudará a mantener su excelencia y acelerar su expansión como una gran marca internacional", aseguró, por su parte, Bonet.
Sin embargo, la gestión de Henkell no ha estado exenta de tensiones: en la primavera del año pasado la plantilla del grupo se declaró en huelga por el anuncio de un expediente de regulación de empleo (ERE) presentado por la dirección de Freixenet que preveía el despido de 180 empleados, un 24%. Después de unos días de negociaciones, los sindicatos y la compañía acordaron rebajar hasta 154 las salidas, que serían prejubilaciones y bajas voluntarias.
El principal argumento para la presentación del ERE era el impacto de la sequía sobre la producción de uva, pero al mismo tiempo los representantes de los trabajadores señalaron que existía un cambio en el modelo productivo de la empresa, que pasó a elaborar con uva de Castilla-La Mancha un nuevo espumoso para que mantenga la Carta unos estándares de calidad y producción más rigurosos. Anteriormente, Henkell ya había trasladado a Alemania la producción de otros vinos.