Cuando Hacienda se adelanta a los beneficios

A veces, los políticos nos sorprenden, y no sólo en nuestro país. La noticia financiera de la semana llega de Países Bajos: los rendimientos del capital –como las ganancias bursátiles– se gravarán con un impuesto del 36% aunque no se hayan materializado mediante el cierre de la posición. Esta medida supone un cambio profundo respecto al sistema tradicional, según el cual sólo se tributa cuando se venden los activos. Incluso en España, por ejemplo, las pérdidas pueden compensarse con beneficios futuros durante un período de cinco años. La aplicación de este nuevo modelo puede generar importantes desviaciones en la gestión financiera y en el comportamiento de los inversores.

En primer lugar, una de las principales ventajas de los fondos de inversión es la acumulación del interés compuesto a lo largo del tiempo, junto con el diferimiento fiscal hasta el momento en que se decide rescatar la inversión. Con esta medida, ese beneficio esencial desaparece o se reduce significativamente.

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En segundo lugar, aparece el problema de la liquidez. Podemos encontrarnos con una cartera que se ha revalorizado notablemente y, sin embargo, tener que pagar impuestos sin disponer de la liquidez necesaria. Esta situación puede parecer excepcional, pero no es del todo nueva: casos similares se dan, por ejemplo, con el IVA de los autónomos, que deben avanzar impuestos sobre ingresos que todavía no han cobrado.

Esta medida puede alterar el comportamiento de los inversores, favoreciendo estrategias más conservadoras y horizontes de inversión más cortos, ya que mantener posiciones a largo plazo pierde eficiencia fiscal. Asimismo, puede incentivar la búsqueda de alternativas en otros países o la fuga de capital de los inversores holandeses. Llevado al extremo, se pueden pagar impuestos el 31 de diciembre y que se hunda la cartera la semana siguiente: ¿entonces quién te hace recuperar el dinero? A lo sumo, te dirán, podrás compensarlo.